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El secreto de Kicillof, el "fin" del gabinete y las intimidades del búnker de Alberto Fernández

El secreto de Kicillof, el "fin" del gabinete y las intimidades del búnker de Alberto Fernández
El candidato se convirtió en la nueva estrella tras el aplastante triunfo del Frente de Todos. El futuro crítico del gobierno de Macri y el efecto Lammens
Por Juan Manuel Barca
12.08.2019 07.38hs Política

De entre las sombras y los flashes emerge Axel Kicillof, pulcro y sonriente. Acaba de bajar del escenario y atravesar una marea de gente que por un momento se apretujó en una de las puertas de acceso custodiadas por guardias nerviosos. Con su camisa gris de seda, apenas arrugada por el baño de masas, lo conducen en zigzag por el oscuro subsuelo del Complejo Cultural C, ubicado en Corrientes y Dorrego, hasta que dos hombres panzones lo frenan, lo estrujan y se toman fotos con él, como si fuera su estrella de rock.

"Te quiero felicitar", aparece por un costado Roberto Baradel, el titular de Suteba, el principal gremio de la provincia de Buenos Aires. El exministro de Economía está exultante. Son las 12 de la noche y ya sabe que venció por 49% a 32% de los votos a la mandataria bonaerense de Cambiemos, María Eugenia Vidal, en el distrito más grande y codiciado del país. El candidato a gobernador, junto con su vice la matancera Verónica Magario, arrastró 4,2 millones de votos, un 40% de los 10,6 millones que obtuvo Alberto Fernández.

Axel no se detiene en su camino de ascenso y junto a su equipo sube las escaleras del bunker de hormigón, para cruzarse con otro fan de unos 20 años que lo saluda emocionado a la altura del primero piso, donde se ecuentran unos 150 dirigentes, entre ellos Eduardo "Wado" de Pedro, Andrés "Cuervo" Larroque y Diego Bossio. Pero Axel, su secretaria y su camarográfo se dirigen rumbo al tercero, el piso de los candidatos, su círculo más íntimo y sus familiares, donde ya estuvieron buena parte del día.

En el VIP se encuentra la esposa de Massa, Malena Galmarini; el candidato a jefe porteño, Matías Lammens; y la exsubsecretaria de Comercio exterior, Paula Español. El exsecretario presidencial de Cristina Kirchner, Oscar Parrilli, se lleva a la boca un sanguchito de miga, revisa los porcentajes de una de las tres pantallas planas y chatea. La calma se extiende hasta que Kicillof hace su entrada triunfal y Parrilli se le acerca para abrazarlo y compartirle un secreto, casi inaudible. "No son los trolls ni las redes, es la política", le susurra al oído el amigo íntimo de CFK. Todavía recuerdan en el búnker los fallidos tuits oficialistas que le enviaron "caricias significativas" a Macri desde Hurlingam, las falsas denuncias de narcotráfico contra el candidato y el microtargeting a través de los grupos de WhatsApp.

Frente a la sospecha de una parafernalia tecnológica ideada por Jaime Durán Barba y Marcos Peña, el Frente de Todos buscó instalar a un Kicillof predispuesto a las charlas y mateadas con vecinos y a recorrer con su viejo Clio el interior de la provincia. Todo eso, claro, sin abandonar el terreno virtual, en el que dio a conocer a sus gatitos adoptados y se difundieron jingles y videos pegadizos que llamaban a votarlo. La intención fue presentarlo como un candidato diferente al ministro de Economía de Cristina Kirchner y al perfil "soviético" que intentó instalar Miguel Pichetto.

"Aprendimos, escuchamos las críticas y queremos representar a todos", fue uno de los principales mensajes que dejó desde el escenario pasadas las 23, mientras debajo de sus pies escuchaba vibrar una militancia eufórica que le dedicó buena parte de los aplausos. También ratificó la prioridad en sus lealtades: "Quiero agradecer primero a Cristina, segundo a Alberto y tercero a Verónica".

Anoche, en medio de los festejos, más de uno habló de una "paliza" al referirse al batacazo de Fernández, con un 47% de los votos frente al 32% de Macri.

