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Postales de la cuarentena: el desafío de conciliar el teletrabajo y la continuidad escolar de los chicos en casa

Postales de la cuarentena: el desafío de conciliar el teletrabajo y la continuidad escolar de los chicos en casa
El teletrabajo tiene años. Pero no su convivencia con las tareas que los chicos deben realizar en casa en simultáneo. Nueva experiencia en primera persona
Por Andrea Catalano
17.03.2020 11.11hs Tecnología

Primer día de cuarentena social obligatoria. Primer día de un combo, hasta ahora, inédito, al menos en mi hogar: teletrabajo más teleducación. Primer día de un tiempo de aprendizaje que pasará por conciliar los tiempos de mis obligaciones con las de mi hijo Jairo y sus demandas, lógicas, en el marco de sus tareas. De un aprendizaje que su maestra, Paula, también recorre junto con otras docentes cuando nos explica cómo se van a organizar estos días vía un video que nos manda a través del grupo de madres/padres de Whatsapp.

Hasta ahora, cada una de las situaciones descriptas es conocida por cualquier trabajador que puede realizar toda o parte de sus obligaciones laborales mediante un dispositivo conectado a internet. Los chicos, en escuela pública o privada, tienen en general una computadora donde suelen realizar actividades escolares. Al menos en la Ciudad de Buenos Aires. Todos quienes tenemos hijos en el colegio formamos parte de un grupo de Whatsapp, o de varios, según el caso.

Hasta acá, un mundo conocido. No así el del primer día de cuarentena social obligatoria. Es tiempo de aclarar con hijo que estas no son vacaciones y que habrá que mantener un orden hasta que se vuelva a clases.

Y arranca la catarata de órdenes en picada, aunque Jairo mide casi lo mismo que yo y si esto sigue así, creo que al final de esta cuarentena las daré en contrapicada, con mi mirada hacia arriba:

- Estas no son vacaciones y vas a cumplir en casa el mismo horario que en la escuela, aunque sin la obligación de que tengas que levantarte a las 7 de la mañana.

- Lo primero que hacés después de desayunar es traer la compu y ver las actividades que Paula dejó para el día.

- Lo que hay para hacer en el día lo terminás en el día.

- La Play no se usa hasta después de las 16.30, con el máximo permitido en época de clases. Lo mismo para el resto de las pantallas.

- No puede venir ningún amigo a casa, y no podés ir a la casa de nadie.

Finalizado el primer punteo escolar-doméstico vuelvo a mi computadora –yo también estoy trabajando- y la secuencia siguiente es que Jairo, en vez de traer su computadora, sus carpetas y el resto de sus libros, se pone a pensar cómo hacer un aro de básquet. Claro, además de la escuela, se suspendieron las actividades deportivas. El está buscando cómo satisfacer, también, la falta de adrenalina que experimentará en estos días porque dejará de practicar sus volcadas.

Entonces yo me distraigo. Y como me divierte resolver cosas con lo que hay disponible le tiro un par de ideas. Hasta que me doy cuenta que abandoné lo que yo estaba haciendo y que si bien él había entendido mis órdenes no había considerado que eran de cumplimiento inmediato.

Primera discusión.

Porque, en esta instancia, no es suficiente con organizar el teletrabajo propio. Hay que ver cómo conciliarlo con la teleducación de tus hijos.
Acto seguido, Jairo se parapeta con su compu, su carpeta, sus cuadernos, su cartuchera. Le muestro el video de Paula donde explica cómo va a organizar las actividades. "Es una situación nueva para nosotras y vamos a ir aprendiendo día a día, y vamos a ir contándoles cómo nos vamos a seguir manejando" detalla la mestra. Sí, entramos todos en un camino de aprendizaje nuevo.

Termina de ver el video y me negocia: "Ma, primero voy a hacer la tarea de matemáticas que nos dieron el viernes, así ya la termino. Y mañana hago lo de hoy y lo que manden mañana". Acepto. En definitiva tenemos que inaugurar esta otra cultura.

Ponemos primera otra vez

Jairo arranca con sus cosas. Yo vuelvo a las mías. Así estamos un rato, sería imposible determinar exactamente cuánto pasó. Y entonces, mientras la tele actualiza los datos sobre infectados de coronavirus y yo repaso a quiénes llamé y a quiénes no por la nota que tengo en produccion, vuelve el "Ma, si el divisor es 9 y el cociente es…"

Entonces levanto la cabeza para, con la rapidez de la fibra óptica dejar el rompecabezas de respuestas que tengo y llegar a esa nota y ese título que necesita tener las palabras que el algoritmo de Google hará que se lea, para entender qué me está preguntando. Lo miro, y le pido que me repita.

Otra vez, con la misma velocidad anterior intento remontarme a tres o cuatro décadas atrás, cuando yo iba a la primaria, recordar cómo me lo enseñaron a mí, comprender cómo se lo explican a él y tratar de orientarlo para que él mismo encuentre su propio camino de razonamiento. Porque si yo le explico como me lo aprendí yo lo voy a confundir más.

Lo logra. Nos metemos otra vez en nuestros asuntos. Y viene la hora de resolver problemas.

La historia se repite. Porque, claro, cómo no me va a interrumpir si eso es lo que sucede en la escuela todo el tiempo, donde sus docentes están para responder cada una de sus dudas a cada momento. Mi hijo está comportándose como cualquier chico en edad escolar. Sólo que a su lado está su madre, teletrabajando, y no su maestra.

El resultado es que mis tareas están retrasadas. Ya empecé dos veces la nota que debo escribir y no estoy convencida. Acelero las llamadas, me llegan mensajes, a veces respondo rápido, a veces no, a veces cualquier cosa. Es que debo terminar, ya está avanzando la tarde y todavía no pude estructurar bien mi rompecabezas de respuestas.

Miro la mesa. Es un caos. Lindo, pero un caos. Me desquito por Twitter. Me llegan respuestas, varias de ellas sobre cómo organizar el teletrabajo en casa. Sí, compro, acepto, está bien. Lo practico desde que Jairo estaba en mi panza. Pero conciliar mi teletrabajo con la demanda que, con razón y lógica, plantea un chico mientras hace sus tareas es otra historia. Ellos también aprenden en ese pequeño caos ordenado que es el aula, con sus maestros y sus compañeros, y difícil de replicar en casa.

"Ma, extraño la escuela. La paso mejor ahí", me dice. ¡En el primer día de cuarentena social! Lo entiendo. Cada pregunta suya abre mis ojos como platos. Reacción muy alejada de la que sé recibe de su maestra. ¿Hace falta explicar cuál prefiere?

Las actividades que la escuela le da a los chicos no tiene horarios. Es decir, no hay una hora para que todos se encuentren mediante alguna aplicación a seguir una clase, una explicación. La maestra deja tareas y cada hogar va administrando del mejor modo. Así se ha planteado en este esquema de emergencia a partir de las decisiones oficiales.

Organizar el hogar en esta cuarentena social es un desafío. "Se suele hablar mal de lo digital pero es lo que nos permite en estos días salvar vidas y ser una comunidad unida", lo que dijo el escritor Alessandro Baricco en diálogo vía streaming con su par español Jorge Carrión, mientras cierro, finalmente, mi nota.

Sí, Alessandro, nos salva las vidas, estamos de acuerdo. Pero no sabés lo difícil que es conciliar los mundos digitales del trabajo y de la escuela en el hogar en simultáneo. Y esto es recién el principio.

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