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Cat Café: la primera cafeterí­a de gatos de Uruguay está en Punta del Este

Cat Café: la primera cafeterí­a de gatos de Uruguay está en Punta del Este

Abrió hace dos semanas en pleno centro comercial de la ciudad costera. El emprendimiento une la gastronomía y la posibilidad de adoptar una mascota

02.01.2018 16.26hs Actualidad

Para los amantes de los gatos, Uruguay ya tiene su primera cafetería donde se puede disfrutar una merienda junto a los felinos.

Hace dose semanas abrió sus puertas en Punta del Este Adrianuzca's Cat Café.

El local ubicado en Gorlero 535, está gerenciado por una pareja que se enamoró de un modelo de negocio que se originó en Japón -donde ya hay más de cuarenta de estos emprendimientos- y que luego se extendió por varias ciudades de Europa, Estados Unidos, México e incluso países vecinos como Brasil o Chile.

Fue en Barcelona donde los dueños del recientemente estrenado café se interesaron en este sistema, que fusiona la gastronomía con la preocupación por el bienestar animal.

Adriana Olaza, dueña del lugar junto a su pareja, explicó a El Observador que la idea despertó muchas dudas al principio, tanto a ellos como a las personas que se lo comentaban. La cuestión pasaba, sobre todo, por la conjunción de dos elementos a priori antagónicos: los animales y la comida.

En ese sentido, para habilitar su emprendimiento debieron seguir una estricta regularización que implica higienizar el local todos los días, mantener en áreas separadas la cocina y el lugar donde los gatos juegan con los clientes, y tener un sector especial donde mantienen a los animales enfermos en cuarentena. Cada día, antes de abrir al público, el local es desinfectado con productos de limpieza durante una hora.

Adopciones
Imagine que usted llega al café y, luego de consumir un capuccino o una medialuna preparada por la casa, se encariña con uno de los diez gatitos que corren, saltan o duermen por el recinto acondicionado con almohadones y juguetes. Si eso sucede, no se preocupe, porque una de las funciones de este local es fomentar la adopción de los gatos que allí se encuentran, que llegan hasta el lugar luego de ser abandonados en la calle o en situaciones similares.

Sus encargados aseguran que la idea detrás de la empresa surgió de una simbiosis entre el gusto por los animales y la necesidad de hacer algo por aquellos que se encuentran abandonados. Es por eso que los clientes interesados pueden adoptar a cualquiera de estos animales si cumplen con los requisitos básicos del local.

"Queremos que el público uruguayo sea el que más contacto tenga porque es el que puede quedarse con el animal. Podemos ayudar al extranjero a hacerlo pero en sus ciudades, porque nosotros cuando damos en adopción a uno de los animales le hacemos un seguimiento. No es cuestión de venir adoptar y perder para siempre el contacto del gato", aseguró Olaza.

Al momento de la adopción, el cliente debe firmar un precontrato en el que se compromete a seguir determinadas reglas de manutención, que se realiza bajo la inspección de una organización protectora de animales relacionada con Adrianuzca's.

Si bien este local no es la primera experiencia que fusiona a animales con un emprendimiento gastronómico, sí es el primero que funciona expresamente como un negocio. Animales Sin Hogar, organización que vela por el bienestar de los animales en el país, ya tiene un local similar en Montevideo, pero funciona como parte de la ONG y no como una empresa.

"Nosotros ayudamos de esta forma porque es como pensamos que podemos contribuir. Sabemos que los refugios están muy saturados, que la gente que los atiende y ayuda a los animales en distintas organizaciones está desbordada, por lo que creemos que este emprendimiento sirve para darles una mano a ellos", dijo su encargada.

A la hora de ser ingresados, los animales son curados, vacunados, castrados y se les realiza una serie de chequeos para identificar enfermedades que puedan tener. Actualmente, Adrianuzca's tiene diez gatos pequeños y seis adultos en cuarentena; estos úiltimos llegaron en estados complicados que demandaron atención especial para luego poder trasladarlos hasta el local.

En las primeras semanas del local ya se adoptaron tres gatos, y según Olaza, la respuesta de la gente al proyecto ha sido mejor de la esperada gracias a los curiosos que entran, se sorprenden por la propuesta y luego corren la voz. Como las dos niñas que, en una noche de martes, miran por la ventana, entran y preguntan con timidez si pueden pasar a jugar con los animales un ratito. Y, de paso, se piden algo para comer.

 

 

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