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Era digital e inteligencia artificial: no se trata sólo de robots, los nuevos planteos vendrán por la ética y el humanismo

Los desafí­os de la inteligencia artificial: más ética y más humanismo darán lugar a una nueva industria

Armen Ovanessoff, director de Accenture, planteó los desafíos de la inteligencia artificial en los medios de comunicación. Y los cambios que se propiciarán

Por Andrea Catalano
03.02.2018 15.22hs Tecnología

Son tiempos de estudiar carreras técnicas. Las profesiones nuevas y las del futuro llevan en esa dirección. Son la demanda del mercado laboral: se necesitan ingenieros, matemáticos, fí­sicos, analistas de sistemas, diseñadores y arquitectos de red. Pero no serán las únicas habilidades académicas que exigirán los tiempos modernos.

El advenimiento de las nuevas tecnologí­as siempre planteó dilemas éticos. Estamos embarcados en una época signada por lo digital. Donde surgen novedosos cuestionamientos vinculados con el ser humano. Por eso, será necesario también volver a las carreras de base: a la filosofí­a, al arte, a la psicologí­a y la sociologí­a. Porque muchas de las nuevas respuestas y exigencias de los actuales tiempos modernos así­ lo demandarán.

Son los planteos que dejó expresados Armen Ovanessoff, lí­der global de Research de Accenture, quien pasó por Buenos Aires para exponer los diversos nuevos horizontes que plantea la inteligencia artificial (IA) aplicada a las diversas actividades. Aún en un contexto donde -todaví­a- lo que se le "permite" a la IA está acotado a lo que los humanos quieren que aprenda.

Si bien el experto fue uno de los disertantes del Digital Media Latam 2017, donde empresarios y profesionales del mundo periodí­stico se reunieron a discutir sobre el futuro de los medios de comunicación, también mantuvo un encuentro aparte con periodistas y medios, entre los que estuvo iProfesional, donde expuso sus planteos.

"No hay dudas de que hay disrupción digital en los medios, y que hay varios tipos de disrupción, pero de la que más se habla es del Big Bang de datos porque es un shock. Los contenidos (de los medios) son datos. Y el modelo digital actual se nutre de mejores datos, más baratos y muy convenientes, todo al mismo tiempo. ¿Cómo se compite con esto?", preguntó Ovanessoff.

Aseveró que lo que vendrá "es más shockeante por la aceleración de lo que está sucediendo. Y otra parte por el avance de la Internet de las cosas (IoT)". Basta pensar en lo que habilitarán los autos conectados, con perspectivas de producción de 4 TB de datos por segundo, dado que no sólo se tratará de conectar autos sino también que circularán entre personas, dispositivos, fronteras. Todo un universo".

El crecimiento de los datos no es problema. El costo de almacenarlos tampoco, es cada vez más barato. Y ellos son el combustible de la inteligencia artificial entendida, ahora, como "múltiples conjuntos de tecnologí­as que sienten, comprenden, actúan y aprenden de la intervención humana. Aquí­ aparece la nueva era", planteó el lí­der de Accenture.

Antes, los procesos se automatizaban y, con el tiempo, se degradaban. Ahora, con la IA aprende y mejora. Esto modifica sustancialmente lo visto hasta estos tiempos. En vez de perder valor, se incrementa. "La IA permite ver cómo crear valor de una manera nueva", afirmó Ovanessoff.

Si la IA será, en definitiva, la conjunción del cruce entre el capital más las máquinas (robots), más la fuerza de trabajo. Será, en sí­ntesis, "un hí­brido entre el personal humano y el capital, y por esa razón se debe pensar cómo va a generar crecimiento", apuntó.

Para el ejecutivo la IA crece por tres canales:

- La automatización inteligente, donde asistentes virtuales aprenden de respuestas. Y esto, señaló, no remplaza sino que impulsa a hacer las cosas mejor.

- La "augmentation" (aumento o intensificación, su traducción). Es decir, la capacidad de predecir los problemas antes de que surjan porque las máquinas pueden aprender y habilitar múltiples escenarios para resolver problemas.

