De estar embargado por AFIP a liderar 80 locales: la historia de superación del dueño de Costumbres Argentinas

De estar embargado por AFIP a liderar 80 locales: la historia de superación del dueño de Costumbres Argentinas
Costumbres Argentinas es una de las franquicias que más creció en plena pandemia. Una historia con enseñanzas para enfrentar y superar los peores momentos
Por Gonzalo Otálora
11.05.2021 06.33hs Actualidad

Luis Videla, el cofundador de Costumbres Argentinas, tenía apenas 12 años cuando se vio forzado a salir a trabajar luego de que su padre abandonara a su mama y a sus cinco hijos.

Su primer empleo fue de maestranza en una panadería. Él en ese momento no lo sabía, pero esas manos embadurnadas de harina estaban amasando conocimiento, experiencia y resiliencia para afrontar, mucho tiempo después, varias crisis dramáticas como emprendedor.

¿Cómo hizo Luis para superar una infancia que parecía condenarlo a una vida de constantes privaciones, y crear una empresa argentina con casi 80 franquicias, que compite con multinacionales y exporta? La respuesta podía resumirse en dos virtudes: Ganas de superarse y persistencia.

De pastelero a empresario

En sus primeros días en la panadería, Luis terminaba rápido de hacer sus tareas para quedarse a ayudar al maestro pastelero. Así fue aprendiendo el oficio que lo convertiría en empresario. A los 16, su padre reapareció en la vida de la familia. El hombre se había instalado en Mar del Plata y trabajaba en una cadena de supermercados. Toda la familia migró hacia esa ciudad, donde Luis vivió hasta los 21. A esa edad regresó a Capital Federal, donde empezó a trabajar en una cadena de hipermercados local.

"Mi formación la recibí en Coto, porque me encontré con un dueño nacional al frente, un hombre muy apasionado con lo que hacía, del que aprendí mucho", reconoce Luis.

Allí conoció a Alejandra, que trabajaba en Recursos Humanos, y los dos se enamoraron. Desde entonces ella se convirtió en su compañera de vida y de todos sus proyectos.

Desde que empezaron a salir, Luis le contaba siempre que quería independizarse y que para eso tenía una idea, que había visto en Rosario: fabricar tortas ricas, a precios accesibles, y repartirlas a domicilio. "Me había gustado eso de poder llamar a un teléfono y que te entreguen la torta que a vos te guste", recuerda el emprendedor.

Pero en ese momento, sus sueños de libertad tuvieron que esperar a causa de la crisis económica del 2001. Ante la incertidumbre que ofrecía el panorama local, Luis y Alejandra decidieron probar suerte en Brasil. Un año después, la economía argentina empezó a recuperarse y ambos volvieron dispuestos a dar vida a su proyecto. Lo llamaron: La Tortería.

"El primer día hicimos 900 tortas, éramos bastante optimistas, pensábamos que las íbamos a vender todas ese fin de semana y si no, los primeros días de la semana siguiente", recuerda Luis, "pero el primer día, a las siete de la tarde, nos pelaron el local: no quedó nada".

El éxito de ventas auguraba un futuro próspero para su nuevo emprendimiento. Luis y Alejandra se ilusionaron con abrir un nuevo local y así lo hicieron. Les fue tan bien que abrieron dos más y luego lanzaron su sistema de franquicias. Llegaron a tener 16 en dos años. Hasta que la originalidad de su idea se les volvió en contra: otros empezaron a copiarla. La competencia llegó a ser tanta, y tanto más barata, que Luis y Alejandra se dieron cuenta que tenían que abandonar esa idea.

"Era increíble porque veíamos que el negocio venía con viento de cola y veníamos creciendo y de repente se había frenado todo", recuerda Luis "se nos descontroló el negocio por falta de tecnología y, seguramente también, por falta de experiencia. Fue desesperante porque los gastos subían y la facturación bajaba, era el principio del fin".

A un nuevo problema, una nueva idea

En cuanto Luis se dio cuenta de que La Tortería ya no era viable, buscó nuevas opciones para emprender. Gracias a su experiencia en hipermercados, supo que los costos de elaboración de las panaderías de esos negocios subían cada vez más y les ofreció sus productos. Empezó con cuatro supermercados que la cadena Disco tenía en la costa.

"La verdad que encontramos un nicho de mercado enorme", reconoce Luis "el primer pedido fue un camión que tardamos tres días en sacar y se vendió ese mismo día".

