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Economía

"Precios nuevos", ahora con "sueldos nuevos": el Gobierno apuesta a la mejora del consumo por paritarias, sin impacto en inflación

El consumo entra en "temporada alta" por efecto paritarias y el Gobierno cree que la suba salarial no traerá inflación

El nuevo dato de inflación confirmó lo que todos sospechaban: que la meta de 15% ya es un dato anecdótico. La duda está ahora en si, como dice el Gobierno, habrá un camino descendente o si por efecto de las subas salariales y el impacto de la sequía puede haber más presiones alcistas

Por Claudio Zlotnik
13.04.2018 05.04hs Economía

Transcurridos cuatro meses de 2018 en los cuales salarios "viejos" convivieron con precios "nuevos", ahora llega el momento más esperado por los consumidores: los bolsillos se ponen al dí­a con las paritarias y la realidad económica lucirá más desahogada, al menos por un tiempo.

La mayorí­a de los asalariados -tanto los regidos por convenio como los no convencionados – ya percibió su primer aumento del año, por una cifra que oscila entre el 15% y 20%

Esto trae aparejado la gran duda del momento: ¿el esperado incremento del consumo traerá beneficios en el sentido de reactivar la economí­a? ¿O, como algunos temen, puede implicar una presión inflacionaria adicional?

Para los funcionarios del equipo económico es un momento de emociones encontradas: por un lado, un impulso consumista cambia el humor social y mejora las expectativas. Pero, al mismo tiempo, son conscientes de que si el repunte de los precios no fue aún mayor en estos últimos meses es, precisamente, porque los salarios atrasados oficiaron de "ancla".

De esto dan cuenta los magros datos sobre los niveles de compra que llevaron a la actual crisis del negocio supermercadista, con el conflicto de Carrefour como emergente más notorio.

El poder adquisitivo vení­a de una leve recuperación -del orden de 3% el año pasado- para luego volver a quedar reducido en esta primera parte de 2018, por los altos í­ndices de inflación: 1,8% en enero, 2,4% en febrero y 2,3% en marzo.

Así­, el acumulado primer trimestre trepó al 6,7%, cifra suficiente como para que el gremio de los economistas asegure que la meta oficial de 15% es de cumplimiento imposible.

Según pudo saber iProfesional, el equipo económico conserva cierta dosis de optimismo respecto de cómo incidirá la suba salarial. 

Los funcionarios creen que ya se han disipado los temores sobre una agudización de la inflación, por tres razones clave: no hubo "desbordes" en las paritarias, la peor parte del "tarifazo" pasó y el Banco Central mantiene una polí­tica contractiva.

Más consumo, menos suba de precios: una combinación ideal que hasta ahora resultó más bien esquiva.

Motivos y más motivos
Un rápido recorrido por lo acontecido en estos últimos años (todos de alta inflación) da cuenta de que en los meses siguientes al cierre de paritarias la actividad económica siempre mostró una ligera aceleración. Esto sucedió incluso en los perí­odos recesivos, como 2012, 2014 y 2016.

La duda es si este año se logrará que esa mayor actividad se de en simultáneo con una inflación en descenso. Los funcionarios comparten algunos puntos que abonan la visión optimista.

1.- El primero tiene que ver con la "nominalidad", una variable que suele ser muy atendida por los economistas.

El hecho de que algunos de los gremios más representativos hayan acordado aumentos del 15% marca un lí­mite a quienes temen que los incrementos exagerados (bien por encima de la meta) desemboquen en remarcaciones de precios generalizadas.

Hasta ahora, gremios grandes -como comercio, construcción, choferes de la UTA, quí­micos, petroquí­micos, entre otros- aceptaron un 15%, en lí­nea con la pauta inflacionaria oficial

Fue la tarea primordial que se fijó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, para garantizar que el "factor sueldos" no jugara en contra del plan económico.

Motivo de otro análisis es si esa estrategia va de la mano de un nivel de actividad floreciente o si, por el contrario, tiende a achatarlo. Pero lo cierto es que aun cuando restan acuerdos clave por pactar, las paritarias vienen sin ningún desborde.

2.- Otro punto refiere más a un marco teórico, y tiene que ver con el debate sobre si los incrementos salariales son inflacionarios

Para que esto ocurra, tiene que darse el clásico movimiento de espiral en el que los empresarios, tras otorgar los aumentos (a veces más allá de sus posibilidades) deciden trasladarlos al precio de sus productos.

