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¿Batacazo?: politólogo advierte que la oposición está en su tope y que el peronismo puede recuperar votos

El politólogo y encuestador Luis Costa cree que el oficialismo tiene posibilidades de acortar distancias y anticipa el escenario político del "día después"
Por Fernando Gutiérrez
08/11/2021 - 17,52hs
¿Batacazo?: politólogo advierte que la oposición está en su tope y que el peronismo puede recuperar votos

Luis Costa es uno de los analistas de opinión pública más influyentes del ámbito político nacional. Tras una larga trayectoria al frente de Ipsos, conduce ahora su consultora independiente, desde la cual estudia la evolución de los procesos políticos argentinos. Conocedor profundo del kirchnerismo y su funcionamiento interno, anticipa qué puede ocurrir luego de las elecciones legislativas. El siguiente es el resumen de su charla con iProfesional.

-La mayoría de tus colegas apuntan a que en las legislativas se puede llegar a ampliar la ventaja que sacó la oposición en septiembre. ¿Cuál es tu visión al respecto?

-Es interesante el fenómeno de las especulaciones. Antes de las PASO no podía perder, después de las PASO parece que ahora es derrota amplia. Se va de un lado al otro sin demasiada pausa y creo que sin comprender algunos de los fenómenos asociados a lo que ocurrió efectivamente el 12 de septiembre.

La elección de hace unas semanas tiene algunas pistas más que interesantes. En primer lugar, Cambiemos volvió a repetir de manera sistemática lo ocurrido en las últimas tres elecciones. En general cercano a 38% y destacado comportamiento en el interior de la provincia de Buenos Aires. En el Conurbano su voto se hace más fuerte a medida que aumenta el nivel socio económico y de nuevo, como hace muchas décadas, no logra ganar en la zona donde más clase baja hay, que es la tercera sección electoral. Esto es fundamental ya que expresa una continuidad donde rápidamente se asigna un cambio en el comportamiento.

-O sea que no es impensable una recuperación del oficialismo…

-La derrota oficialista en las PASO expresa un rechazo en ese momento a la gestión nacional y en particular a la figura del presidente Fernández, pero eso no significó una migración de votos al partido rival. Es decir, que no es en Cambiemos donde se pueden encontrar los detalles del resultado, sino más bien en la huida y escapatoria a terceros partidos. La literatura de opinión pública tiene muy estudiado estos fenómenos de desencanto, unido a que las preferencias electorales, en procesos de enojo con sus partidos, en muy pocos casos se trasladan a los rivales. Esto es igual con la Democracia Cristiana y la Social Democracia en Alemania, con el PP y PSOE en España o con el Partido Republicano y el Demócrata en Estados Unidos.

¿Por qué es esto fundamental para pensar el futuro? Porque permite comprender que ni en el peor momento del gobierno nacional pudo Cambiemos aumentar o igualar su mejor performance y posee el desafío de obtener votos nuevos sin quedar del todo claro de dónde los podría lograr. Por ahora, parece más un partido en su tope, que otro con chances de seguir aumentando considerablemente.

En cuanto al peronismo, noviembre se ofrece con algunas ventajas. Habrá menos opciones en el cuarto oscuro. Se pasa de 24 boletas a solo 6 boletas. Eso solo va a ayudar a modificar la distribución. Por otro lado, el 12 de septiembre ofreció un fenómeno muy interesante. El acumulado de preferencias que no pasaron el 1,5% estuvo por encima del 8%. Por lo que se puede ver en la revisión de urnas y territorios que pudimos hacer, es que, a mayor porcentaje de selección de opciones menores, menor el nivel socio económico y más correlación con el voto peronista de 2019.

En resumen, los peronistas desencantados huyeron a cualquier lado antes de votar a Cambiemos; y esas opciones no van a estar disponibles en dos semanas. Podría pensarse en un resultado más ajustado, más que en una diferencia más extensa. De cualquier manera, la campaña oficialista depende de lo que haga la gestión, y hemos visto que ofrecer sorpresas. Nada está dicho.

Para el politólogo Luis Costa, el escenario post electoral reflejará las tensiones internas del Gobierno pero no llegará al extremo de que se produzca un estallido social
Para el politólogo Luis Costa, el escenario post electoral reflejará las tensiones internas del Gobierno pero no llegará al extremo de que se produzca un estallido social

-Específicamente sobre el tema de la concurrencia de los votantes que se ausentaron en las PASO, ¿será algo que necesariamente beneficie al oficialismo? La historia marca que esos votos que se suman en la segunda elección suelen ser ancianos, y en general votan a opciones más conservadoras…

-No sería tan tajante en relación a las edades y a las opciones conservadoras. Una persona adulta de González Catán vota diferente a una de la misma edad de San Isidro. En realidad, la clave la da el nivel socio económico y no las edades. Lo mismo pasa con la obsesión de describir a los jóvenes con términos rupturistas como "millenials" o cosas por el estilo. Los protagonistas del "mayo francés" son los abuelos de esos pibes y no podríamos decir que esa gente en su juventud no era rupturista.

Cambiemos produjo un episodio en las PASO, que lo dilataba para la elección general. Hizo mucho hincapié en que sus votantes fueran a votar ese día, de modo que es probable que los ausentes sean más bien ligados al peronismo y no a la oposición, que podría estar más cerca de su techo. De cualquier manera, hay bastante más gente por ir a votar, pero parece eso más marcado en territorios históricamente más favorables al peronismo que a otras opciones.

