Alivio sí, euforia no: el balance político de la primera crisis macrista en su lucha contra la mafia narco
Alivio sí, euforia no: el balance político de la primera crisis macrista en su lucha contra la mafia narco
La primera crisis grave en el plano del combate a la mafia del narcotráfico dejó al Gobierno satisfecho, pero no eufórico.Acaso la sensación que con más claridad transmiten los funcionarios sea la de alivio.O, en palabras del propio presidente Mauricio Macri, "contento pero alerta", y consciente respecto del desafío que implica llegar al fondo del problema.En su discurso inaugural del 10 de diciembre ante el Congreso, el jefe de Estado ratificó que la lucha contra el narcotráfico es una prioridad. Y está empezando a quedar en claro -tanto para los funcionarios como para la opinión pública- la magnitud de semejante desafío.Combatir este flagelo viene siendo una demanda manifiesta de la sociedad y estuvo muy presente en la campaña electoral. Sin embargo, no todos están de acuerdo con la manera en que el macrismo decidió manejar la comunicación.Alejandro Corbacho, director de la carrera de ciencia política en la Ucema, advierte sobre los riesgos de la "politización excesiva" de un tema que debería transcurrir por cauces institucionales más normales."El dato central que ha quedado de estos días es el de un Gobierno que asume la guerra contra el narcotráfico, al que declara como enemigo número uno. La comunicación ha estado centrada en eso y es una idea que me parece un poco peligrosa", advierte el analista."Los países que le han declarado la guerra son aquellos que han sufrido mucho y no quisiera que Argentina caiga en esos discursos", añade. Por lo pronto, los episodios desencadenados en estos largos 15 días transcurridos desde la fuga hasta la caída de los últimos dos delincuentes prófugos son apenas una muestra de la magnitud del problema que el macrismo tiene por delante.La saga de marchas y contramarchas, pistas falsas, búsquedas frustradas, enfrentamientos a tiros y, finalmente, el bochornoso episodio del festejo anticipado, cuando sólo había caído un delincuente, fueron pruebas más que elocuentes.El analista Sergio Berensztein cree que el Ejecutivo estuvo bien en fijar este tema como prioridad, pero abre un signo de interrogación respecto de si era efectivamente consciente de lo que implica dar esta batalla."No estoy seguro de que el Gobierno haya tenido dimensión de la dificultad y del costo que implica enfrentar al narcotráfico", afirma. Autor, junto a Eugenio Burzaco, del libro "El poder narco", Berensztein considera que uno de los primeros problemas para el Ejecutivo está en el manejo de la comunicación.Específicamente, en la exposición ante los resultados negativos que puede significarle el inicio de esta lucha."En el mejor de los casos, teniendo en cuenta la gravedad, reestructurar las fuerzas de seguridad y cambiar algunas leyes que hacen falta para dar esta batalla va a demorar años", agrega el analista.
Errores y falta de coordinación con final felizLas dificultades para manejar la comunicación ya se han visto en el mismo arranque del Gobierno macrista y es uno de los puntos en los que ha sacado una baja nota frente a la opinión pública.Lo ocurrido el sábado, cuando por información falsa se lo expuso al Presidente a una situación que rozó el ridículo, es el tipo de errores que transmite una imagen de amateurismo.En esta primera etapa, sin embargo, el macrismo cuenta a su favor con la ventaja de estar todavía atravesando la "luna de miel" - de la que goza todo nuevo Gobierno-, que le ha permitido atribuir los errores a ardides de la policía infiltrada por los narcos.Pero lo cierto es que la situación se manejó en clara contradicción con todos los manuales, de una forma que ni Jaime Durán Barba ni cualquier asesor de imagen habría aprobado en ningún país.Hasta hubo algunos amagues de interpelación parlamentaria para la ministra Patricia Bullrich que, posiblemente, se habrían concretado si no fuera porque apenas transcurrió un mes desde el recambio político. En otras circunstancias, la funcionaria hasta habría visto su continuidad seriamente cuestionada. "Más allá de si hubo o no una pista falsa, podrían haber hecho un chequeo mejor. No puede pasar que a una ministra o a un secretario le digan una cosa que después no es", apunta Corbacho. De todas formas, la visión de los expertos es que el desenlace final terminó disimulando serios errores."Hasta el domingo, la sensación era de frustración, cuando debería haber sido de optimismo porque habían atrapado al líder de los prófugos", observa Diego Dillenberger, especialista en comunicación política.En su visión, "no fue el único