NUEVO DISEÑO
NUEVO DISEÑO

Vinos & Bodegas

Seis grandes vinos rosados argentinos para tener en la heladera de casa, seleccionados por Elisabeth Checa

Recomendados: seis grandes vinos rosados argentinos para tener en la heladera de casa

La crítica Elisabeth Checa seleccionó en exclusiva para Vinos & Bodegas iProfesional seis etiquetas de su guía “Los buenos vinos argentinos” 2018

Por Vinos & Bodegas - [email protected]
23.02.2018 21.58hs Vinos & Bodegas

La periodista especializada en vinos y gastronomí­a, Elisabeth Checa, está presentando en estos momentos la edición 2018 de su guí­a que, a esta altura, es un verdadero clásico: "Los Buenos Vinos Argentinos". 

A través de sus 272 páginas, la experta recomienda 290 vinos y 37 espumosos, luego de un exigente proceso de cata de casi 600 etiquetas de aproximadamente 100 bodegas. 

Según Checa, "el vino es su circunstancia: algo del placer del momento se filtra en el sabor. Y esa etiqueta que hoy tomaste acá no va a ser la misma mañana al mediodí­a en otro contexto". 

Es por ello que, tal como agrega, Los Buenos Vinos Argentinos no tiene puntajes, sino que se trata de apreciaciones y sugerencias. Editada por Vocación, se consigue en librerí­as a un precio de $480. 

En este contexto, Elisabeth Checa seleccionó en exclusiva para iProfesional seis vinos rosados de alta gama que están incluidos en su guí­a y además te cuenta por qué vale la pena probarlos:  

Carmela Benegas Cabernet Franc 2017 – Bodega Benegas 


Un rosado que se despega de lo común. Además de ofrecer la clásica fruta roja fresca y crujiente, la variedad le aporta dejos a tomillo y hierbas frescas. En boca, donde se sigue palpando el rastro de la cepa, avanza con paso seco y fresco. Su final es bien persistente. Su color muy intenso demuestra que la palidez extrema de los rosados actuales no siempre es una virtud y que hay espacio para la diversidad. Esta etiqueta la elegimos para un curry en Sudestada.

Humberto Canale Old Vineyard Rosé 2017 – Bodega Humberto Canale 


Atractivo en nariz, pero aún más seductor en boca. Acidez fantástica, mucha fruta roja, buen volumen y nada fugaz. Es un rosado que perdura y perdura. Estilo con reminiscencias de los rosados de Provence, esos rosé etéreos que surgieron últimamente por aquí­, pero con un logrado acento patagónico que lo acerca a la expresividad del Semillón de la casa. Con una trucha Arco Iris con almendras en Tomo I, también patagónica.

Lagarde Goes Pink 2017 – Bodega Lagarde 


Este blend de Malbec y Pinot Noir rememora desde el color a los mí­ticos rosados de Provence. Su color piel de cebolla pálido anticipa eso que luego sucede en nariz: hay frescura y sutileza, con notas bien limpias de frutas rojas. En boca ofrece un fluir delicado y una acidez que lo sostiene y lo hace correr con mucha ligereza. Su frescura lo convierte en el ladero indicado para acompañar un ceviche clásico en La Mar.

Perdriel Series Malbec rosado 2016 – Bodega Norton 


Se inscribe dentro de la nueva tendencia de estos rosé estilo Provence: pálidos, sutiles, la eductora levedad del ser que conquista incluso a quienes hasta ahora renegaron de los vinos rosados. El color, un salmón tenue apenas sugerido. "Pelure d'oignon", así­ llaman los franceses a estos vinos de una sola noche. Aroma cauto, seco y fresco. Apto para tiempos estivales. Como aperitivo o para acompañar una cena ligera bajo las estrellas. Nos gusta con ensaladas o con trillas fritas. Y Ravel como fondo.

Vuelá Pinot Gris 2017 – Bodega Piedra Negra


Es de los pioneros en el estilo, gracias al origen francés de sus dueños, que ya lo bebí­an en  Provence, de donde trajeron su impronta. Súper chic, resulta delicado y sutil, comenzando por su color piel de cebolla. Representa muy bien la frescura de toda la lí­nea Vuelá, a la que pertenece. Exquisito. Algo más intenso en boca que en nariz. Un vino seco y sensual al mismo tiempo. Impresionista. Pega con Ravel y unas trillas fritas, en perfecta armoní­a cromática.

Be my hippie love - Bodega Wine is Art 


Este rosado elaborado con uva Criolla es diferente y, sin dudas, sale de lo convencional. Tanto por su propuesta estética como por el vino en sí­, que ofrece en nariz notas de fruta blanca, dejos cí­tricos dulces y aromas florales. Es bohemio y, aunque engañe al principio, tiene su complejidad. En boca es fresco, de paso seco y con buen volumen. Antes de apagarse, deja un lejano trazo a vainilla. Un vanguardista que tiene algo por decir. Para abrir la cena en UCO, junto al paté de conejo que prepara Edward Holloway.

Más sobre Vinos & Bodegas