Aplausos en público, crí­ticas en privado: por qué la sintoní­a empresaria con Macri no trae inversiones

Aunque se cuidan de no aparecer en una postura de enfrentamiento abierto, cada vez son más los empresarios que deslizan cuestionamientos a la política económica y al estilo de gestión macrista. Algunos se quejan de ser "chivos expiatorios" por la inflación. Otros reclaman pragmatismo en las finanzas
Por Claudio Zlotnik
05/05/2016 - 08,52hs
Aplausos en público, crí­ticas en privado: por qué la sintoní­a empresaria con Macri no trae inversiones

El funcionario menciona la anécdota con una amargura indisimulable: "Cuando allá por el 2004, 2005 y 2006 yo iba a los cocktails y me cruzaba con banqueros y empresarios, las quejas eran mayoritarias".

"Todos coincidían en que el crecimiento económico de aquel momento era pasajero.  Que dependía de un viento de cola y que, en cualquier momento, el ciclo se iba a terminar. Pero, después de los cocktails, los ejecutivos decidían inversiones y tomaban personal", continuó diciendo.

"Ahora es al revés. En los encuentros, a los banqueros y empresarios se los nota contentos. Pero nadie hace inversiones, En el mejor de los casos, mantienen al personal ya contratado", completó.

La confesión del funcionario, en diálogo con iProfesional, encierra una paradoja que describe la realidad económica y política actual del país: la indisimulable satisfacción de los ejecutivos de negocios por el triunfo de Mauricio Macri convive con un momento complicado, repleto de dudas e incertidumbre.

Por lo pronto, los empresarios no se muestran tan optimistas como Macri. En las reuniones semanales que se arman en las cámaras sectoriales, muchos de ellos empezaron a descontar que el ciclo recesivo se va a extender en lo que queda del año.

Afirman, off the récord, que no está para nada claro que habrá un repunte antes del cambio de calendario.

Es una sensación que marca un claro contraste con el entusiasmo con el que los funcionarios macristas hablan del segundo semestre, al que ven como el momento en que se producirá el ansiado punto de inflexión a partir del cual la inflación descenderá, el consumo crecerá y la economía recuperará su camino ascendente.

Aplausos en voz alta, críticas en susurrosLo cierto es que en los últimos días se palpó con claridad la actitud dual de los empresarios frente al Gobierno.

En esos cónclaves a puertas cerradas, los ejecutivos no ahorran aplausos a la conducción financiera del macrismo. Alfonso Prat Gay sólo recibe elogios por el levantamiento del cepo y el fin del default.

En contraste, al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, lo ven como muy atado a los mandatos de la ortodoxia monetaria. Es lógico: los hombres de empresas se anotan entre los más perjudicados por la estrategia de tasas altas para lograr un descenso de la inflación.

"Nos reclaman más inversiones pero con estas tasas se hace imposible", se queja, en diálogo con iProfesional, el directivo de una cámara empresaria ligada al consumo masivo.

No son los únicos que se muestran disconformes. En un reciente encuentro con el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y con el de Producción, Francisco Cabrera, los ejecutivos del sector ferroviario dejaron visible su insatisfacción por el escaso nivel técnico de la convocatoria.

Después del acto, varios de ellos organizaron un encuentro secreto para evaluar cómo proceder ante la falta de definiciones concretas sobre el funcionamiento diario de los trenes. "Pareció una estudiantina. En lugar de darnos respuestas, ambos ministros hacían bromas sobre el supuesto romance de Cabrera con Juanita Viale", comentó uno de los indignados.

La anécdota sería una más si no fuera porque la insatisfacción gravita en el ánimo de buena parte del sector empresarial, uno de los pilares en el que Macri se apoya para sacar adelante la economía.

"A veces nos da la sensación de que el Gobierno no termina de comprender el origen de la inflación; que no debería explicarse exclusivamente como un efecto monetario", señaló el directivo de una cadena de supermercados.

Justamente, los ejecutivos de negocios que más dependen del mercado interno son los que se muestran más quejosos por la coyuntura.

El director de una de las principales fabricantes de productos alimenticios contó un dato que podría ser de "color" si no fuera porque le trae reminiscencias de lo peor de la era kirchnerista."Ya recibí varios llamados de parte de la secretaría de Comercio. Tienen otros modales. Pero las instrucciones son las mismas que antes. Se creen que la inflación bajará porque levantan un teléfono", aseguró.

Los importadores no se quedan atrás en el ranking de disconformes. Si bien se registra un incremento en el ingreso de productos del exterior, todavía hay sectores que se quejan de que persisten las trabas burocráticas. En especial, las de indumentaria y de textiles en general. Incluso de hilados.

Como prueba de los difícil que le resulta al Gobierno conformar a todas las partes, también se están escuchando cada vez más fuerte las voces de quienes tienen el reclamo opuesto. Afirman que la política de mayor apertura comercial está perjudicando bastante a la industria nacional.

Los productores de autopartes, artículos del hogar, textiles y artículos electrónicos -alineados con las organizaciones gremiales- son los que se sienten marginados de las políticas industriales del macrismo.

