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El gran desafío: acordar con el FMI entre las urgencias de Alberto y la decisión final de Cristina

Esta coalición, con una modalidad bifronte, está enfrentado el principal desafío político que iba a enfrentar: la necesidad de acordar con el Fondo
Por Lucas Romero
14/01/2022 - 13,30hs
El gran desafío: acordar con el FMI entre las urgencias de Alberto y la decisión final de Cristina

La Real Academia Española define al adjetivo bifronte como algo que posee dos frentes o dos caras. Esa cualidad aplica con bastante precisión a describir la realidad del Frente de Todos, una coalición gobernante que, si bien puede mostrar múltiples caras, éstas podrían resumirse en dos: la cara de Alberto Fernández y la cara de Cristina Kirchner, los socios que dieron origen a este experimento el día que alumbraron el acuerdo para conformar una fórmula para "competir en primarias", según anunció la propia vicepresidenta.

La conducción y el rumbo de este ciclo ha estado principalmente determinado por la relación entre estas dos caras de la coalición gobernante. Una relación que no es simétrica, porque si bien Alberto Fernández ocupa la posición institucional dominante que le permitiría imponer su posición por sobre la vicepresidenta, el presidente nunca ha ejercido esa prerrogativa, posiblemente desincentivado por el poder relativo absolutamente dominante que ostenta Cristina Kirchner dentro de la coalición.

Un poder dominante, no solo en términos de alineamientos internos (la gran cantidad de dirigentes que sostienen más lealtad con ella que con el presidente), sino por los alineamientos externos (la gran cantidad de votantes del oficialismo que le reconocen a Cristina su condición de liderazgo dentro de la coalición).

 

La realidad es que no sería un inconveniente que haya diferencias dentro de una coalición de gobierno. Pero sí es un problema si quien tiene los recursos institucionales para ser el que dirima las diferencias (el Presidente) no lo pueda hacer por su situación de poder relativa frente a quien tiene los recursos políticos para imponerse (la vicepresidenta). Esta naturaleza de la coalición gobernante ha generado un mecanismo de toma de decisión que supone un doble conforme: las decisiones surgen de un proceso iterativo de consulta entre el presidente y la vice, hasta que la decisión obtiene el doble conforme que la legitime.

Esto no solo ha producido una marcada tendencia a la procastinación (las decisiones se demoran), sino que ha generado un mecanismo de toma de decisión que no siempre es recomendable, porque no siempre las mejores decisiones surgen del promedio de dos posiciones. En contextos de crisis, es recomendable que quien tiene la mayor responsabilidad en la adopción de las decisiones (el presidente) sea quien tenga la última palabra sobre la decisión. Algo que, bajo esta modalidad decisional del Frente de Todos, no ocurre.

"Es un problema si quien tiene los recursos institucionales para ser el que dirima las diferencias no lo pueda hacer por su situación de poder relativa frente a quien tiene los recursos políticos"

Esta iteración entre Alberto y Cristina, para la toma de decisiones de la coalición gobernante, puede ser analizada bajo la óptica de qué criterios conducen al actor fuerte de la sociedad, a Cristina Kirchner. Si está el deseo de cooperar o no con que el proceso decisional avance sin turbulencias, y si está el deseo de interceder o no para definir el rumbo. Combinando estas dos variables (cooperación y liderazgo), surge una matriz de escenarios para entender las diferentes formas de vinculación de ambos actores:

1. Gobierna Alberto

Este escenario muestra a CFK cooperando (deja que Alberto decida) sin incidir en el rumbo. Es el escenario propuesto en la campaña de 2019 y que posiblemente se mostró con mayor contundencia durante el comienzo de la pandemia. Pero que también parecía asomar en la carta de Cristina del 26 de noviembre después de las elecciones, donde volvió a remarcar que quien negocia con el FMI es el presidente. Claro que esa carta omitió que la propuesta que llevo la Argentina al organismo tuvo que ser avalada por la vicepresidenta. En definitiva, este es un escenario que se dio en pocas oportunidades, por no decir que no fue más que la propuesta electoral de 2019.

