¿Conocés cómo nació la editorial Kapelusz?: la historia de un hombre que fue parte de la educación nacional

¿Conocés cómo nació la editorial Kapelusz?: la historia de un hombre que fue parte de la educación nacional
De carácter bondadoso, pero tenaz en la concreción de proyectos, Adolfo Kapelusz supo entender las señales del mercado para expandir su proyecto
Por Daniel Balmaceda
26.09.2021 19.22hs Actualidad

Los diques en construcción de Puerto Madero y algunas chimeneas fueron los primeros objetos vistos por Adolfo Kapelusz cuando arribó a Buenos Aires en 1891. Tenía 18 años y llegaba desde Austria, con toda la energía para dar forma a sus sueños. Las oportunidades surgieron de inmediato. Obtuvo un trabajo como corredor de materiales de imprenta y eso lo llevó a conocer no solo otros rincones del país, sino también la incontables posibilidades que brindaba la Argentina.

En 1904, luego de trece años de estadía, ya tenía los conocimientos suficientes y, sobre todo, había confirmado que su futuro debería forjarse en la tierra que lo recibió. Gestionó la nacionalidad argentina y comenzó a evaluar el camino a la independencia. Había llegado durante el gobierno de Pellegrini, cuando el país buscaba salir de una fuerte crisis que golpeó su economía.

Desde octubre gobernaba Quintana y la prosperidad era un beneficio tangible para quienes pretendían crecer a cambio de trabajar con empeño. Adolfo Kapelusz dio el paso y se independizó en 1905. Inició su actividad como Casa de Papelería, a los 32 años, en un local de la calle Chacabuco 355, entre Moreno y Belgrano. Ese mismo año arribó a la ciudad una inmigrante de 21 años, Paula Spitzer. Desconocemos los detalle románticos, pero la unión de la pareja no demandó mucho tiempo. Yolanda nació en 1907 y luego completarían el grupo familiar Frida, Jorge, María Etelvina, Violeta y Nora.

De papelería e imprenta a editorial

Semillita, libro de lectura de 1967

De carácter bondadoso, pero tenaz en la concreción de proyectos, Adolfo supo entender las señales del mercado. El crecimiento demográfico debido a la inmigración y el desarrollo de las escuelas abría un campo vasto que le interesaba. La papelería e imprenta —que se había trasladado a pocas cuadras, a Rivadavia 978, bajo el nombre Adolfo Kapelusz y Cia., y dedicado a ventas por mayor y menor— reformuló el proyecto. Entonces, se convirtió en editorial y con un objetivo preciso: la producción de libros escolares.

La literatura de la educación requiere una capacidad especial para comprender el camino de la formación, las nuevas herramientas y la evolución de la sociedad. Kapelusz, al igual que su competencia, debía ser tan innovador como preciso.

Los textos escolares cumplen una función esencial y debe disponerse de un equipo preparado para satisfacer la demanda de cantidad y calidad. Pero en ese tiempo, todo estaba por hacerse, iban dándose los primeros pasos para que obras específicas mejoraran la educación. En ese inmenso mar navegaba el barco del soñador austríaco. Y supo conducirlo a buen puerto.

Kapelusz, sinónimo de innovación

Entre las novedades aportadas por la editorial, además del estampillado de ejemplares para evitar falsificaciones, figura el Método práctico para la enseñanza de geografía (1917) y un clásico para estimular la lectura en forma gradual: Tierra Virgen, de 1933. Fue un suceso. Contenía fragmentos de diversos autores y diferentes niveles de dificultad, acompañados de un glosario para que los estudiantes fueran incorporando más vocablos a su lenguaje. Proponía ejercicios como, por ejemplo, que un texto escrito en pasado y en primera persona fuera leído en presente y tercera persona. Cada nivel tenía su edición acorde a las edades (en algunos casos, dos niveles compartían el mismo libro), pero las novedades de diseño eran, principalmente, dos. Un fondo blanco que evitar el agotamiento ocular y una tipografía gradual.

Algunos apellidos han quedado marcados en generaciones de estudiantes

A partir de los innovadores como Kapelusz, los más chiquitos empezaron a leer párrafos cortos en grandes letras que, a medida que se avanzaba en la práctica, iban disminuyendo. En cuanto a los no tan chicos, los manuales de estudio se convirtieron en el principal libro durante el ciclo lectivo.

Algunos apellidos han quedado marcados en generaciones de estudiantes: Los libros de Historia de Astolfi y los de Matemáticas de Repetto, Linkens y Fesquet entre tantos otros.

Ahí tenemos otras de las genialidades de Kapelusz, al definir que ciertos autores se posesionaran en el campo de los textos para cada materia, como ocurrió en los mencionados casos del profesor José Carlos Astolfi y las profesoras Celina H. Repetto, Marcela E. Linskens e Hilda B. Fesquet.

El pionero murió el 27 de octubre de 1947 y toda la familia, encolumnada detrás de Jorge Kapelusz, llevó adelante la obra iniciada con tanto éxito. Los hermanos y la madre integraron una nueva sociedad y se mudaron al que iba a ser un domicilio histórico para la firma, situado en Moreno 372, a un par de cuadras de la Plaza de Mayo.

Entre los hitos de la compañía en su segunda etapa, se destacan la formación de la biblioteca GOLU (Grandes Obras de la Literatura Universal) en 1953. Fue uno de los grandes aciertos, dirigidos a los estudiantes secundarios. En 1979, revolucionó el mercado con el lanzamiento del Diccionario Kapelusz de la Lengua Española, obra recibida con elogios en todo el mundo hispanohablante.

De esta manera, los descendientes de aquel joven de 18 años que desembarcó en el puerto de Buenos Aires en 1891 honraron la memoria de un magnífico editor al que la comunidad educativa siempre deberá agradecerle su empeño, su visión y su lealtad con el producto de alta calidad. Adolfo Kapelusz fue uno de los constructores de la educación en la Argentina.

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