Todos devalúan menos Argentina y se profundiza la fisura dentro del Gobierno
Los 9 centavos que se deslizó el tipo de cambio, apenas 0,4%, lucen exiguos ante las devaluaciones de 7% en Brasil y de 11% en México desde que se confirmó la victoria de Trump. Mientras los vecinos asumen una nueva fase, aquí se instala el debate sobre si es bueno o malo que el peso esté quieto
Por Claudio Zlotnik
11.11.2016 12.01hs Actualidad

"¿Qué pasó con el dólar?" fue una de las preguntas más escuchadas entre los ahorristas preocupados por el triunfo de Donald Trump.

El interrogante tiene su lógica: cuando surge algún acontecimiento capaz de torcer el rumbo económico, esto se refleja en un cambio en la cotización del billete verde, termómetro por excelencia del humor social.

Si el hecho es negativo, hay altas chances de que su valor se eleve y los argentinos posen sus ojos sobre la divisa estadounidense.

Esta hipersensibilidad, que data de hace años, llevó a que este miércoles, recién conocido el resultado, algunos celebraran que el peso argentino se haya mostrado estable.

Un día después, el jueves, la suba de 9 centavos se transformó en noticia principal de varios medios de comunicación.

Sin embargo, en términos reales, lo que ha ocurrido tras la elección estadounidense es que el peso, lejos de debilitarse, aumentó su valor relativo.

Es que un leve incremento de 9 centavos (equivalente a un 0,4%) se dio en un contexto en el que todas las monedas de la región sufrieron sacudones.

De manera que los $15,29 del cierre del jueves no debe dar lugar a confusión: el peso argentino luce llamativamente quieto en un contexto en el que los mercados recibieron con gran temor la victoria de Trump.

La prolongación de esta tendencia dará lugar a un gran debate durante las próximas semanas: ¿Es para festejar o debe preocupar que se mantenga estable mientras el resto de los signos monetarios se debilitan frente al dólar?¿Los peores o los mejores?Si se tiene en cuenta lo sucedido en el mercado de divisas desde el triunfo de Trump, la moneda nacional fue la que menos se devaluó en la región.

En términos comparativos, el debilitamiento frente al dólar fue:

- En México, del 11,5%

- En Brasil, del 7,3%

- En Colombia, del 5,5%

- En Uruguay y Chile, del 1,5%

- En Argentina, del 0,4%Otra de las formas de medir la gran diferencia entre lo ocurrido en los demás mercados latinoamericanos y el doméstico, es calcular a cuánto se hubiese ido el dólar en la Argentina, de haber imitado el movimiento en otros países:

- Si igualaba la devaluación de México, a $16,95

- Si imitaba la de Brasil, a $16,33

- Si replicaba la de Colombia, a $16,05

- Para el caso de Chile y Uruguay, a $15,45

De modo tal que los $15,29 tuvo, para varios analistas, sabor a retraso.

Déjà vu de crisis viejasEn estas primeras horas post triunfo de Trump aparecieron viejos fantasmas que, por cierto, resultan conocidos por quienes llevan años transitando las 20 manzanas de la city porteña.

No son pocos los que observan que en el "vecindario" comenzó una ronda de devaluaciones de la que el país parece estar al margen.

Hasta recuerdan las peripecias de Domingo Cavallo quien, a mediados de los ´90, recorría los centros financieros mundiales para tratar de convencer a los inversores de que la Argentina no era México, que había devaluado meses antes dando inicio al Efecto Tequila.

En aquel momento, el gobierno local priorizó el mantenimiento de su régimen cambiario de "un peso igual a un dólar", aun a costa de una profunda recesión que llevó el desempleo al 18%.

Algo similar sucedió entre 1997 y 1999. Primero devaluaron los "tigres" y "tigrecitos" asiáticos, luego la carrera se trasladó a Rusia y terminó en Brasil.

El gobierno menemista, encorsetado en la convertibilidad, evitó esa salida a fuerza de enormes colocaciones de deuda que sólo sirvieron para forzar una postergación del traumático final de 2001.

Con estos antecedentes, lo que sucedió en las últimas jornadas está reabriendo el debate sobre qué tan digno de festejo es que el peso local casi no haya variado, en contraste con lo que está ocurriendo con sus pares.

"La diferencia con otros años es que ahora tenemos una flotación cambiaria y es el propio mercado el que le pone precio del dólar", afirma a iProfesional un integrante del directorio del Banco Central.

"El tipo de cambio aquí se mueve menos por el ingreso de capitales, ya sea por el blanqueo o por los buenos rendimientos que ofrece la plaza bursátil", añade la fuente del BCRA, que pidió mantener su nombre en reserva.

Claro que no todos comparten su visión optimista. Sobre todo aquellos economistas que no forman parte del Gobierno.

