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Niño gordo, un lugar en el que la ambientación es casi tan protagonista como la comida

Niño gordo, un lugar en donde la ambientación es casi tan protagonista como la comida

A través de la fusión de la parrilla porteña con la cocina japonesa, lograron un spot con platos muy ricos y muy fotogénico     

06.07.2018 18.50hs Actualidad

A primera vista, la fachada del lugar no indica que detrás está Niño Gordo, aunque lo delata una pared blanca con inscripciones chinas y una puerta roja que tiene una manija en forma de niño oriental. Al lado hay un timbre que invita a tocarlo para poder ingresar; inmediatamente después se abre la puerta y aparece una chica, planilla en mano, para chequear la reserva.

En caso de haber olvidado llamar previamente, la espera seguramente sea un poco larga, ya que la popularidad del local de local de Palermo es alta y nadie quiere quedarse sin probar esta oferta gastronómica que combina la parrilla Argentina con influencias asiáticas

Ocho en punto y, una vez chequeada la reserva, el lugar en la barra esperaba para una noche sorprendente. El salón principal se puede describir como uno de los más imponentes de la ciudad; tiene 150 lámparas chinas colgando del techo que tiñen todo de rojo y dos peceras en la entrada que albergan medusas que parecen tan reales que impresionan. La barra está decorada con figurines propios de la cultura asiática y tiene pocos lugares para aquellos que quieran ver la acción de cerca.


Federico Nudelman es el jefe de cocina y la maneja con una efectividad que impresiona. Trabajó en un restaurante coreano en Parí­s y a nivel local tuvo una pasada por Aldo's. Define a Niño gordo como una idea que busca romper estigmas y derribar miedos a la comida, por lo que no acepta un no como respuesta antes de probar el plato. Sin dudas prestarse a esta experiencia implica ir dispuesto a arriesgarse y a degustar combinaciones atí­picas. Todas salen de los esquemas, todas funcionan a la perfección.

En la carta no hay entrada ni plato principal, solo raciones para compartir y lo ideal es pedir cuatro cada dos personas. Primero probé los niguiris que, al contrario de la idea que se tiene, el local los sirve con bife de chorizo y emulsión de wasabi.

Nunca pensé que un niguiri de carne pudiera funcionar hasta que probé este; de repente, fusionar Argentina y Japón se transformó en una excelente idea.

Luego siguió otro plato, que parecí­a una tortilla con base de panceta y chinchulines, mayonesa wasabi por encima y katsobuki, un alimento preparado a partir de bonito de altura, seco, fermentado, y ahumado.

Cuando parecí­a haber alcanzado el paraí­so gastronómico, llegó un plato con langostinos sobre panceta braseada y un puré de coliflor y leche de coco. El coco, muy presente en esta ocasión, suele ser invasivo, pero en Niño Gordo supieron balancear ambos ingredientes.

La molleja con choclo quemado y cilantro llegó después y debe considerarse un plato obligatorio, ya que la textura de la molleja es un camino de ida. El tartare, en lugar de atún sale con bife, aderezos asiáticos y croquetas de arroz para acompañar. Para coronar esta experiencia el postre fue flan con miso, un ingrediente que le agregó el toque salado, y una cheesecake Japonesa de limón con tres leches.

Otra opción es la banana caramelizada con helado de romero y lima, y ananá, pero explorar lo desconocido fue la elección preferencial. Los tragos que ofrecen son los clásicos reversionados. Victoria, la encargada de la barra, refiere que el más popular es el Shiso Tonic, ya que al tener un gin infusionado con té de jazmí­n neutraliza el amargor, le da un toque fresco y no compite con los sabores intensos de la comida.

Si bien la comida y la ambientación son excelentes, el toque final del lugar se lo da el trabajo en equipo que se ve detrás de la barra. En un mundo donde muchas veces reina el ego, es admirable ver un ambiente de trabajo donde todos se alientan y reconocen el trabajo de los que participan.

Un restaurante no puede funcionar como lo hace Niño gordo sin un equipo sólido detrás, que se dedique a innovar, solucionar y apoyarse entre sí­. Mis aplausos para cada uno de ellos y sus excelentes creaciones.

Después de haber visitado este lugar es posible entender por qué está pisando tan fuerte en la ciudad. Han sabido destacarse y combinar dos cocinas que, a simple vista, parecen lejanas pero con los ingredientes y las técnicas adecuadas, pueden fusionarse y crear platos exquisitos e innovadores.

Niño gordo
Thames 1810
Horarios: Martes a Domingo de 20:00 a 00:00 hs
Reservas: 5411 "­2129 5028"¬

AMBIENTE: Excelente

COMIDA: Muy buena

ATENCIí“N: Muy buena

IDEAL PARA: Ir en pareja

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