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Vinos que hablan del lugar: así son las novedades de los hermanos Durigutti

Vinos que hablan del lugar: así son las novedades de los hermanos Durigutti
Héctor y Pablo le siguen dando vida a su proyecto que busca afianzar a Las Compuertas como una zona de clase mundial. Una historia de vinos y de gente
Por Juan Diego Wasilevsky
02.10.2019 16.05hs Vinos & Bodegas

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Pablo frena la camioneta, se baja y desde unos 40 metros de altura contempla las poco más de 30 hectáreas que, junto a su hermano Héctor, tienen en Las Compuertas, Luján de Cuyo.

Señala hacia el horizonte y marca dónde estará la futura bodega, que trabajará de manera independiente a la que tienen ya desde hace cerca de 15 años. Y también marca, un poco más hacia el oeste, la zona donde se levantará –según el plan maestro que idearon- una suerte de pueblo, con servicios básicos, como despensa o panadería.

Los hermanos Durigutti buscan recuperar la idea de comunidad alrededor de los viñedos, pero esto no entendido como el avance continuo de los countries, que demandan cada vez más espacio y más agua para regar los jardines y van arrinconando a las fincas productivas. Por el contrario, esta familia de hacedores de vinos, buscan revivir esa identidad genuina de personas que viven por y para el vino, de manera sustentable con el entorno.

Es una mirada un poco nostálgica, tal vez, pero que es parte de la experiencia que tuvieron de chicos, cuando se subían a un viejo camión para recolectar uvas en Rivadavia. Y también es lo que están viviendo en cada vendimia cuando cruzan el océano para llegar a Galicia, España, al pueblo de Ribadavia, "con b", como remarca siempre Pablo, donde tienen una bodega propia, luego de un proceso de restauración y, lo más importante, de ganar la confianza de la gente del lugar.

"Ahora, nos despertamos y nos encontramos con pan recién hecho en la puerta de casa", dice Pablo con una sonrisa, antes de agacharse y volver a enfocarse en Las Compuertas. Mueve un poco el suelo, habla de cómo se formaron los sustratos, señala un lecho por donde pasaba un río y cómo esa mineralidad a la que todos hoy buscan en el Valle de Uco, también está en ese pedacito de Las Compuertas.

En eso llega Héctor en su camioneta. Empieza a hablar del capataz de la finca, que tiene su casa dentro de la finca, a unos 200 metros de donde están parados ahora los hermanos y que vive en el mismo lugar de toda la vida, donde vivió también su padre.

Le acaban de hacer una casa completamente nueva, para que esté más cómodo, si bien él se sentía a gusto en la vivienda que tenía y que estuvo en el mismo lugar de siempre, décadas y décadas, custodiando el viñedo de Las Compuertas. Héctor comenta que había pasado unos minutos para tomar unos mates con él y charlar un poco de las vides y también rememorar historias de cuando quien ahora cuida las uvas era chico y corría por los mismos viñedos. Cuando charlan, dice Héctor, es como si el tiempo se detuviera.

En definitiva, el proyecto de los hermanos Durigutti es un proyecto de vinos, pero también de su gente. De hecho, cada vez que hablan de vinos,  los Durigutti siempre mencionan a las personas. No hay vez que no lo hagan.

Los hermanos Durigutti, durante la última presentación en Buenos Aires. 

Es importante señalar esto para entender la importancia que le asignan a su línea de vinos Proyecto Las Compuertas, que vio la luz en 2017. Porque más que una familia de etiquetas, es todo un viaje, que incluye el aprendizaje que tuvieron desde que iban al viñedo familiar en Rivadavia, hasta que entendieron un terroir y una forma tan diferente de hacer vinos como en Ribadavia "con b".

"Este proyecto no ha sido azaroso, ha sido el resultado de un largo camino recorrido, con mucha dedicación y paciencia. Hoy se vuelve a hablar de Las Compuertas como 'nueva' zona vitivinícola, cuando en realidad es una de las regiones más antiguas de Mendoza", afirma Héctor.

Cuando arrancaron en 2017, lanzaron cuatro etiquetas de partidas limitadas: un Malbec, otro Malbec elaborado a partir de cinco perfiles de suelos diferentes, un vino de Criolla de parral y un exótico Cordisco.