2. Doble comando

El escenario más descriptivo de todo el ciclo del Frente de Todos fue el doble comando (o doble conforme). Las decisiones transcendentes se toman con el aval de ambos, mostrando a Cristina cooperando, pero sin dejar de incidir en el rumbo. No sin pretender despegarse de eventuales resultados negativos. Un ejemplo de esta modalidad se vio en el discurso de Cristina Kirchner en el Estadio Único en diciembre de 2020 cuando pidió alinear tarifas, precios, salarios y jubilaciones para que la recuperación no se la queden "3 o 4 vivos". De esa manera, definió lo que sería el programa económico electoral, así como la decisión de postergar el acuerdo con el FMI hasta después de las elecciones.

3. CFK condicionando

A este escenario se llega cuando Cristina considera que Alberto está tomando una decisión relevante para el destino de la coalición a su parecer equivocada y sin su aval. Esta situación es la que se observó en la carta del 16 de septiembre posterior a la derrota de las PASO y donde Alberto y Cristina no se pusieron de acuerdo en cómo reaccionar al resultado electoral. Cristina presionó públicamente al presidente para cambiar el gabinete, amenazando con la renuncia de todos los funcionarios de su confianza. Logró condicionar esa situación, con el presidente echando a funcionarios de su extrema confianza o moviéndoles de posición. El episodio demostró que cuando la vicepresidente ve en riesgo su propio futuro político, no escatima en recursos para condicionar al Presidente.

4. Quiebre del FdT

Este escenario aún no lo hemos visto, porque siempre ha sido más conveniente conservar la unidad de la coalición que romperla, incluso para Cristina. Por ello, nunca llegó a la instancia de no cooperar y de desentenderse del rumbo. Este escenario será difícil de observar, salvo que el proceso (sobre todo el económico) se encamine a una situación de deterioro tal que haya más incentivo a abandonar un barco que se hunde a pretender infructuosamente rescatarlo. En buena medida, el desafío de resolver la negociación con el FMI pone por delante opciones que podrían llevar a un nivel de deterioro la cosa que agigante la posibilidad de darse las condiciones para una ruptura.

 

Lo cierto es que esta coalición, con esta modalidad bifronte, está enfrentado el principal desafío político que iba a enfrentar: la necesidad de acordar con el FMI la reprogramación de los vencimientos del Stand By de 2018. Por lo pronto, el asunto y la estrategia terminó encarándose cuando ya no había más tiempo para dilatarlo. Y la decisión de ir a tratar de acordar (y la propuesta presentada) surgió bajo la modalidad de doble conforme. Guzmán tuvo que consensuar con Cristina la propuesta que finalmente fue rechazada por el FMI.

Ahora enfrentamos la segunda iteración de la negociación, donde la Argentina está tratando de acercar posiciones en algunos de los puntos planteados por el organismo (Monetario, Cambiario, etc.), pero se mantiene firme en otros como en el sendero de corrección fiscal propuesto originalmente. Nos resta saber si el FMI cederá en el terreno fiscal, y si no cede, saber si Cristina cederá para acercar posiciones.

"Se demostró que cuando la vicepresidente ve en riesgo su propio futuro político, no escatima en recursos para condicionar al Presidente"

Esas dudas, así planteadas, dan testimonio de que creemos que de ninguna manera podrá haber acuerdo sin el aval de Cristina. Es la vicepresidenta quien determinará los márgenes para negociar y acordar con el FMI, algo que no sorprende visto cómo ha funcionado esta coalición. Y si la duda es cuánto cederá Cristina si el FMI no cede, solo queda tratar de comprender qué interpretación política podría hacer Cristina de esa inflexibilidad. Sobre todo, viniendo de parte de quienes -según cree la vicepresidente- financiaron la campaña de su rival político para ganarle la elección de 2019. ¿Por qué no podrá Cristina sospechar que utilizarán el acuerdo para condicionar al Frente de Todos para favorecer un triunfo de la oposición?

En definitiva, pareciera que las posibilidades de un acuerdo dependen más del grado de flexibilidad o no que tenga el FMI con los objetivos fiscales de la Argentina, más que del grado de flexibilidad o no que tenga Cristina de permitirle a Guzmán acercar la propuesta a la que pide el FMI. Algo que invita a ser cautelosamente optimista, por no decir razonablemente pesimista sobre cómo terminará el asunto.

Lucas Romero es politólogo y director de Synopsis Consultores

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