"Fue un cachetazo", dijo a iProfesional Agustin Rossi, el presidente de la bancada de diputados kirchneristas. En las inmediaciones del escenario saborearon la derrota del oficialismo y anticiparon una fuerte interna en Juntos por el Cambio. Un dirigente de peso pronosticó incluso una crisis política inminente en el Gobierno: "Tiene que renunciar el Gabinete, ¿cómo van a hacer para gobernar ahora?". Pero en general hubo cuidado en no asociar el resultado con un mensaje contra el FMI y los mercados. "Esto fue por el sufrimiento del pueblo y porque hay una alternativa", explicó la economista Delfina Rossi.

El otro impacto de las elecciones se vivió en el mundo clandestino de los chats. Allí, Alberto Fernández ya habría comenzado a cosechar frutos del sector empresario, con el que hasta el momento mantuvo conversaciones limitadas y relaciones tirantes. "Ya se bajaron del grupó de WhatsApp en apoyo a Macri y empezaron a hablar con Alberto", dijeron en el equipo de Fernández.

El candidato opositor se mantuvo en contacto durante toda la jornada con Cristina Kirchner, quien desde Santa Cruz apareció en un breve mensaje por la pantalla sobre el escenario. Debajo y a lo lejos la escuchó una tribuna en la que se encontraba el exministro de Trabajo, Carlos Tomada, el exjefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra y exembajador ante el Vaticano, Eduardo Valdés. Y a unos metros se las vio bailar a los saltos a Victoria Donda, Gabriela Cerruti y Ofelia Fernández junto a Agustín Rossi.

También hubo aplausos para el candidato a diputado nacional Sergio Massa, otro de los artífices junto a Galmarini y los intendentes del PJ bonaerense de la victoria de Fernández en la provincia de Buenos Aires. En un discurso moderado en el que criticó la especulación financiera, el tigrense aprovechó para pasarle factura a sus excompañeros del peronismo federal Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, quienes obtuvieron un 8% de los votos.

"Todavía faltan esas expresiones minoritarias, chiquitas, que vengan, los queremos tomar de la mano", deslizó, mientras desde lejos lo escuchaba atentamente el diputado y empresario textil massista, Ignacio De Mendiguren, quien más temprano en conferencia de prensa reiteró su llamado a un acuerdo económico y social.

Lo que dejaron claro en el Frente de Todos anoche fue la preocupación por evitar cualquier señal que pudiera ser interpretada como revanchismo. "No va a haber Ministerio de la Venganza, no vamos a correr el riesgo de bandearnos", explicaron. Asimismo, destacaron entre los aciertos haber instalado el debate en torno a las Leliqs y los medicamentos para los jubilados frente a la agenda "negativa" del macrismo. Ahora, el próximo paso de la alianza opositora será ir en busca de los votos que garanticen el triunfo definitivo en primera vuelta. Celebraron que en Córdoba, por ejemplo, achicaron la distancia a 18 puntos, mientras que en Santa Fe ganaron por 43% a 33%. La Ciudad, en tanto, fue otro territorio en donde hubo sorpresas, ya que Horacio Larreta venció a Lammens por 47% a 33%, una diferencia mucho menor a lo esperada.

"Ganamos en Almagro y en La Boca", le aseguró el presidente de San Lorenzo a su círculo íntimo anoche entre cervezas Otro Mundo y copas del malbec Nicasia Vineyard. El comentario risueño en clave futbolera revela un fenómeno nuevo: en el barrio de la bombonera donde Macri construyó su poder político, ahora crece la figura de un rival amenazante. Lammens es empresario y dirigente deportivo, como lo fue en su momento el Presidente, pero de signo opositor y despojado de la mística camporista.

Un estilo más "ciudadano" que Axel también empezó a cultivar, al menos en su estética. Anoche pasada la 1 de la madrugada, mientras el economista intentaba bajar un cambio y relajarse, sobre la avenida Corrientes todavía resonaban los bombos en un ambiente perfumado por el humo de los patis. Eran cientos de jóvenes de entre 20 y 30 años que ondeaban la bandera de La Cámpora y cantaban la marcha peronista. 

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