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Rápido de reflejos y con Dilma fuera del ring, Macri ya relanzó la relación bilateral con Brasil
Junto con Dilma se fueron 31 ministros, además de asesores y técnicos. Pese a que todavía es provisorio, en el país vecino se respira un cambio de ciclo. El Gobierno argentino está empezando a mover sus primeras fichas para capitalizar este nuevo escenario. ¿Será Temer mejor que Dilma para el país? 
Por Ana Clara Pérez Cotten - Juan Diego Wasilevsky
13.05.2016 08.36hs Comex

Tiempo récord. Apenas veinte minutos demoró el Gobierno argentino en reconocer la legitimidad de las nuevas autoridades que asumieron el poder en Brasil, tras una votación en el Parlamento de ese país que derivó en la suspensión de Dilma Rousseff y que, además, podría significar el fin de su carrera política

Con palabras muy medidas y un estudiado registro diplomático, la administración macrista dejó en claro que respaldaba el proceso judicial, en tanto y en cuanto el mismo se mantuviera dentro de los canales democráticos. 

Cada letra y línea del comunicado emitido por Cancillería estaba estudiado al mínimo detalle. Es que el Gobierno argentino actualmente camina por una delgada línea roja: sabe que es un riesgo dar un apoyo demasiado explícito al presidente interino, Michel Temer, cuando matemática y jurídicamente todavía hay chances -aunque pocas- de que Dilma retorne. 

Sin embargo, al leer entrelíneas, la posición de la Casa Rosada es contundente respecto de la coyuntura brasileña. 

Lejos de denunciar un “golpe blando” o de cuestionar la forma en la que Rousseff fue obligada a dejar el poder, el Gobierno de Macri dejó en claro que se trata de un hecho de política interna encausado, por ahora, en un proceso democrático

En un escueto pero claro comunicado emitido por Cancillería se resaltó que la Argentina "respeta el proceso institucional que se está desarrollando y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña". 

La velocidad con la que se hizo pública la postura oficial y la evidente falta de apoyo hacia Rousseff marcan un gran contraste con la reacción que tuvo el Gobierno de Cristina Kirchner tras el anterior “desalojo” que sufriera un presidente latinoamericano. 

Ocurrió hace casi cuatro años, luego de que el entonces mandatario de Paraguay, Fernando Lugo, fuese destituido tras un juicio político. En ese momento, la ex jefa de Estado tuvo una posición aguerrida, a punto tal que denunció que no iba a "convalidar un golpe de Estado" 

No sólo eso: Cristina, junto con su par Rousseff, acordaron marginar a Paraguay del Mercosur y transferir la presidencia pro témpore del bloque a Brasil

Hoy, la situación está muy lejos de la que imperaba en aquel entonces.

Más allá de la “grietaideológica entre macrismo y kirchnerismo, la principal diferencia se da en el plano económico.

Con una soja que hoy vale 40% menos que en 2012, la necesidad de reactivar la producción y sostener el empleo, la Argentina no puede darse el lujo de prescindir de su socio brasileño, que viene reduciendo drásticamente las compras de bienes industriales con sello nacional. 

Además, en el Gobierno consideran que el momento político para estrechar lazos con la nueva administración es ahora. 

Los 180 días durante los cuales Temer estará al frente del Ejecutivo, hasta que se defina la situación de Dilma, prácticamente coinciden con el período en el que el macrismo espera recuperar impulso, vía aumento del consumo, baja de la inflación y concreción de proyectos de inversión

Empezando a mover fichas

Si bien la semana pasada Lula da Silva envió emisarios a Buenos Aires para convencer a Macri de que manifestara alguna señal de apoyo a Rousseff, el Presidente confió en la estrategia de la canciller Susana Malcorra y evitó pronunciarse

Pese a que desde el oficialismo aseguran que no manejan la política exterior mediante “vendettas”, en la Casa Rosada no olvidan que Lula le dio su apoyo explícito al entonces candidato por el FpV, Daniel Scioli, durante la última campaña presidencial. 

En el Palacio San Martín creen que la decisión tomada, de dar un apoyo medido -pero apoyo al fin- a Temer es el camino correcto para preservar y reactivar la relación comercial con Brasil. 

