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Clave para arreglar la economía: ¿está Argentina preparada para ordenar su política?

La economía argentina enfrenta desafíos, pero antes de solucionarlos debe ordenar su política. ¿Habrá voluntad para tomar las decisiones necesarias?
Por Lucas Romero
01/08/2023 - 19,32hs
Clave para arreglar la economía: ¿está Argentina preparada para ordenar su política?

Los economistas argentinos, habituados a realizar descripciones descarnadas de una economía que no deja de sorprender por las excentricidades de su mal funcionamiento, terminan habitualmente señalando que solucionar nuestros problemas económicos es posible, pero que antes que ello ocurra será necesario que se "ordene la política". No haciendo necesariamente referencia a la necesidad de encarar un proceso de reformas políticas profundas desde el punto de vista institucional, pero sí poniendo el énfasis en que para que las decisiones correctas se tomen, tienen que estar dadas las condiciones políticas para tomarlas

Así como en la vida, tomar la decisión de hacer lo correcto implica hacer un esfuerzo, en la política para tomar decisiones difíciles se requieren condiciones políticas propicias para ello. Teniendo en cuenta esta observación de los economistas, el proceso electoral que está a punto de iniciar debe devolvernos una determinada configuración del sistema político que sea adecuada para tomar las decisiones que hay que tomar.

Esto implica la necesidad de construir una voluntad política capaz de producir esas decisiones, la cual no se limita solo a la determinación o convicción del Presidente, sino que requiere la confluencia de una serie de voluntades de una multiplicidad de actores políticos, sociales y económicos que le otorguen a las decisiones el consenso político y social para que sean sólidas y convincentes. 

Quizá hoy hay una ventaja, que es la de tener aquella certeza de la que hablaba Cantinflas, de que estamos peor, pero estamos mejor, porque antes estábamos bien pero era mentira, mientras que ahora estamos mal pero es la verdad. El nivel de conciencia de nuestros problemas hoy está más extendido, pero ello no impide que se vuelva necesario construir una voluntad política para poder comenzar a tomar las largas decisiones que haya que tomar para arreglar la economía argentina. Y decimos largas porque deberán ser sostenidas en el tiempo con mucho empeño, dedicación y astucia para que produzcan los cambios que son necesarios.

Finalmente, ¿se ordena la política?

¿Estamos cerca de que la política se ordene? Hemos estado lejos de ello en los últimos 10 años, y el estancamiento económico de estos años así lo deja en evidencia. Desde el mandato de Cristina Kirchner que no tenemos a la política ordenada para la toma de decisiones. Lamentablemente, en aquel entonces ese orden producía decisiones equivocadas. Así, Cristina Kirchner entregó, teniendo plena autonomía para no hacerlo, una economía con serios desequilibrios acumulados que ya son la génesis de esta crisis que persiste hasta el día de hoy.

Luego de Cristina Kirchner llegó un gobierno de minoría, el de Mauricio Macri, que no contaba con las condiciones políticas para tomar decisiones, y buscó primero durar antes que decidir. Sin embargo, le tomó tanto tiempo el esfuerzo de durar (hasta ganar la elección de medio término), que cuando ganó y sí se dispuso a empezar a tomar las decisiones postergadas, el mercado le cortó el financiamiento que le venía dando vida a su gestión económica. Y vino lo que vino: el esfuerzo de corregir los desequilibrios rápido y por la fuerza se llevó puesto a su gobierno con una derrota electoral en la elección presidencial 2019. 

Tres períodos presidenciales sin tomas de decisiones relevantes.
Tres períodos presidenciales sin una política ordenada para la toma de decisiones relevantes.

Allí apareció Alberto Fernández al frente de una coalición que tenía condiciones políticas propicias para tomar decisiones, pero carecía de un liderazgo para ejecutarlas. Alberto Fernández nunca ejerció su liderazgo presidencial para resolver los conflictos internos que había dentro de la coalición, y que impedían la toma de decisión. Tenía la ventaja de que buena parte de la tarea difícil ya la había hecho Mauricio Macri, pero apareció la pandemia y lo hizo retroceder varios casilleros para atrás. Esta funcionó como una gran excusa para procrastinar las decisiones y así volver a la senda de corrección de desequilibrios. Todo ello en el contexto de las serias dificultades que tuvo Alberto Fernández para gobernar su coalición. 

