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Macri y una pelea de fondo: persuadir de que no hay crisis de desempleo a una opinión pública asustada

Macri y una pelea de fondo: persuadir de que no hay crisis de desempleo a una opinión pública asustada
El temor de los funcionarios es que, aunque ganen la pulseada política, están perdiendo la pelea cultural. Una vez instalada la idea de la incertidumbre laboral, cae bruscamente la predisposición al consumo. Por eso, el Gobierno cambió su actitud y trata de mostrar iniciativa al estilo de Cristina
Por Claudio Zlotnik-Fernando Gutiérrez
20.05.2016 10.00hs Economía

El debate parlamentario por la ley "antidespidos" le dejó al equipo de Mauricio Macri una lección política: a veces, puede ser peor perder la pelea contra la opinión pública que contra el Congreso.

Es por eso que, más allá de lo que ocurra con el veto presidencial a la flamante ley "antidespidos", en el Gobierno reconocen que aún falta ganar la batalla cultural, en la cual hasta ahora viene en clara desventaja.

En este sentido, las encuestas son contundentes: contra lo que afirman los funcionarios, está instalada la idea de que efectivamente el país vive una crisis laboral. 

Este tema es, de por sí, muy relevante, ya que impacta de modo directo en las expectativas de consumo. Y es por eso que en las filas del Gobierno hablan directamente de "contraataque". 

Las principales espadas del macrismo salieron en estos últimos días a confrontar los datos surgidos desde algunos sindicatos y de filas de la oposición -con el kirchnerismo en primer lugar- que dan cuenta de despidos masivos, tanto en la administración pública como en el sector privado.

El Presidente y varios de sus ministros desmintieron esa tendencia, con Marcos Peña a la cabeza, quien lideró esa puesta en escena que mezcló posicionamiento político con batalla mediática.

El mayor temor de los funcionarios es el desánimo que esto genera en la opinión pública

En este sentido, un ministro del área económica reconoció, en diálogo con iProfesional, que si se prolonga la percepción de que hay una crisis laboral, esto puede demorar la esperada reactivación económica para el segundo semestre.

El fenómeno es bien conocido por los sociólogos: una persona con un salario bajo pero con sensación de estabilidad laboral es más proclive a consumir que otra con un sueldo alto pero que acaba de ver cómo despidieron a sus compañeros y se pregunta si será el próximo en la lista.

La situación de contar con un ingreso escaso siempre es pasible de ser contrarrestada por la disponibilidad del crédito. En cambio, la incertidumbre laboral equivale a una parálisis en el consumo.

Este cuadro se veía con claridad en sondeos como el que difundía la Universidad Católica junto con TNS Gallup, en los que se incluía la pregunta sobre si resultaba fácil o difícil conseguir empleo

Se constataba una correlación perfecta: cuando sube la percepción de dificultad laboral, baja la predisposición a la compra de bienes durables.

Ese relevamiento, que dejó de realizarse a finales de 2015, muestra cómo el humor social determina el ímpetu consumista: 

Con estos antecedentes, los funcionarios hacen bien en preocuparse, ya que las últimas mediciones de opinión pública son lapidarias.

En un sondeo del analista Rafael Aragón, una de cada dos personas consultadas dijo temer que él o alguien de su familia se quede sin trabajo en el corto plazo.

La preocupación por la pérdida del empleo está claramente instalada en un sector mayoritario de la sociedad, con preponderancia en el segmento más joven.

En cuanto al panorama laboral, casi el 50% considera que en los próximos meses habrá muchos despidos. Otra vez, los jóvenes aparecen como los más temorosos por este tema.

Las lecciones que dejó Cristina
El costado más duro del aprendizaje macrista es el de constatar que aunque Cristina Kirchner también tuvo momentos con serios problemas de pérdida de trabajo, siempre se las ingenió para eludir el costo político asociado.

Sin ir más lejos, a lo largo del año pasado unas 8.360 obras de construcción fueron paralizadas por falta de pago (nada menos que 70% de las 12.000 en ejecución). 

Esto dio lugar a que en diciembre de 2015 el gremio de la UOCRA diera cuenta de la pérdida de unos 30.000 puestos de trabajo.

Lejos de ser el único caso, hubo varios momentos a lo largo de la gestión K en los que el estancamiento derivó en una agudización de los despidos

El más emblemático fue el de la crisis de 2009, cuando la combinación de caída de los precios agrícolas, la sequía y la crisis financiera internacional llevaron al país una recesión.

En aquella oportunidad, la ex presidenta se preocupó por mostrarse activa en resolver el problema y avanzó en las siguientes cuestiones: 

-Convenció a la cúpula sindical de moderar sus reclamos salariales

-Echó mano a los fondos jubilatorios para dar créditos a empresas

-Activó los programas Repro, con los que el Estado se hace cargo de una parte de los salarios.

Precisamente ahí reside la explicación sobre por qué -a pesar de verse afectada por los problemas laborales- Cristina lograba sostener un discurso en el que el empleo figuraba como uno de los pilares de su "relato". 

En otras palabras, en los momentos más complicados redoblaba la iniciativa.

Sus críticos alegaban que el modelo de cierre a la inversión tenía como costo asociado la no generación de empleos privados que el potencial del país permitía. Y que ello se "emparchaba" con programas de asistencia estatal.

Sin embargo, la ex presidenta, lejos de aparecer como la culpable por los despidos derivados de su plan de gobierno, siempre fue vista por la opinión pública como alguien que intentó reparar los problemas

Cuando un caso era demasiado resonante como para poder ser resuelto, no vacilaba en echar mano a las teorías conspirativas. Hasta llegó a acusar a los "fondos buitres" por el cierre de la imprenta Donnelley.

