Tras el hundimiento del crucero, el cuento de los "dos capitanes" cautiva a los italianos
Tras el naufragio, el comandante de la Guardia Costera de Giglio se transformó en héroe, mientras que el del Costa se convirtió en la humillación nacional
En todo cuento hay un héroe y un villano. El primero destaca por sus cualidades y su honor, mientras que el segundo es el "odiado" por el público y sus acciones complican el desarrollo de la historia.
Si bien esa es una descripción genérica, se aplica casi a la perfección al cuento de los "dos capitanes" que está cautivando en estos momentos a Italia.
No se trata de una obra de ficción, sino que es de la vida real. Concretamente, la historia surgió tras el naufragio del Costa Concordia y los protagonistas son el comandante de la Guardia Costera de Giglio y su par del crucero naufragado.
El oficial de la capitanía Gregorio de Falco actuó con lucidez cuando el barco se hundía. En cambio, el empleado de Costa Francesco Schettino "huyó" del lugar de los hechos, según demuestran diversos testimonios y grabaciones.
De hecho, en una de ellas quedó registrado como De Falco le ordenaba furiosamente al capitán del crucero italiano naufragado que volviera a bordo y coordinara el rescate, mientras que éste se negaba con vagas excusas.
Y esto convirtió a De Falco sin querer en un héroe instantáneo, al que se le atribuye haber salvado el honor nacional en una de sus noches más oscuras.
En en el extremo opuesto, los periódicos han mostrado a Schettino como un cobarde por huir ante la adversidad. Ahora está bajo arresto domiciliario acusado de homicidio múltiple, causar un naufragio y abandonar el barco.
"Escuche, Schettino, puede que se haya salvado usted del mar, pero lo dejaré muy mal. Lo haré pagar por esto. ¡Suba a bordo, 'cazzo'!", gritó De Falco durante una conversación por radio de 4 minutos que se hizo pública el martes.
La palabra malsonante "cazzo", una forma vulgar de referirse al órgano sexual masculino, se utiliza habitualmente para dar énfasis a una frase, de forma similar a "suba a bordo, maldita sea", explicó Reuters.
Tal fue el impacto que tuvo esta grabación al darse a conocer que el miércoles por la mañana ya había camisetas con la frase en italiano "Vada a bordo, cazzo!". (Lea más aquí).
Además de resaltar la frase en camisetas, los medios también homenajearon a De Falco con título como "Gracias, capitán". Aunque ese es el más moderado titular elegido el miércoles por el mayor diario del país, el Corriere della Sera, reflejando la gratitud de los italianos, que ven el comportamiento de Schettino como una vergüenza nacional.
"Dos hombres... dos historias, una que nos humilla, la otra que redime. Gracias, capitán De Falco, nuestro país necesita mucho a gente como usted", indicó el periódico.
Una conversación que catapultó a un ídolo poco habitualEl diálogo entre De Falco y Schettino tuvo varios momentos memorables. Un ejemplo es cuando el "capitán héroe" le dice a su "colega malvado": "¡Vuelva a bordo! ¡Eso es una orden! No hay nada más que tenga que considerar. Usted ha abandonado el barco. Ahora yo doy las órdenes. Vuelva a bordo. ¿Está eso claro?".
Y esta conversación escuchada por miles de italianos y por millones de personas en el mundo entero catapultó a un nuevo "ídolo" italiano un poco habitual.
De Falco tiene 48 años. Se está quedando calvo y, de uniforme, parece más bien el metre de un restaurante exclusivo en la costa de Amalfi que un atractivo aventurero.
"No soy ningún héroe", les dijo este miércoles a los periodistas cuando entraba en la oficina de la magistratura en la ciudad toscana de Grosseto para declarar sobre el incidente.
A juzgar por los comentarios en Twitter, Facebook y otros medios sociales, los italianos, que viven en un país que muchos creen manchado por la corrupción y los problemas económicos, no están de acuerdo.
"Son hombres como de Falco los que deberían estar gobernando. En su lugar, estamos llenos de hombres como Schettino", opinó en un tweet Sofía Rosada.
Algunos han aludido incluso a las figuras de Jesucristo y Judas Iscariote, un salvador y un traidor.
A juzgar por las noticias sobre que De Falco es por lo general de palabras suaves, sin pretensiones e incluso tímido -cuando no se enfrenta a un naufragio- es probable que quiera rechazar esa ascensión inmediata a la santidad, indicó Reuters.
Pero puede que lo conmueva un tweet de un chico italiano llamado Salvatore Garzillo: "La próxima vez que alguien me pregunte qué quiero ser de mayor voy a responder: 'un hombre como De Falco'".