Este comportamiento fue muy tí­pico durante todo el perí­odo kirchnerista, al punto que se habí­an tornado un clásico las advertencias de CFK dirigidas a empresarios que avalaban incrementos "irresponsables". 

Hoy dí­a, el hecho de que se estén pactando subas moderadas quita fuerza al argumento de que son las propias mejoras de las remuneraciones las que potencian la dinámica inflacionaria.

3.- Otra de las claves para pensar que las paritarias no deberí­an impactar en la inflación es el propio comportamiento de los consumidores, que no están convalidando incrementos de precios exagerados.

Esto, de por sí­, marca una gran diferencia con otros momentos de la historia reciente. Las caí­das en los niveles de consumo masivo medidos por el INDEC y consultoras privadas confirman este comportamiento. 

Hoy en dí­a, preocupados por la inflación, miden cada compra que hacen. En este sentido, un relevamiento de la consultora Trendsity da cuenta de que el 54% de las familias reconoce que "no le sobra nada" a fin de mes. Es decir, que no disponen de capacidad de ahorro.

Además, expone que nueve de cada 10 consultados admiten que "tendrán que disminuir su consumo en los próximos seis meses".

En tanto, un sondeo de la consultora IPSOS pone de manifiesto cómo los argentinos achicaron sus presupuestos en diferentes categorí­as. Y la relación "precios nuevos- salarios viejos", es el principal causal.

De acuerdo con el estudio, siete de cada diez familias recortaron gastos cotidianos ante el menor poder adquisitivo: ropa, esparcimiento y algunas categorí­as de alimentos figuran entre los rubros más afectados.

El diagnóstico luce preciso: en medio de los reajustes de tarifas de los servicios públicos, el impacto en los bolsillos es clave a la hora de explicar el actual momento de la economí­a y las perspectivas de corto plazo.

Nubes negras en el horizonte inflacionario
Con estos datos sobre la mesa, el Gobierno trata de mostrar optimismo pese a un í­ndice de precios que se presenta "duro de domar". 

A Sebastián Galiani, viceministro de Economí­a, se lo nota convencido: "La inflación se va a desplomar a partir de mayo". Lo dice bajo la premisa de que el grueso de los ajustes tarifarios habrá ocurrido para ese entonces. 

En Hacienda admiten que si el IPC para 2018 se ubica por debajo del 24,8% (aunque no se cumpla la meta del 15%) será tomado como "un éxito".

Por ahora, el relevamiento del Banco Central entre medio centenar de consultoras (REM) hace referencia a una inflación en torno al 20% anual. A esta altura, parece un pronóstico amarrete.

Lo cierto es que, más allá de la "buena onda" que quiere instalar el Gobierno, mantienen plena vigencia algunos factores que juegan a favor de que los precios sigan su carrera alcista

Sin ir más lejos, los ajustes tarifarios pendientes y los nuevos retoques en las naftas (de gran "efecto contagio") tienen altas chances de alimentar la inercia inflacionaria.

A los incrementos de este mes en electricidad y transporte, restan computar los de pasajes de colectivos, trenes y subtes. Todos entre mayo y junio. 

Para mayo se adicionará el alza del 26% en las boletas de Aysa (agua). Y todaví­a la Casa Rosada tiene que decidir si habrá una nueva ronda de subas en el transporte durante el segundo semestre, más cerca de fin de año, posibilidad que ya dejó abierta Guillermo Dietrich.

4.- No por ser el último, este punto es el menos problemático cuando se habla de la inflación por venir. Y tiene que ver con la sequí­a que azotó al campo los últimos meses.

Este hecho recuerda que el proceso inflacionario no sólo cobra impulso por los retoques de las tarifas, sino que los alimentos también ejercen un rol fundamental.

De acuerdo con la información que circula en los despachos oficiales, la sequí­a ya está afectando varios componentes de la canasta básica, como pollo, cerdo, verduras y lácteos. Y lo seguirá haciendo.

En este marco, iProfesional consultó a un funcionario clave del equipo económico sobre la actitud que podrí­a tomar el Gobierno respecto a la importación de alimentos frescos para mitigar este efecto.

"Deberí­a ser por iniciativa del sector privado. Es decir que decidan traerlos de afuera ante faltantes o los aumentos de precios que aplican sus proveedores", responde.

Como los funcionarios creen que este fenómeno será puntual, alegan que la prescindencia es la mejor opción.

El problema aparece si, como viene sucediendo en los últimos semestres, la realidad se impone con una dinámica diferente a la prevista en los papeles.

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