Ahora, los hermanos Durigutti están presentando dos nuevos ejemplares, elaborados a partir de la misma finca de 31 hectáreas: Proyecto Las Compuertas Cabernet Franc 2018 y Proyecto Las Compuertas Charbono 2018.

Esta última es una uva que seguramente no te resulte conocida, pero que definitivamente la probaste muchas veces, dado que no es otra cosa que Bonarda, como se la conoce en otros mercados del exterior, como el de los Estados Unidos. ¿Y qué ofrece? Ante todo, se destaca por la fruta roja, súper intensa, acompañada por notas de hierbas y algo balsámicas. En boca es jugoso, redondo, de taninos definitivamente amables que jamás incomodarán al paladar, sumando un pulso ácido sutil pero que alcanza para darle brío. Deja flotando una rica sensación a frutas negras que permanecerán un largo rato. Este vino ya está disponible a un precio sugerido de $808. 

 

¿Por qué optaron por nombrar a esta variedad como Charbono (como se la conoce en Estados Unidos) y no como Bonarda Argentina? Frente a esta pregunta, Héctor explica que "la Bonarda Argentina históricamente tuvo una valoración depreciada, mayormente asociada a un segmento de precio bajo y con una percepción de calidad regular, por lo que siempre fue un gran desafío como enólogos interesados en reposicionar esta variedad darle relevancia, dotarla de una entidad propia.

"Hoy se presenta un nuevo desafío que va más allá del mercado interno, nuestro objetivo es poder ser competitivos en un mercado de exportación clave, como Estados Unidos. Entonces, esta decisión responde a nuestro foco en desarrollar este vino como producto de exportación y aspirar a competir en un segmento de precio mayor", completa.

Sobre cómo decidieron elaborarla como varietal, Héctor explica que "la encontramos mezclada entre el Malbec de más de 100 años, y decidimos reproducir su material genético para obtener una Bonarda 100% de Las Compuertas, porque esta variedad siempre estuvo en nuestro interés y nos caracterizó, dado que con mi hermano crecimos en el este mendocino, la zona de mayor producción de Bonarda".

Respecto de Proyecto Las Compuertas Cabernet Franc 2018, hay algo importante que tenés que tener en cuenta apenas lo descorches y lo pruebes: detenete en la experiencia que ofrece en boca, de la mano de una energía ácida constante, que le imprime vida a este vino de pulso elegante y taninos pulidos. En nariz se siente la pureza del lugar, con fruta roja brillante ultra definida y un dejo herbal suave. Los Durigutti hablan de transmitir el terroir sin interferencias y definitivamente lo consiguen con este tipo de vinos.

 

"En todos los viñedos antiguos siempre hubo un cierto porcentaje de distintos varietales, como por ejemplo el Cabernet Franc. Estimamos que en este caso hay historia de más de 100 años. Por eso durante los últimos diez años fuimos trabajando para reproducir esas plantas y, así, lograr una pequeña plantación propia con ese material genético. Donde hoy tenemos Cabernet Franc es una zona fría, está plantado sobre suelos pedregosos y de acá nacen vinos donde predomina la elegancia junto con una marcada acidez", resume el enólogo.

"Nosotros vimos ese valor desde que compramos el primer pedacito de finca en el 2007 y desde entonces le hemos puesto mucho esfuerzo y corazón a esta zona para volver a instalarla en el mapa. Gracias al éxito de Proyecto Las Compuertas hoy se puede hablar de este origen más allá de Argentina, hoy llegamos con nuestros vinos y con Las Compuertas, además de Estados Unidos, a mercados europeos como Reino Unido, Alemania, Holanda o Suiza. Estamos comunicando Las Compuertas al mundo y somos conscientes de la importancia de revalorizar este territorio, de conservar su ADN, de ser portavoces de ello con nuestros vinos", completa Héctor.

"Nuestro lema es ser intérpretes de nuestro origen, ser capaces de volcar en un vino la interpretación de un lugar, de un terruño, ser artífices de volcar nuestro conocimiento para que una zona hable dentro de una copa y para probar con qué variedades dentro de esa misma región se pueden lograr nuevos ejemplares interesantes para beber", agrega, no sin antes recalcar que "es un proyecto de vida, no solo de vinos, por eso su futuro es realmente motivador". 

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