- La difusión de la innovación.

Ovanessoff subrayó que el actual proceso que inaugura la aplicación de la inteligencia artificial tendrá su impacto hasta 2035. O, en otras palabras, que hasta entonces se advertirán los cambios más abruptos.

"Y las industrias de la comunicación son y serán las más afectadas", disparó. Por eso, agregó, es necesario "lograr valor", lo que se producirá en cantidades mucho más grandes respecto de la automatización anterior.

Para los medios, ya de manera especí­fica, se producirán tres fenómenos:

- La fragmentación digital: los negocios son globales y se depende los datos que van de un lado a otros (los flujos de datos). Esto genera un fenómeno de proteccionismo de datos, como cuando se fijan regulaciones para asegurarlos (el caso de los financieros).  A su vez, provoca una fricción que será cada vez mayor porque habrá cada vez más cosas interactuando entre sí­.

- Las preocupaciones éticas: el mundo de los medios luchará contra las noticias falsas y deberá entender el momento en que las máquinas aprendan de una manera que no resulta cómodo a la sociedad y sus convenciones por la existencia de algoritmos (apologí­a del racismo, xenofobia, sexismo, etc). Obligará a definir cómo tendrán que entender los algoritmos esas situaciones.

- El futuro del trabajo: va a cambiar de distintos maneras. Serán equipos de humanos que trabajarán con máquinas que aprenderán de esas personas. "Estamos acostumbrados a entrenar gente, no a máquinas. Habrá que aprender esa nueva habilidad", señaló Armen.

En este último punto, el investigador planteó un nuevo panorama y un alivio, al menos para las redacciones y los periodistas.

"En las redacciones van a tener que incorporar a matemáticos que ayuden a entender la gran cantidad de datos a analizar. Y los redactores no serán remplazados, pues las máquinas no entienden los contextos", enfatizó.

"Hoy la inteligencia artificial se está implementando en casos especí­ficos en ciertas tareas. No está remplazando la forma en que los humanos piensan. Pero ¿se meterá en la dimensión humana? Sabemos ahora que ayuda a reconocer problemas, pero aún no hay un sistema que intenta replicar el pensamiento humano", aseveró.

Fue el momento en que Ovanessoff apuntó que la dimensión ética va a implicar un nuevo conjunto de trabajos, una nueva industria, que será obligatoria y que ya se vio antes, con otras transformaciones.

Las máquinas se ocuparán de las cosas técnicas, y los humanos de dar el valor agregado. Y esto impulsa un nuevo espacio a construir, comenzando por dejar de permitir que crezca la brecha entre lo técnico y lo humano.

"Las carreras técnicas van a ser importantes, claro que sí­. Pero también lo serán las humanas. Y América Latina, porque hay actitudes interculturales y cualidades de vinculación con el otro, correrá con cierta ventaja", indicó.

En este punto enfatizó en la necesidad de que se activen estrategias para evitar que, además, se agrande la brecha digital porque quienes estén conectados tendrán más oportunidades que quienes no lo estén. Si no, estaremos frente a un "próximo peligro", reflexionó.

"Será un requisito tener en las empresas un área de ética, de la misma manera en que hoy tienen un departamento de responsabilidad social empresaria, de voluntariado. Hoy las empresas responden mejor a las expectativas de los empleados y de los clientes por efecto de las redes sociales. Si no lo hacen, el costo que pagan es muy grande", afirmó.

"Esto ya no se trata de nuevas tecnologí­as, no se trata sólo de más robots. Las transformaciones apuntan a cómo se organizan la vida y el trabajo. Es más estructural de lo que se creen. Habrá un desfasaje entre estos dos aspectos y será ese el momento en que las empresas entiendan la necesidad de transformación", amplió.

Si los medios de comunicación continuarán siendo los más afectados por la irrupción explosiva de la información y la digitalización de los procesos, otro sector no menor, como el de la educación, es y continuará siendo impactado de manera tajante.

"Ahora hay que educar toda la vida a las personas", concluyó Ovanessoff. Una frase para sintetizar la reinvención permanente a la que obliga la irrupción constante de lo digital.

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