A diferencia de Macri, Alberto Fernández no tomaba las decisiones que había que tomar no con el objetivo de durar, sino para que no se rompa la coalición de la cual forma parte. Y cuando tuvo que decidir (por la urgencia de vencimientos con el FMI), resolvió acordar con el FMI sin el aval de Cristina que no estaba de acuerdo con acordar, lo cual resultó en la ruptura de la coalición. Es decir, Alberto Fernández tenía razón, nadie más que él sabía perfectamente que estaba imposibilitado para tomar decisiones. En definitiva, tuvimos en estos 4 años una coalición que no estaba en condiciones de producir las decisiones que la economía necesitaba.

La economía y la oportunidad de 2024  

Entre los 4 años de malas decisiones de Cristina, los 4 años de mitad de no decisiones y mitad de decisiones por la fuerza de Macri, y los 4 años de indecisiones de Alberto Fernández, el sistema político argentino ha evitado (o ha estado imposibilitado de) tomar las decisiones necesarias para sanear la economía argentina de desequilibrios, y permitir así que esta pueda funcionar normalmente, más o menos como funciona en la gran mayoría de los casi 200 países que habitan este planeta.

Entonces, la pregunta que surge es: ¿se podrá ordenar la política en 2024? Esto dependerá en gran medida del resultado electoral. De si el resultado electoral nos proporciona un presidente con fortaleza y liderazgo político, y una coalición que sea capaz de reunir consenso político y social detrás de las decisiones por tomar. 

En ese sentido, habrá cuatro dimensiones que deberán ser inteligentemente ecualizadas para encontrar el punto de equilibrio justo para poder avanzar en los cambios necesarios y posibles de implementar con éxito. En primer lugar, estará la tarea de definir la profundidad de los cambios que se buscarán alcanzar en el orden político y económico, la cual definirá la segunda y la tercera dimensión del proceso, que son la fortaleza política que se requerirá para encarar esos cambios y la resistencia que se encontrará en el camino. Cuanto más profundos y radicales sean los cambios buscados, se requerirá más fortaleza política y se encontrarán más resistencias. En cambio, si los cambios son menos profundos y más progresivos, será necesaria menor fortaleza política y se encontrará menor resistencia. 

Claro está, todo ello sin negar que los cambios deberán ser los mínimamente necesarios para atender las necesidades de cambio que demanda la economía. Se puede discutir la profundidad, pero hay un umbral mínimo de cambios que deben ser implementados para que haya un cambio real y no una continuidad.

El cambio de Gobierno, una nueva oportunidad para el sistema político.
El cambio de Gobierno, una nueva oportunidad para el sistema político.

Y finalmente está la última dimensión que es la expectativa de la gente o, para ser más precisos, su paciencia. La estrategia deberá equilibrar la profundidad del cambio buscada, la fortaleza política necesaria y los niveles de resistencia tolerables para que todo ocurra dentro de los parámetros que la paciencia social ofrezca. Casi que la fórmula para ello será ir todo lo rápido que se pueda y todo lo lento que sea necesario. Pero, en todo caso, para cubrir todas estas necesidades, se requiere de una estrategia que más que corajuda deberá ser inteligente, porque lo importante no es la voluntad de cambio sino la capacidad efectiva de producir los cambios necesarios.

En definitiva, la política se ordenará si el proceso electoral nos devuelve todo esto que hemos resumido aquí a riesgo de exagerar en la simplificación. Hace ya tiempo que la Argentina necesita que su sistema político produzca lo que producen los sistemas políticos: decisiones. Y necesitamos además que esas decisiones sean las correctas, obviamente. Pero para ello no se requiere solo de la voluntad de un presidente, sino también de la inteligencia de un presidente que sea capaz de construir los niveles de acuerdo y consenso necesarios para construir la voluntad política necesaria y de esta manera avanzar en la toma de decisiones correctas.

Sin coraje no se puede, pero con coraje no alcanza, es necesario además que haya inteligencia para que las decisiones que hay que tomar se puedan efectivamente tomar y ejecutar con éxito. Todo esto significará, en última instancia, que la política se ha ordenado.

Por Lucas Romero, politólogo y director de Synopsis Consultores.

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