De hecho, el embajador argentino en el país vecino, Carlos Magariños, ya fue instruido para que comience a mostrar un alto perfil.

El objetivo de cortísimo plazo es aceitar lo contactos con las nuevas autoridades y comenzar a allanar el camino para una posible visita de Macri a Brasilia, a más tardar en junio próximo, según pudo saber iProfesional. 

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, no ocultó su preocupación por la recesión que atraviesa el mayor socio comercial y hasta se mostró algo ansioso por tomar contacto con Temer y su equipo.  

“Vamos ahora a esperar que las nuevas autoridades, por lo menos en estos 180 días, constituyan su gobierno y, a partir de allí, seguir trabajando como corresponde entre dos países hermanos", aseguró el funcionario. 

Incluso, el blooper de Temer hablando con una radio porteña, creyendo que su interlocutor era el propio Presidente argentino y aceptando realizar una futura visita a Buenos Aires, dejó una señal clara y contundente: las nuevas autoridades de Brasil hoy tienen un mejor feeling con la Argentina que el que imperaba durante la administración de Dilma

En diálogo con iProfesional, el consultor Gustavo Segré afirmó que “al Gobierno de Macri, sin lugar a dudas le conviene este escenario que se abre con Temer en el poder”. 

El nuevo mandatario brasileño –bajo su óptica-, posee un perfil más liberal que Dilma y, por ende, más emparentado con el estilo de gestión del macrismo. 

“Temer tiene otra cintura. Creo que Rousseff y Macri se hubiesen soportado, pero la relación estaba completamente estancada. No había voluntad de negociar ni de acordar nada. Ahora, por lo menos, hay un cambio de expectativas y esto nos permite ser optimistas en cuanto a la relación bilateral, especialmente en el impulso que esto le puede dar al comercio”, apuntó Segré. 

Marcelo Elizondo, experto en negociaciones internacionales, afirmó que “el escenario que menos le conviene a la Argentina es el de la imprevisibilidad. Y Dilma, políticamente, era impredecible. Era como un plazo fijo que estaba por caer pero nadie sabía cuándo. Y eso llevó a una situación de parálisis para la economía brasileña que terminó castigando a nuestras exportaciones”. 

Elizondo recordó que el PBI del país vecino se derrumbó 3,8% en 2015 y se encamina a sufrir otro desplome de casi 4% este año.

“Esto es insostenible para Brasil y para las empresas argentinas que dependen de ese flujo de comercio. Por eso, sin esperar un boom, es bueno al menos contar con un presidente con futuro frente a una Dilma que hacía tiempo no lo tenía”, agregó. 

Una alianza que se repite

Si bien en una primera instancia son 180 días, hay que hablar de un verdadero cambio de gobierno

Primero, porque antes de ser suspendida, Dilma firmó un decreto y exoneró a sus 31 ministros, junto con decenas de asesores y secretarios. Es decir, habrá un recambio masivo de figuras. 

Esto abrió el juego a la alianza entre el PMDB -partido al que pertenece Temer- y el PSDB, la fuerza que había disputado la última elección presidencial –en la que triunfó Rousseff- y que postulaba como candidato a Aécio Neves. 

“Hay un acuerdo entre ambas fuerzas para garantizar la gobernabilidad. De hecho, el PSDB fue el que impulsó el proceso de impeachment y el PMDB, que en noviembre abandonó la base aliada del PT, acompañó el pedido para ponerle fin a la presidencia de Dilma”, afirmó Segré. 

Por cierto, esta coalición no es nueva: tiene un precedente a comienzos de los años ´90, cuando el entonces presidente de Brasil por el PMDB, Itamar Franco, convocó como ministro de Economía a Fernando Henrique Cardoso (PSDB), quien puso en funcionamiento el Plan Real. 

Dicho plan “tuvo tanto éxito que luego Cardoso se convirtió en jefe de Estado de Brasil”, rememoró Segré. 

Ahora, Temer acordó no ir por la presidencia en una futura elección y le dio el Ministerio de Relaciones Exteriores –una cartera de enorme peso- a una figura rutilante del PSDB: José Serra, que hasta ayer se desempeñaba como senador por San Pablo. 

