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El Gobierno, entre pases de facturas, malestar y rumores de renuncias

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich y el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega habrían quedado al borde de presentar la dimisión 

03/08/2014
Actualizado 14:17hs

El fracaso de las negociaciones con los fondos buitre y la consecuente caída en default dejó saldos de "heridos" en el gobierno de Cristina Kirchner. 

Entre ellos, el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, quedaron mal parados y cerca de la renuncia, aunque la Presidenta habría decidido sostenerlos por ahora. 

Por su parte, Axel Kicillof terminó por consagrarse como un virtual primer ministro, con poder real. 

"Hoy Kicillof es el jefe del gobierno. Cristina es la jefa del Estado. A Capitanich lo exterminó. Fábrega quedó herido. Ahora, Kicillof le disputa el poder a Carlos Zannini. Pero hoy tiene más peso", dijo a La Nación una fuente que habita a metros del despacho presidencial.

Desde el lunes pasado, Capitanich, Fábrega y Zannini impulsaron el acuerdo para que los bancos locales de Adeba (Asociación de Bancos Argentinos) compraran la deuda impaga a los fondos buitre y así evitaran el default.

Sin embargo, la operación fue abortada por Kicillof. El martes en Caracas, poco antes de la cumbre del Mercosur, convenció a la Presidenta de no convalidar lo que antes había autorizado. 

Luego de la entrada en default cobraron fuerza los rumores de que Fábrega quiso renunciar ese miércoles, a pesar de que el Banco Central salió a desmentirlo. 

Sus amigos aclaran que Fábrega "sólo hizo una gestión que le pidieron Capitanich y Zannini de juntar a cuatro o cinco banqueros". 

También hubo versiones de renuncia de Capitanich. Pero la Presidenta lo sostiene. En octubre podría retomar el gobierno de Chaco para apuntalar el PJ en esa provincia, amenazado por UNEN, con miras a las elecciones de 2015.

Sin embargo, según consignó el matutino, Kicillof no quiere que Fábrega ni Capitanich dejen sus sillones. Pero los desgasta y les atribuye la autoría intelectual del plan para que los bancos compren la deuda de 1500 millones de dólares a los fondos NML Elliott y Aurelius.

Sus allegados exculpan a Zannini y lo rescatan como "sólo un mensajero" entre Capitanich y la Presidenta. Zannini es hombre de Cristina; no lo pueden culpar. En la Casa Rosada, en cambio, aseguran que Zannini apoyó ese acuerdo, con el visto bueno de Cristina.

El principal argumento de Kicillof para tumbar el acuerdo era que los banqueros, y especialmente el presidente de Adeba, Jorge Brito (Macro), querían "convertirse en los salvadores de la patria y hacerlo con una estafa con los depósitos de los ahorristas". Ambos elementos enfurecieron a la mandataria.

El alto perfil de esa operación en los medios terminó de decidirla a desactivar la movida. "Los medios ponían a Brito como un prócer. Eso la irritó más todavía", comentaron en Balcarce 50. Además, la Presidenta sospechó varias veces que Brito encabezó "golpes de mercado".

"Estaba todo arreglado con los bancos. Pero hubo una decisión de ir al default. Zannini había dado el visto bueno con guiño de Crisitina y por eso se hizo la reunión con banqueros en Puerto Madero. Cuando Kicillof disuadió a Cristina, Zannini no tuvo más remedio que acatar a ambos", dicen en la Casa Rosada.

Kicillof, en cambio, está dispuesto a avalar la compra de la misma deuda por parte de bancos internacionales, como Citibank, JP Morgan y HSBC. Es una de las apuestas para el futuro. La otra es que Griesa destrabe los depósitos de 539 millones de dólares que el Gobierno hizo a los bonistas y que el juez congeló hasta que no se cumpla el fallo que ordena pagar los 1500 millones de dólares a NML y a Aurelius.

Si no prosperan estas alternativas, el Gobierno esperará a enero para un acuerdo con los "buitres".

Fortalecido, Kicillof podría avanzar posiciones en el gabinete en el futuro, reemplazar a Capitanich o poner gente en el BCRA. Incluso, el líder piquetero Luis D'Elía lo lanzó como candidato a presidente para 2015. En Balcarce 50 lo miden.

"Cristina vapuleó a Capitanich y a Fábrega, los desautorizó, ensalzó a Kicillof, pero a aquéllos los necesita: son demasiado útiles como para desprenderse de ellos. Además no hay otros", explicó una fuente oficial en medio de la tensión.

Del lado de Capitanich, en lo ideológico, quedaron otros ministros como Florencio Randazzo (Interior y Transportes), Julio De Vido (Planificación Federal) y Débora Giorgi (Industria). Éstos temen las consecuencias del default sobre los créditos, las inversiones ferroviarias, las obras y la actividad industrial, el consumo y el empleo. Además, muchos sienten que Kicillof avanza sobre sus áreas, pero no plantearán en público sus ideas.

Ahora, otra apuesta del Gobierno será reforzar su capital político con la construcción del enemigo externo para cohesionar el consenso interno de los sectores medios -dicen que Cristina creció en las encuestas- y justificar cualquier retroceso económico futuro con Griesa como chivo expiatorio.