Un cambio de actitud
En comparación con esa habilidad retórica de Cristina Kirchner, el equipo macrista está mostrando falta de discurso y de reflejos.

La reacción inicial fue ignorar el tema. Recién cuando estuvo instalado, los funcionarios salieron a desmentir que había una crisis.

Más aun, tomaron conciencia de que estaban perdiendo la batalla de la opinión pública cuando avanzó el proyecto de ley de la "doble indemnización" y luego de que las cúpulas sindicales movilizaron una multitud en el acto del 1° de Mayo.

A partir de ahí, se pudo observar cierta estrategia comunicacional coordinada, que tuvo su punto alto en la convocatoria a los empresarios para firmar el compromiso de congelar despidos

No es que haya sido una medida exitosa de por sí -dado que las encuestas revelan un 56,5% de desconfianza en esa promesa- pero al menos marcó un punto de quiebre desde la pasividad a una toma de iniciativa.

En esa tónica, el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, sacó a relucir, en su cuenta de Twitter, una larga lista de buenas noticias económicas que se suceden en los distritos del interior del país.

"Las ventas de pickups, importante herramienta de trabajo para muchos argentinos, +9% en los últimos 4 meses. Después de años de estancamiento, el motor productivo del país se está poniendo en marcha", apuntó el ministro.

"Detrás de cada chata, más empleo", tuiteó, dando cuenta de que Córdoba, Jujuy, Salta y San Luis son las provincias con más empuje.

"La Argentina avanza. Creció el empleo en el interior del país: 1,4% en el primer trimestre. #MasYMejorEmpleo en toda la Argentina", redondeó desde las redes.

Alfonso Prat Gay fue otro de los ministros que empujó para mostrar buenos resultados económicos y sociales. 

"Fuerte aumento interanual de contribuciones patronales (42%) y aportes personales (35%) en abril. Aumentó el empleo y también los salarios", tuiteó.

La pelea "cuerpo a cuerpo" de los dirigentes de Cambiemos incluyó a Eduardo Amadeo

El diputado planteó una imagen que merece una reflexión: "Ustedes se imaginan si fuera cierto que hay 150 mil despidos en la Argentina. Estaríamos con cortes de rutas, revueltas, sería un caos social!".

"Acuérdense cuando fue la crisis de Cresta Roja...todos los días con la Panamericana con gomas prendidas fuego".

El propio Macri, que se ha cuidado de no hablar de "ñoquis" tras la ola de despidos estatales, ha aludido a la necesidad de generar empleo "de calidad".

Esto, como contraposición a la creación de cargos de bajo valor agregado en las oficinas de los ministerios.

Números buenos, comunicación mala
Por lo pronto, la frustración que envuelve al Gobierno subyace en el hecho de sentir que la opinión pública lo castiga por una situación que, en algunos puntos, no difiere tanto del panorama laboral de los últimos años.

"A grandes rasgos, hay 6 millones de empleados en blanco. Lo interesante es cuando vamos a las cifras de los registrados. En febrero de 2012 había 6.102.000; en febrero de 2016, 6.240.000", detalló Marcos Peña. 

Estas cifras lo llevaron a afirmar que "el empleo creció 0,5% pero la población aumentó mucho más. No hay una situación muy distinta a la de los últimos cinco años", agregó el jefe de Gabinete.

También hay datos del Observatorio Pyme -que depende de la Unión Industrial- que confirman cierta estabilidad.

Según la entidad, "en las medianas industrias prácticamente no hubo cambios en la dotación del personal en el último año (-0,1%) mientras que las pequeñas tuvieron un descenso del 1,5%".

Destaca, además, la "inelasticidad del empleo" ante la caída en las ventas

En otras palabras, que en las pequeñas industrias no se registró una marcada pérdida de puestos de trabajo, al menos en la misma proporción al escenario recesivo.

Acaso el dato más relevante de los industriales Pyme sea que el nivel de confianza actual y futura mejoró en forma notable en el primer trimestre. Más aun, ya se encuentra en el máximo de los últimos cinco años.

Lo mismo ocurre cuando a los pequeños y medianos industriales se les pregunta cómo piensan que les irá en 2017: el índice roza los 70 puntos (sobre una escala de 100) y es el mayor registro de la última década.

Javier Lindenboim, especialista en temas laborales, al realizar una lectura sobre el mercado del trabajo en la Ciudad de Buenos Aires -en base a datos oficiales- advierte sobre una cuestión: "Ahora se observa algo similar a lo sucedido en el primer trimestre de 2015. En ese entonces, la tasa de desocupación también había subido de modo significativo respecto de la registrada a fines de 2014". 

Lindenboim especificó que en ambos casos se incrementó entre 1,7 y 1,8 puntos, al pasar:

-En aquel entonces, de un 6,7% al 8,4 por ciento

-En el  momento actual, del 6,8% al 8,6 por ciento

Según Lindenboim, las razones estacionales hacen que a comienzos de año el nivel de desempleo sea más alto que en los trimestres previos o subsiguientes.

Resalta que, de hecho, la estadística muestra una leve suba: "Las tasas de actividad y la de empleo, comparadas con las de un año atrás, mejoran (la primera de 52,6 a 54,3; la segunda, de 48.2 a 49,7)".

"Al menos con estos datos no es posible abonar la idea de que estamos en una situación de extrema gravedad en materia de empleo y desempleo", concluye.

Sin embargo, para desgracia del Gobierno, esto no es lo que percibe la opinión pública

Por eso ahora se viene la pelea de fondo: dar la batalla cultural y convencer, ya no a la oposición ni a los sindicatos sino a los consumidores, de que el desempleo no es el principal problema en la agenda nacional.

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