Con 74 años encima, Serra es un viejo lobo de la política: no sólo fue uno de los fundadores de su actual partido, en 1988, sino que también se desempeñó como ministro de Planeamiento y de Salud durante el gobierno de Cardoso. 

Además, es un viejo rival de Lula, con quien perdió la pulseada por la presidencia en el año 2002

Serra, por cierto, no llega como una figura decorativa: entre sus funciones tiene la estratégica tarea de recolectar el apoyo de los principales aliados comerciales de Brasil para darle más legitimidad –de afuera hacia adentro- al gobierno de Temer. 

Por eso, la pata diplomática en estos 180 días pasará a ser muy gravitante, a contramano de la marcada quietud que mostró durante el último período la administración de Dilma. 

Lo interesante, según marca Segré, es que en el plano de la política exterior se abre un nuevo capítulo en el que por fin confluirán los intereses de Brasil y de la Argentina.

Serra siempre fue un defensor de dar marcha atrás con el Mercosur, bloque al que considera un lastre, y avanzar con la firma de acuerdos con distintas potencias

“Esta postura era vista desde la Argentina como una amenaza. ¿Pero desde el punto de vista de quién? Del kirchnerismo", afirmó Segré. 

"Era otra la realidad del país: había cepo cambiario, la industria tenía que ser fuertemente protegida por el atraso del dólar y Guillermo Moreno aplicaba un férreo control sobre las importaciones”, recordó Segré, quien agregó que "esto cambió: la postura más aperturista que pregona Serra está en sintonía con lo que pregona Macri”, completó. 

Además, debido a la reversión del ciclo de precios altos de las commodities y a la crisis de empleo y consumo que padece Brasil, “hoy ellos también necesitan de la Argentina. Así que hay terreno para que en estos 180 días se construya un buen canal de comunicación”. 

El principal riesgo para el GobiernoElizondo remarcó que el principal problema que puede enfrentar la Argentina hoy es el de la inacción por parte del nuevo gobierno brasileño. Es decir, que la expectativa quede en la nada y no se lleven a cabo las reformas necesarias. 

“Nuestro mayor socio atraviesa una triple crisis: política, económica y social. Si no hay cambios urgentes, nuestras exportaciones no van a mejorar. Es necesario contar con un vecino que tenga una nueva agenda y que revierta la recesión", afirmó. 

Según un relevamiento de la consultora DNI, Brasil no ha parado de perder share como destino de las ventas al mundo de productos argentinos: 

En 2013, ese mercado representaba el 21%. 

En 2015 la participación cayó al 17%. 

En lo que va de este año bajó aun más, a un nivel menor al 15%. 

Esto claramente contribuyó a un menor nivel de actividad para el entramado fabril argentino, agudizando así el problema del empleo. 

Por lo pronto, Temer -que se paró frente al micrófono con postura de Presidente-, no evitó hablar de los problemas que atraviesa Brasil e, incluso, hizo referencia varias veces a la necesidad de implementar una agenda para el crecimiento.  

Trazó como objetivos “reconstruir los fundamentos de la economía brasileña” y reinstalar un “buen clima de negocios para que las empresas vuelvan a invertir y a generar empleos”. Justamente, lo que le reclamaban a Dilma. 

Además, afirmó que en breve comenzarán a trabajar en pos de bajar la inflación y en atacar una de sus principales causantes: el enorme déficit público. 

Para Dante Sica, director de la consultora Abeceb, “en la medida en que Temer logre cambiar las expectativas y comience a corregir los desequilibrios fiscales y monetarios, eso dará la señal de que Brasil deja de caer”. 

“Para la Argentina, que también está en un proceso de rebalanceo, será importante por todo lo que implica, para la industria local, un mercado brasileño recuperándose , concluyó. 

Para este semestre no hay margen para que se dé un boom de exportaciones. Pero sí hay expectativas en el sentido de que una buena gestión del nuevo gobierno podría llevar a reducir el desplome del PBI del 4% al 2%. 

Ese cambio, por pequeño que parezca, puede marcar un impacto positivo sustancial para el macrismo: implicaría para la Argentina no perder exportaciones por más de u$s3.000 millones y anotarse casi medio punto de crecimiento extra. 

"Temer no va a ser el salvador, pero que es mejor que Dilma, de eso no hay dudas", concluyó Segré. 

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