error de comunicación, porque ya al día siguiente de la fuga Cristian Ritondo había dicho que los tenían cercados cuando en realidad no era tan así"."Claro que esto es como el fútbol, las cosas se miden por el resultado. Y por eso ahora esos errores parecen menos notorios", completa Dillenberger.Para este analista, el balance final para el Gobierno termina siendo positivo porque mostró una actitud proactiva. Y hasta se presenta como una de esas raras ocasiones en la que se logra salir de una crisis mejor de como se entró.Dillenberger destaca que uno de los mayores réditos que le queda al macrismo es el de haber instalado la idea de que el narcotráfico está enquistado en las fuerzas policiales."Si hoy hacés una encuesta, el 99% te va a decir que la policía está vinculada. Y esto va en línea con lo que se dijo en la campaña electoral de la provincia de Buenos Aires. Aunque no esté escrito en ningún lado, María Eugenia Vidal tiene un mandato que implica enderezar a las fuerzas policiales", expresa.En la misma línea, Berensztein señala que el episodio de los prófugos implicó un punto de inflexión para la opinión pública."Finalmente se está tomando conciencia de lo que significa la penetración de las redes del narcotráfico en la sociedad argentina y en el sistema político. Me parece que hasta este episodio no había una conciencia clara al respecto, incluso entre los funcionarios de Cambiemos", apunta el experto. Por lo pronto, los funcionarios macristas aparentan estar al tanto de que uno de los mayores capitales políticos que dispone en estos momentos es el de transmitir con marcada contundencia que el enemigo está infiltrado en las fuerzas policiales."Este es el principio de una tarea que llevará años y que va a tener momentos desagradables y sinsabores. Hay tolerancia cero para las complicidades y para los amigos del narcotráfico", remarcó Bullrich en la conferencia de prensa posterior a la fuga de los últimos dos prófugos.La gobernadora Vidal también se mostró dura: "Sabemos que hay complicidades adentro y afuera del Estado con la mafia del narcotráfico", sentenció la funcionaria. Y reclamó que se investiguen los nexos dentro del servicio penitenciario y de la policía."Nosotros vimos durante estos 15 días un enorme apoyo logístico", agregó, en alusión a las ayudas recibidas por los delincuentes en su fuga.
Fin de la luna de mielLas denuncias sobre los problemas enquistados en las propias fuerzas de seguridad pueden jugar a favor del Gobierno en el corto plazo.Incluso, hasta puede transformar su debilidad en virtud, al mostrarse como aquel que llega para luchar contra mafias que vienen de larga data y al expresar que las mismas forman parte de una de las peores "herencias" del kirchnerismo.Claro que esta ventaja tiene fecha de vencimiento y hasta puede transformarse en un boomerang.Es que la denuncia hecha por los funcionarios implica tomar el compromiso frente a la sociedad de avanzar a fondo en la depuración policial. Y esto viene a ser una tarea mucho más compleja que la de perseguir a tres prófugos que acaban de chocar en un camino rural.Esa lucha está expuesta a contratiempos, a derrotas y a muestras violentas derivadas de la resistencia narco a resignar terrenos ya conquistados.Por otro lado, el humor de la opinión pública -a medida que pase el tiempo- no será el mismo que el que se ha visto en estos días.En otras palabras, los errores, el amateurismo y la victimización por el accionar de las mafias policiales no son situaciones que se reciban con la misma benevolencia para un Gobierno recién asumido o si ya tiene algunos kilómetros recorridos, que acusa el desgaste del poder y que debe mostrar resultados.Vidal subió la apuesta al afirmar que el próximo objetivo en esta guerra contra el narcotráfico es la búsqueda de Ibar Pérez Corradi, sospechado de ser el autor intelectual del triple crimen de 2008 en General Rodríguez.Lo que viene no será fácil, y los expertos advierten que los éxitos del Gobierno pueden traer, paradójicamente, un incremento en la violencia.
Berensztein recuerda que en las últimas semanas dicha violencia se ha visto en el seno de la propia policía."No solamente hay servicios de seguridad de distintas fuerzas penetrados por el narcotráfico, sino que están peleándose entre sí. Una prueba de ello es lo que ocurrió en Berazategui con la policía de la Provincia y la Gendarmería, que estaban a los tiros entre ellos".Pero, sobre todo, afirma que lo que está quedando en claro es que ante la acción oficial habrá que esperar un embate."Estamos ante los primeros síntomas de reacción de grupos que se sienten finalmente amenazados y que -hasta ahora- no se veían así", concluye.