Nacional y popular: cómo Grido construyó un imperio de los helados

Nacional y popular: cómo Grido construyó un imperio de los helados
La marca heladera nació en Córdoba, pero con más de 1.500 franquicias a lo largo del país, se convirtió en uno de los jugadores más importantes del sector
Por Marcelo Mussi
15.02.2021 14.10hs Actualidad

La marca heladera nació en Córdoba, pero con más de 1.500 franquicias a lo largo del país, se convirtió en uno de los jugadores más importantes del sector. Con la accesibilidad como principal bandera, la empresa de la familia Santiago produce 75 millones de kilos de helado al año y hasta exporta a países vecinos.

Los helados Grido nacieron en Córdoba, en plena crisis del 2000, y se expandieron por toda la Argentina y hasta cruzaron fronteras. Pero no se llega a ser la quinta comercializadora de helados a nivel mundial (venciendo incluso a gigantes como Haagen Dazs, según Euromonitor) de la noche a la mañana.

Para reconstruir los pasos al éxito de la firma manejada por la familia Santiago hay que ir dos generaciones para atrás. La historia comienza con Lucas Santiago, el abuelo de la familia que empezó como emprendedor, vendiendo helados de la famosa marca Laponia. Sus hijos siguieron con la tradición heladera, pero decidieron apuntar a la fabricación de insumos para la industria, y abrieron una empresa fabricante de cucuruchos.

Pero con el tiempo surgieron rispideces entre los hermanos y uno, Oscar Lucas, terminó separándose y decidió abrir una heladería artesanal que llamó Marvic, en barrio Alto Alberdi de la capital cordobesa.

Aunque llegó la crisis del Tequila, que rebotó a nivel local, y la fábrica de sus hermanos entró en crisis. Por lo que Oscar Luis volvió a darles una mano. De esas crisis surgió una oportunidad. En la fábrica necesitaban vender más cucuruchos, y para eso necesitaban que se vendiera más helado. Por eso, junto con sus hijos, decidieron armar una fábrica de helados que fuera un intermedio entre el helado artesanal (premium, pero de alto costo) y el industrial (con poca calidad, pero a un precio accesible).

Grido
Grido enfrentó diversas crisis a lo largo de su historia

Sebastián Santiago y sus cuatro hermanos emprendieron la tarea de crear este producto que tuviera buenas materias primas, pero que tomara la escala suficiente como para hacerlo masivo y así, más accesible a más bolsillos. Así, en plena tormenta del 2000, abrieron sus puertas y los primeros locales los construyeron ellos mismos y se los ofrecían para que los manejaran empleados y allegados. Si les iba bien se los quedaban. No había riesgo.

Pero el principio de Grido tuvo sus tropiezos. La marca, en un inicio, iba a llamarse Criko. Pero al mismo tiempo Frigor, jugador mucho más fuerte en ese momento, había sacado un helado en palito con el mismo nombre. El equipo enseguida tuvo que pivotear, con todos los packagings y marquesinas ya listas y poco dinero para el cambio. Por eso reemplazaron solo dos letras del nombre original, para que fuera todo más sencillo de adaptar.

En ese momento su norte era llegar a las 50 franquicias. Hoy, Helacor (la razón social de Grido) supera las 1500. "Un emprendedor es aquel que siente pasión por lo que hace. Eso es lo único que uno tiene que tener dentro, el resto se aprende o se trabaja", dijo Sebastián Santiago en una conferencia que dio para emprendedores organizada por Fundación Endeavor.

En este caso se trata de una familia de emprendedores que si bien cuando abrieron su primera planta de producción no superaba los 50m2, pero para el primer año ya habían alcanzado el hito de los 50 locales.

Tortas heladas, bombones, palitos, postres y cucuruchos. Desde el comienzo la variedad de alternativas fue otra de las apuestas para crecer. Hoy cuentan con la palitera más grande del mundo, que hace 40.000 helados de palito por hora.

Por supuesto que se cruzaron con más obstáculos en el camino. El crecimiento a gran velocidad que registró la compañía hizo que muchas veces la demanda fuera mayor que la velocidad de producción, por lo que sufrieron el faltante de producto y el no poder abastecer con fluidez a los franquiciados, según informó El Cronista en una nota con el empresario.

Grido
Grido logró atravesar las fronteras de su provincia y luego también pudo llegar a otros países

Pero se apalancaron en incorporar tecnología para crecer y para 2003 lograron cruzar los límites de la provincia de Córdoba, y llegaron a La Rioja, San Juan y Santa Fe, y así hasta poner bandera en cada provincia argentina. Ese mismo año inauguraron su propio laboratorio de calidad donde desde el ingreso de la materia prima hasta el producto terminado, cada lote es controlado mediante análisis físico-químicos y microbiológicos.

Para 2006 lograron mudarse a la fábrica donde todavía fabrican el helado que distribuyen a todos sus locales, en el Parque Industrial Ferreyra de Córdoba Capital, con 6.000 m2 para entonces.

Con esa mudanza también vino el salto internacional. Llegaron en 2006 a Chile y luego se sumarían Uruguay en 2012 y Paraguay en 2015.

Lo más destacable es que la firma, que apuntó a que el helado no fuera solo accesible en cuanto a precios sino en cuanto a cercanía, con locales cerca de los barrios, también se adelantó a su época y en 2010 apostó por el delivery online, cuando crearon su propia web de pedidos para estar más cerca de sus clientes.

Además, apostaron por nuevas líneas de productos, y en 2014 lanzaron Frizzio, su línea de alimentos congelados que arrancó con pizzas y luego fue sumando más opciones.

De Córdoba al mundo, lo que empuja a esta tercera generación de heladeros, en palabras de Sebastián Santiago, es la pasión. La característica que considera esencial para definirse como emprendedor. Y por el tamaño del negocio que montaron, parece tener razón.

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