Comenzaron a vender del mismo modo en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Primero a Jumbo, luego a Walmart, Carrefour y Coto. "El salto fue abismal", recuerda Luis "fueron tres años de crecimiento muy buenos en los que aprovechamos para ampliarnos. En 2010 la pareja se animó a invertir todos sus ahorros en un terreno de 12.000 m2, en Don Torcuato, para construir su planta de producción, a la que se mudaron en 2012. Como tuvieron que construirla desde cero, habían solicitado un préstamo a una tasa del 8% que para ese año, con el crecimiento acelerado de la inflación, subió al 22%.

"Nos empezó a costar crecer", reconoce Alejandra "los supermercados no pagan a corto plazo, pagan a 45 o 60 días y no podíamos afrontar tanto gasto". La falta de liquidez llevó a la pareja a tener que concursar: "Con mucho dolor, no nos quedó otro camino", recuerda Luis, quien agrega: "Nos asesoramos con varios estudios y nos dijeron que si no llamábamos a concurso de acreedores, no íbamos a tener otra salida".

Con esa decisión, la pareja consiguió un año de gracia para organizarse nuevamente, reponerse y empezar a pagar sus deudas.

La empresa siguió funcionando en condiciones cada vez más difíciles. Los proveedores confiaron en la pareja: "Eso fue muy bueno, porque de otra manera no hubiésemos salido adelante", reconoce Luis, pero había que pagarles de contado. Cada vez les resultaba más difícil conseguir liquidez. Los bancos ya no les prestaban y la AFIP los había embargado. "Fueron días de incertidumbre, de dudas y de tristeza", recuerda Luis, que en sus noches de insomnio anotaba todas las ideas que se le ocurrían, con la esperanza de algún día encontrar alguna que los sacara de ese infierno.

El fundador de la marca entendió que era clave apostar por alimentos de todos los días

Costumbres Argentinas: la idea que los salvó

En una de esas madrugadas de desvelo, a Luis se le ocurrió, por fin, la idea que los salvaría de la ruina: "Pensé en fabricar productos nuestros: medialunas, empanadas, sandwichs, que tengan que ver con las costumbres de todos los días: el mate, el almuerzo. Alguien dijo: tiene que ser como costumbres argentinas", recuerda Luis: "Y dijimos: qué bueno ese nombre".

Volver a vender sus productos al público implicaba intentar nuevamente una aventura con la que ya habían fracasado. Fue una decisión arriesgada que implicó su cuota de miedo:

"Si bien teníamos fe en nuestros productos y sabíamos que se iban a vender, sabíamos que si no nos iba bien nos iba a costar mucho salir de donde estábamos", reconoce Alejandra.

Armaron su primer local con equipamiento usado. Tras superar los traspiés de los primeros días, como la rotura del horno, de una puerta y las demoras del camión con la mercadería, su propuesta fue, una vez más, un éxito rotundo.

Pronto abrieron tres locales nuevos y franquiciaron la marca. En el primer año sumaron 18 franquicias. Comenzaron a pagarle a los acreedores y la empresa recuperó su salud financiera. Siguieron inaugurando locales a un promedio de 12 a 14 por año hasta llegar a los 60 actuales. Para el año que viene proyectan abrir entre 40 y 60 más.

Luis y Alejandra se dieron cuenta de que debían invertir en tecnologías para abarcar una demanda cada vez mayor que no lograba ser satisfecha con la elaboración artesanal. "Invertimos en equipamiento", explica Luis "ahí entendimos que nuestra pelea tenía que estar por el lado industrial y que teníamos que competir en esa categoría".

A esta altura, ya contaba con la experiencia necesaria para mantenerse creativo ante cualquier factor que amenazara sus ventas. De las posteriores crisis que afrontaron, surgió Costumbres Gourmet, que le suma a la propuesta tradicional productos para el almuerzo y la cena.

En plena pandemia, Costumbres Argentinas abrió 17 locales y lanzó su expansión a todo el país con su modelo low cost de franquicias al que llamaron Costumbres al paso.

Luis entendió cuál es la clave del éxito de su negocio: "Hice lo que aprendí en retail: vas a comprar carnes o bebidas, pero se te ofrecen neumáticos, muebles. Cuando encaramos Costumbres Argentinas ya sabíamos que el futuro de la marca era tener variedad de productos, es lo que camina".

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