-Otra vez se instalaron los rumores sobre cambios de nombres en el gabinete y medidas drásticas para el día después de la elección legislativa. ¿Crees que, después de lo de las PASO, el gobierno está preparado para asimilar una nueva derrota? ¿O todavía hay riesgo de una ruptura interna?

-Entiendo que el gobierno probablemente esté esperando mejorar su desempeño y cualquier número por encima de lo que se obtuvo el 12 de septiembre puede ser motivo de supuesto festejo. No sé si todos los gobiernos del mundo harían lo mismo, pero en las condiciones que se encuentra la actual gestión nacional, subir puntos, sin que su rival suba al mismo tiempo de manera significativa, podría ser una suerte de alivio.

La reacción posible del gobierno va a estar condicionada por las tensiones internas. Esta es una experiencia política que no solo tiene a los enemigos en el exterior, sino en formas especiales al interior de esa gestión. Estos procesos de enemistades tienen el problema adicional de que no se resuelven, de modo que las tensiones se han convertido en eternas. Las derrotas electorales producen un aumento de la exposición de todos esos conflictos porque las partes de esa coalición se sienten en riesgo.

No creo que se esté preparando nada, ya que la planificación no forma parte del perfil de esta gestión. Habrá que ver qué se hace, de acuerdo a lo que suceda. Ya hemos visto que igualmente, la velocidad de reacción no es lo que mejor define al presidente.

-Se lo nota al Gobierno preocupado por instalar ante la opinión pública la imagen de que no es el culpable de la inflación. ¿La gente acepta ese argumento de que las culpas corresponden a "los pícaros que remarcan" o le atribuye la culpa a la política económica?

-Los que votan todavía al oficialismo o lo han votado en el pasado reciente, suelen adherir a esas ideas en las que el Estado debe ser quien intervenga para regular la economía. Los que prefieren un mercado más libre son los otros, los que de ninguna manera los votarían.

La clave de visión sobre ese tema se relaciona a preferencias política y de nuevo al nivel socio económico. A nivel masivo, es decir en términos de opinión generalizada, no se puede hablar de un público conocedor sobre teoría económica. Las claves están en las viejas tradiciones políticas y podríamos decir que no está tan errado, cuando piensa en lograr recobrar imagen, que intente acusar al mercado. No es probablemente lo ideal para el mercado, pero eso es una cuestión diferente, y en especial a dos semanas de las elecciones.

Esto expresa al mismo tiempo un problema más complejo. En Argentina, de manera creciente, menos gente transita por el mercado privado y más por el Estado o es directamente dependiente del Estado. Esto produce un acumulado de supuestos sobre las empresas que va en aumento, generando en grandes porciones de la población una mirada casi externa y llena de imaginarios.

En espejo, el universo privado se llena de personal que nada tiene que ver con el resto de la población dependiente del Estado y construye sobre esos también una mirada lejana y que estigmatiza a los otros. Ahí también hay una grieta muy compleja que se observa poco y que las tensiones políticas incentivan.

Según Luis Costa, es poco probable que el Gobierno haya planificado cambios internos del Gobierno, y lo que ocurra será producto de la dinámica entre las fuerzas internas de la coalición
Según Luis Costa, es poco probable que el Gobierno haya planificado cambios internos del Gobierno, y lo que ocurra será producto de la dinámica confrontativa en la interna de la coalición

-En los últimos días el gobierno ha dado señales contradictorias: por un lado radicaliza el discurso al hablar contra el FMI o acusar a los empresarios por la inflación, pero al mismo tiempo mantiene una relativa moderación fiscal -en contra de lo que pedía el kirchnerismo-. ¿Cuál es tu visión, hay una contradicción interna fruto de las diferentes visiones? ¿O se trata de la clásica situación de compensar con "relato" para la militancia al tiempo que se toman medidas "ortodoxas"?

-Es evidente que el gobierno tiene un claro perfil de múltiples rostros y que esas mismas contradicciones son las que mejor definen su forma de ser. El presidente, para cada definición, tiene una declaración de hace años diciendo exactamente lo opuesto; eso marca un perfil del que se ha compuesto también como característica de la gestión. Este es claramente el gobierno de Alberto, y no el de Cristina.

Se ha insistido mucho en la idea de dependencia, pero los enojos y las broncas de ella y de quienes responden a su liderazgo, expresan claramente el enojo que los idas y vueltas del mismo presidente generan entre el kirchnerismo. No es relato, es la forma de operar que tiene este gobierno y que obtiene con eso una dinámica donde prima la desconfianza entre los sectores internos.

Es bastante probable que Alberto prometa sistemáticamente a Cristina que hará o no hará cosas, que después no son cumplidas o quedan incompletas. El FMI es un caso que se ajusta perfectamente a esa dinámica.

-Hay otra vez preocupación por eventuales desbordes sociales en diciembre. ¿Crees que el gobierno logrará controlar la calle? En este momento, las organizaciones piqueteras, ¿jugarán un rol de aliado y contendrán el malhumor social, o por el contrario pueden exacerbar la conflictividad?

-Desde 2001 diciembre es el mes en el que todos esperan el Apocalipsis, y la verdad es que no hemos vuelto a tener desbordes de características similares. La clave va a estar en la capacidad del gobierno de atender a las demandas y es probable que la red del Estado, en todas sus formas, tenga la capacidad de hacerlo. Hoy yo no veo un escenario de conflicto social.