Glücksmann y la épica historia de un pionero de la industria del cine y la discografía en Argentina

Glücksmann y la épica historia de un pionero de la industria del cine y la discografía en Argentina
Contó en su haber con producciones de películas, venta de discos, una productora discográfica y participación en salas de cine y teatro, entre otras cosas
Por Daniel Balmaceda
01.05.2021 18.41hs Actualidad

Cuando encontró el trabajo que le cambiaría la vida, su empleador le dijo: "Ah, Glücksmann. Hombre de suerte", que es lo que su apellido significa en alemán. Y sí que lo era.

Mordechai David Glücksman nació en 1875, en la ciudad de Czernowitz, perteneciente al Imperio Austro-Húngaro, y partió hacia Argentina en 1890. Al llegar a Buenos Aires, mientras caminaba con un compañero que había conocido en el barco, quedó atrapado en medio del fuego cruzado entre partidarios y opositores de la Revolución del Parque, Mordechai sobrevivió. Su amigo, no. La suerte de su apellido lo acompañaba.

Glücksmann consiguió trabajo como sereno, pero al poco tiempo lo despidieron. Caminando por las calles de aquella ciudad, aún extraña para él, se encontró con la Casa Lepage, del barón belga Enrique Lepage, que se dedicaba a la fotografía. Fue, precisamente el propio barón quien lo llamó "hombre de suerte".

Comenzó trabajando como cadete y pronto se convirtió en gerente. Porque lo suyo no fue sólo cuestión de azar: era un hombre de acción. En 1896, luego de cinco años de trabajo con Lepage, se realizó la primera proyección fílmica en Buenos Aires, en el teatro Odeón, a la que asistieron el barón, Glücksmann y Eugenio Py, otro de los empleados.

Max, como lo llamaban, comprendió de inmediato el impacto social que significaría el cine. Arregló con su empleador y partió a París con el fin de negociar con los hermanos Lumiére la adquisición de su producto. Pero no se lo vendieron. Entonces, optó por comprar un cronofotógrafo Elgé, vendido por el inventor Leon Gaumont. Y consiguió algo más importante: un contrato para la representación exclusiva en América del Sur de la firma Pathé Freres. De esta manera, Casa Lepage fue la primera en importar y vender aparatos proyectores y filmadoras.

Un visionario en la industria

Max, como lo llamaban, comprendió de inmediato el impacto social que significaría el cine

Pero Glücksmann, visionario y pionero en la industria, no se quedó sólo con las proyecciones. En 1900, apenas cuatro años después del invento de los Lumière, produjo el primer documental de la historia argentina, junto con Eugenio Py, filmando la visita del presidente brasileño Campos Salles. Abrió así una empresa que producía documentales y noticieros para el cine, el antecesor de "Sucesos Argentinos". La nueva firma se llamó Cinematografía Max Glücskmann.

En 1908, Enrique Lepage regresó a Europa definitivamente y su antiguo cadete le compró el negocio. Fue el gran salto en la carrera empresarial del emprendedor. Una de las características de su estilo fue la diversificación. No se quedaba con un solo negocio. Su visión le permitió estar un paso más adelante que cualquier hombre de negocios y anticiparse al avance de la tecnología.

En 1904, Glücksmann fue designado representante de la empresa alemana International Talking Machine Company, dueña de la discográfica Odeon, para la importación y venta de discos y fonógrafos.

Diez años después, en 1914, Max Glücksmann había capturado el mercado discográfico del tango. El mismo año fue productor del primer largometraje argentino: Amalia. Como bien lo define Sergio Pujol en su libro: "Valentino en Buenos Aires", Glücksmann era el Thomas Alva Edison rioplatense.

Retomando su participación en el mundo de la música, la empresa Odeon se convirtió en sinónimo de la producción nacional. En 1917, el azar volvió a estar de su lado cuando comenzó a grabar en Odeon un joven Carlos Gardel.

Paralelamente, como parte de su estrategia de diversificación de mercados, Glücksmann fue abriendo salas de cine-teatro. La construcción de la principal demandó dos años y se concluyó en 1919. Nos referimos al cine-teatro Grand Splendid (hoy sede de la librería El Ateneo), en la avenida Santa Fe.

No fue la única sala de Glücksmann. También fue dueño del Palace Theatre y del Select Lavalle, entre otros. El entusiasta Max llegó a tener más de cien salas a lo largo de su vida, en Buenos Aires y Montevideo.

Sin descuidar sus otros negocios, vio un veta en 1922, cuando Pathé inventó el "Pathè Baby", un proyector y cinematógrafo familiar. Y no se equivocó. Fue un boom de ventas entre la clase más acomodada de la sociedad argentina. Todos querían tener su proyector.

Cine, música y ahora también radio

El señor de los cines también fue pionero en el negocio de la radio

Retrocediendo en el tiempo, en 1920 se había vivido en Buenos Aires un hito de las comunicaciones, las transmisiones radiofónicas. El señor de los cines comprendió el valor de lo que estaba gestándose y participó, junto con otros socios, de la creación de una transmisora radial en la planta alta del Splendid de la avenida Santa Fe.

Radio Splendid —a ella nos referimos— inició sus transmisiones experimentales el 23 de mayo de 1923, aunque su inauguración tendría lugar al año siguiente. A medida que la radio iba masificándose, Glücksmann se adaptó abriendo en la avenida Callao un local de venta de radio receptores. Nada se le escapaba.

Tampoco quiso descuidar el comercio de los discos y por ese motivo, en 1924, organizó un Concurso del Disco Nacional. Fue un éxito. En total, promocionó nueve concursos: siete en Buenos Aires y dos en Montevideo.

Para los anales de la música porteña, debe anotarse que el primer concurso nacional de tangos se realizó en el Grand Splendid de Max Gluksmann.

Contaba en su haber con producción de películas, importación y venta de gramófonos, proyectores y discos, una productora discográfica, una participación en la radio y salas de cine y teatro. Nada le faltaba. Aún así, siguió apostando.

Pero la crisis de los años 30 le jugó una mala pasada. Analizó la situación y comprendió que tenía dos alternativas: o iba a la quiebra, manchando su reputación, o vendía todo. Glücksmann optó por vender. Sólo se quedó con la producción de discos. Además se involucró en causas sociales, especialmente de la colectividad judía. Entre otras cosas, hizo un gran aporte para la construcción del popular templo de la calle Libertad, en la zona de Tribunales, en la ciudad de Buenos Aires.

En 1946 Mordechai David Glücksmann murió a causa de un infarto. Su trabajo fue un pilar fundamental en la construcción del acervo fílmico y discográfico nacional. Max Glücksmann, el hombre con suerte, trabajó incansablemente para alcanzar su destino.

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