Desde la cámara de línea blanca, un importante directivo, que pidió off the record aseguró: "Tuvimos una reunión con Cabrera en la que le planteamos nuestro gran temor por la suba de las importaciones. Pero fue muy light, no quedamos para nada satisfechos con la respuesta que nos dieron. "No sentimos que nos hayan dado un respaldo para seguir invirtiendo y produciendo", enfatizó.

Reclamo de pragmatismoUna de las últimas cumbres de la Unión Industrial Argentina (UIA) fue la caja de resonancia de lo que está sucediendo con la economía: por un lado, aquellos que tienen una gran confianza en el gobierno macrista. Por el otro, quienes esperan más acción del Gobierno.

Para el segundo grupo, el riesgo que corre el equipo de Prat Gay es poner una expectativa desmedida en que las cosas mejorarán de por sí por el solo hecho de haber logrado el arreglo con los "fondos buitre".

Creen que, sin medidas adicionales, por más que haya cambiado el humor del mercado esto no será suficiente como para que los empresarios "pongan primera y arranquen", tal como reclama Macri. "No podemos seguir con una tasa del 38% anual. Hay que tener más audacia, ser más pragmáticos", despotricó uno de los dirigentes de la UIA, en dialogo con iProfesional.

En este último grupo se aglutinan los empresarios más castigados por los últimos incrementos en las tarifas. La queja incluye también los constantes incrementos en el precio de los combustibles, que encarece la logística de las compañías.

En este sentido, las compañías de autotransporte de cargas nucleadas en Fadeac ya hicieron saber que sus costos subirán hasta un 30% en el primer semestre del año.

Los dueños de las principales cadenas de electrodomésticos son otros de los que se muestran inquietos. Con menores ventas por la caída del consumo, negocian con el Palacio de Hacienda medidas para alentar la facturación.

Concretamente, buscan la posibilidad de abaratar el financiamiento vía una rebaja de las comisiones que cobran las administradoras de tarjetas de créditos y los bancos.

También existe un principio de acuerdo para habilitar las importaciones de productos que estuvieron vedados durante el gobierno de Cristina Kirchner. En particular, los de la marca Apple.

El Gobierno ya les prometió a esos comercios que podrán traerlos, pero se negó a rebajar las alícuotas de los impuestos internos, ahora en torno al 20%. 

Eso implica que un iPhone costará en Buenos Aires un 80% más, en promedio, que en Miami. "La gran diferencia es que acá el consumidor podrá abonarlo en doce cuotas", remarcó el gerente de una tienda que apuesta a que el atractivo de Apple lo ayude a recomponer sus ventas.

Frío como el inviernoDistintas fuentes coincidieron en señalar que el vínculo entre el Presidente y las principales cámaras empresarias atraviesa un momento gélido.

Los menos tremendistas aseguran que, al menos, es peor de lo que imaginaban. Cuando se disipa el malhumor y el análisis se centra en los datos duros, los empresarios argumentan que el ciclo económico aún no les brinda certezas. Y que, por eso mismo, prefieren esperar antes que "hundir" dinero en inversiones.

"Sin inversión no hay transformación", los zamarreó el presidente Macri durante su discurso en la Cena Anual de CIPPEC.

Esa noche de comienzos de abril, el jefe de Estado fue más a fondo en su crítica: "Necesitamos de su creatividad y espíritu emprendedor, que piensen en el mediano y largo plazo, que inviertan. Y no de aquellos que ante el primer síntoma de libertad aprovecharon para remarcar precios de una manera descarada".

"Esa no es la Argentina que necesitamos y el país necesita de sus empresarios", les espetó. Una semana más tarde, ya en Olivos, y cuando tuvo frente a sí a los 100 principales ejecutivos del país, Macri no se replegó.

"No puedo parar de atender a la cantidad de gente que viene del mundo, pero necesito que ustedes sean otro motor adicional que haga que esta esperanza se transforme lo antes posible en una realidad", aseguró el jefe de Estado.

"Estamos acá con todo el equipo para colaborar. Nosotros somos los responsables de cortar el pasto, poner los arcos, marcar las rayas y ayudar a que los argentinos metan muchos goles y ustedes tienen que meter muchos goles", les dijo desde el atril. 

Les transmitió además su visión sobre que hay que pensar el país a 30, 40, 50 años.

Lo escucharon, entre otros, Gabriel Martino (HSBC), Eduardo Elsztain (IRSA), Cristiano Rattazzi (Fiat), Paolo Rocca (Techint), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Marcelo Mindlin (Pampa Energía) y Luis Miguel Etchevehere (Rural).

Ya con el famoso horizonte del segundo semestre a la vista, el Gobierno está jugado a que el escenario cambiará y las buenas noticias empezarán a llegar. Y que los ajustes aplicados serán la base de apoyo para el despegue.

El último gesto hacia los empresarios fue el respaldo total ante la amenaza de una ley "anti-despidos".

Ahora, Macri pretende que sus ex colegas confirmen en los hechos que siguen jugando para el mismo equipo.

Concretamente, que traduzcan las promesas y los aplausos en inversiones contantes y sonantes. Por lo visto hasta ahora, su capacidad de persuasión no está resultando suficiente.

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