En primer lugar, no coinciden con que la entrada de billetes verdes se deba a una demostración de confianza de los inversores. Más bien, la atribuyen a apuestas financieras por bonos y acciones que pueden resultar efímeras.

Incluso desde el propio Palacio de Hacienda se muestran críticos de esta realidad, aunque se desentienden del tema y atribuyen el problema a la política de elevadas tasas que viene llevando a cabo el Banco Central.

"Nuestra moneda carga con la mochila de una tasa de interés demasiado alta. Se aprecia y pierde competitividad contra la de otros emergentes", afirma a este medio un funcionario del entorno de Alfonso Prat Gay.

Por otra parte, la "vocación" gubernamental por la libre flotación es puesta en duda por algunos analistas. Recuerdan que el verano pasado, cuando el billete verde intentó escaparse por encima de $16, sobrevino la mano dura del Banco Central.

En ese entonces, resignó cientos de millones de dólares de reservas para ponerle un "techo" a la supuesta libre flotación.

Interna caliente"Estamos perdiendo competitividad", se inquieta la fuente del Palacio de Hacienda quien, además, no oculta su ansiedad por que se dé una fuerte baja del tipo de interés por parte del Banco Central.

Entiende que, de esa forma, se alentaría una mayor demanda de dólares, lo que ajustaría su precio al alza y, de este modo, haría que el peso argentino al menos acompañe los movimientos de otras divisas.

Es cierto que no deben tomarse decisiones en base a lo ocurrido durante un par de días, pero también es verdad que este último atraso viene precedido por una fuerte discusión entre Alfonso Prat Gay y Federico Sturzenegger.

Ambos tienen una visión distinta sobre cuáles son los niveles más convenientes para dólar y tasas que deben regir en estos momentos del país.

Las últimas cifras del INDEC (2,4% de inflación en octubre y un alza de 1,5% en alimentos y bebidas) le da argumentos a Sturzenegger para reforzar su postura de que no es momento para bajar las tasas.

Sin embargo, del otro lado le recuerdan que un interés alto y dólar atrasado -en un contexto en el que el billete verde se fortalece en otros territorios- pueden llevar a la Argentina a sufrir consecuencias negativas como las vividas cada vez que le dio la espalda al mundo.

Por eso es que, para algunos economistas -incluso dentro del Gobierno-, el Banco Central está desafiando las reglas del sentido común.Operadores de la city y analistas de grandes bancos de inversión, al ser consultados, afirman que es la entidad la que está sosteniendo el actual valor del billete verde.

O, dicho de otro modo, es el que está propiciando un peso fortalecido en un contexto en el que las otras divisas se vienen devaluando.

Esos mismos analistas sugieren prestarle atención al mercado global de bonos, que también está dejando en evidencia las complicaciones para la región y, puntualmente, para la Argentina.

Los títulos en dólares se hundieron en la tarde del jueves hasta el 3,5%, sobre todo los de larga duración.

Por la suba de la tasa de largo plazo en Estados Unidos, el riesgo país de la Argentina se elevó 6,2%. Todo un llamado de atención para un Gobierno que necesitará volver a tomar deuda en los mercados internacionales.

Mundo Trump y el miedo a ChinaLa reacción en los mercados es fiel reflejo de los cambios esperados por los financistas tras el triunfo de Trump.

A pocas horas de concluido los comicios aun no está claro qué medidas pondrá en práctica de todas las promocionadas en campaña. Para el mientras tanto, los inversores están tomando recaudos frente a dos posibles situaciones:

1- Por el lado de la economía real, el mayor proteccionismo de los Estados Unidos

Este plan podría incluir mayores impuestos y aranceles a los productos que quieran ingresar a ese país.

De ocurrir, depararía un menor ritmo de crecimiento de los mercados emergentes que le venden a Estados Unidos, con México a la cabeza.

2. Por el lado del mundo financiero, una suba de las tasas de interés

Este temor es algo que ya se está evidenciando en los bonos de largo plazo.

Por lo pronto, le generará un encarecimiento a todos aquellos países que quieran salir a tomar deuda.

Cabe recordar que cada vez que la tasa internacional se elevó, economías como la argentina atravesaron profundas recesiones.

Párrafo aparte debe hacerse para los precios de las commodities, con China como protagonista central.

En este sentido, será muy relevante la actitud que vaya a tomar el gigante asiático ante la irrupción de Trump.

Si, por ejemplo, el republicano eleva aranceles para castigar las importaciones que entran a su país, China puede devaluar para contrarrestar ese efecto.

Esto puede dar inicio a una verdadera guerra de monedas, con fuerte impacto en las cotizaciones de las materias primas.

Es por eso que varios analistas ya están diciendo que buena parte de la suerte de la Argentina va a jugarse en el cruce entre Washington y Beijing.

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