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Abrazos, citas a Alfonsín y celebración de la diversidad: un debut rebosante de gestos de reconciliación

Abrazos, citas a Alfonsín y celebración de la diversidad: un debut rebosante de gestos de reconciliación

Abrazos, citas a Alfonsín y celebración de la diversidad: un debut rebosante de gestos de reconciliación
Alberto se preocupó de dejar en claro sus diferencias de tono y estilo respecto de lo que fue el kirchnerismo de Cristina y bajó el tono confrontativo
Por Fernando Gutiérrez
11.12.2019 06.57hs Política

Reconciliación como prioridad número uno y como marca de la gestión de gobierno: eso fue lo que intentó transmitir Alberto Fernández en su jornada de asunción como presidente.

La necesidad de terminar con la "grieta" fue su tema recurrente, y no sólo en el discurso inaugural, sino que se preocupó de dejar muestras de ellos en los tonos y en los gestos. Ya desde su llegada al Congreso, tuvo situaciones de amabilidad como la de ayudar a Gabriela Michetti a desplazarse en su silla de ruedas. Y, sobre todo, al aparecer en escena Mauricio Macri lo abrazó efusivamente en tres oportunidades (al aparecer en escena, tras colocarle la banda y antes de que el ex presidente se retirara del Congreso).

Es decir, Alberto fue mucho más allá de lo que el protocolo le exigía. Podía haber cumplido con un saludo formal, pero quiso dar un mensaje potente de reconciliación. Que hasta contagió al público presente, que apenas tuvo abucheos tibios para el mandatario saliente.

Antes, la locutora oficial lo había presentado como "el presidente de la unidad de los argentinos". Y después, a la hora del discurso, se encargó de remarcar el tono conciliador.

Así, el mensaje empezó con un pedido de reconciliación y de superar "los muros que nos dividen", entre los que destacó el del odio y el rencor. Y se fijó –lo dijo varias veces- el objetivo de ser el presidente de un "nuevo contrato social" en el que el disenso de ideas no lleve a la fractura social. Fue más explícito al declarar que uno de sus objetivos era que en las mesas familiares se pudiera  volver a hablar de política sin peleas.

"No cuenten conmigo para seguir transitando el camino de los desencuentros", resumió.

Curiosamente no citó a Juan Domingo Perón, pero sí a Arturo Frondizi y dos veces a Raúl Alfonsín. Un gesto fuertemente simbólico, no solo en el sentido de guiño político a los dirigentes de la Unión Cívica Radical, sino también como una aceptación de la importancia del respeto a las instituciones republicanas. Algo, en definitiva, que contrastó con las posturas de sectores duros, que en los cuatro años macristas agitaron el fantasma del "helicóptero" y el final prematuro del gobierno.

En definitiva, se notó cierto cuidado por marcar distancia respecto del estilo agresivo que caracterizó al gobierno de Cristina Kirchner. Al menos en lo discursivo, hubo una clara intención de bajar el tono confrontativo.

Preparando el terreno para medidas conflictivas

Claro que el nuevo tono no implica que no haya medidas duras, polémicas y hasta conflictivas. A esto apuntó el otro pilar del discurso inaugural: la necesidad de asumir

sacrificios que les tocará a algunos sectores de la sociedad, más concretamente a quienes están en la punta de la pirámide de ingresos.

Por eso enfatizó sobre una "ética de prioridades y emergencias" y, reversionando una frase de Perón, dijo que los únicos privilegiados de su gobierno serán los excluidos que están en situación de riesgo alimentario.

Fue un mantra que repitió a lo largo de todo su discurso: priorizar a los que están en situación más desesperante, para que así estuviera mejor toda la sociedad.

Fue explícito al marcar que los sectores que están mejor posicionados tendrán que mostrarse solidarios y aceptar hacer su aporte mientras haya gente con hambre y a la que no se le puede pedir que sigan sufriendo el ajuste económico.

De esta forma, preparó el terreno para medidas que se sabe serán antipáticas y hasta conflictivas. Entre ellas, el aumento en las retenciones a las exportaciones agrícolas, el incremento en el impuesto a las ganancias que afecta a asalariados de clase media. Y, además, disminuciones en las rentabilidades del sector financiero y de las cadenas de distribución de alimentos.

También dio a entender se canalizarán prioritariamente recursos estatales –presuntamente del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses- hacia créditos subsidiados y préstamos no bancarios y a la financiación de un plan alimentario de emergencia.

Su principal alusión concreta al plan económico fue sobre la imposibilidad práctica de pagar la deuda pública en las condiciones actuales.

El mercado financiero ya asume que habrá un período de al menos dos años en el cual no se harán pagos. Aun así había reaccionado bien ante el nombramiento de Martín Guzmán como ministro de Economía –con una suba de bonos- pero esa mejora tuvo una marcha atrás luego del primer discurso presidencial. Analistas interpretaron que las señales de Alberto estaban siendo decodificadas como el anticipo de un default.

La justicia y mensajes tranquilizadores

El pasaje más "combativo" de la alocución de Alberto fue el dedicado a la justicia y las causas de corrupción.

El mandatario fue enfático al anunciar un "nunca más" para una justicia cuyos fallos cambiaran según el viento político de turno, o que echara mano a herramientas desprestigiadas como los agentes de inteligencia y los operadores judiciales.

Dijo que no habría margen para prisiones preventivas, y que no se puede considerar culpable a quien no tenga una condena firme. Fue algo que se consideró un anticipo de la pronta liberación de ex funcionarios como el ex ministro Julio De Vido. Y, sobre todo, un mensaje tranquilizador para la ex presidenta.

Si bien no la nombró, todos entendieron que estaba haciendo una reivindicación de la queja que tuvo Cristina en los últimos cuatro años, en el sentido de haber sufrido una persecución política por parte del poder judicial.

Hubo, sin embargo, quienes también consideraron que allí estuvo presente el intento de reconciliación. Después de todo, no es solamente Cristina quien tiene motivos para estar nerviosa por las causas judiciales. También Macri y algunos de sus principales colaboradores tienen investigaciones realizadas por dirigentes kirchneristas sobre presuntos hechos de corrupción en los últimos cuatro años.

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