Pese a todo, el delito cae en el primer mundo
Un desafío a las teorías tradicionales: aun en un contexto de desempleo y descontento social, las estadísticas revelan una fuerte baja en la criminalidad.
No todo pinta tan mal en este mundo convulsionado. Contrariando los pronósticos apocalípticos, las cifras de criminalidad están cayendo en el mundo desarrollado, lo cual abre una ventana de esperanza para las naciones latinoamericanas preocupadas por este creciente problema.
El tema fue tratado recientemente por la revista británica The Economist, que analiza un fenómeno aparentemente contradictorio y sin explicación a la vista. La tasa de criminalidad en Estados Unidos y Europa está cayendo, aun cuando las situaciones clásicas señaladas como motivos de delincuencia siguen vigentes.Por caso, la crisis económica y los problemas de empleo (típicos rubros señalados desde la izquierda), así como los cambios en los núcleos familiares y en la cultura (temas preferidos por la derecha) han continuado su camino, sin que ello haya implicado un empeoramiento en la comisión de delitos.Más bien al contrario, los números expresan con elocuencia una mejora. El año pasado, en Nueva York fueron robados menos de 10 mil autos, cuando en 1990 el registro llegaba a 147 mil. En Gran Bretaña, durante la década de los '90 se registraban 500 robos en bancos por año, pero en 2012 la cifra cayó a 69.La situación está desafiando a los analistas a cambiar su enfoque tradicional. La revista destaca que esto ocurre incluso cuando aumenta la cantidad de jóvenes crecidos en hogares con un solo padre, y que han pasado una enorme cantidad de horas entretenidos con videojuegos, lo cual vendría a echar por tierra las teorías que apuntaban a la disolución de la familia tipo como culpable por las conductas delictivas.El tema está en pleno debate, pero The Economist sugiere que habría que buscar por el lado de las notorias mejoras técnicas en la prevención y la actividad policial. Cámaras, alarmas, bases de datos de ADN están teniendo una fuerte influencia en estos cambios.En cambio, la adopción de sanciones más duras para los delincuentes no parece ser una medida efectiva. En Estados Unidos, donde la población carcelaria crece, no hay mejores estadísticas que en Holanda y Alemania, por ejemplo, donde hay cada vez menos presos. Por otra parte, en la ciudad de Nueva York, donde la cantidad de presos cayó un 25 por ciento desde 1999, la disminución en la criminalidad ha sido más rápida que en otras ciudades grandes con legislaciones más duras.Vista desde estas latitudes, esta situación del mundo desarrollado parece incomprensible, sobre todo en estos días en los que las pantallas muestran descontento callejero y desempleo creciente. Pero, más allá de los problemas sociales, es evidente que hay cosas que están mejorando. Y dejan cierta satisfacción a aquellos que gustan de ver el vaso medio lleno.