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Video: Una ovación de medio minuto para despedir a Merkel al frente de Alemania

Video: Una ovación de medio minuto para despedir a Merkel al frente de Alemania
Se la pudo ver emocionada, a pesar de tener gran parte del rostro tapado al llevar mascarilla, y agradeciendo el apoyo a su militancia con la mano.
Por iProfesional
28.09.2021 08.49hs Actualidad

El ambiente era plomizo en la sede del partido democristiano de Alemania (CDU) tras cosechar su peor resultado electoral en las elecciones nacionales que han tenido lugar este domingo, con un 24,1% de los votos.

Sin embargo, los afiliados presentes se afanaban en aplaudir a su líder, Armin Laschet, que aprovechó para reclamar un gobierno de coalición conservador para evitar el acceso al poder de los socialdemócratas del SPD de Olaf Scholz, que han obtenido un 25,7% de los votos.

Pero la gran ovación de la noche llegó cuando Laschet mencionó a la excanciller del país, Angela Merkel, para agradecerle su gestión en los 16 años en los que ocupó ese cargo de la República Federal.

En aquel momento comenzó un atronador aplauso que se alargó durante más de medio minuto y que incluso interrumpió al candidato de la CDU a la presidencia cuando trataba de continuar con su discurso. A Merkel se la pudo ver emocionada, a pesar de tener gran parte del rostro tapado al llevar mascarilla, y agradeciendo el apoyo a su militancia con la mano.

El principio del asombroso ascenso de Angela Merkel se remonta al 9 de noviembre de 1989 cuando, en la Alemania aún dividida, la confusa respuesta de un funcionario aturullado en una rueda de prensa precipitó la caída del muro de Berlín. Legiones de berlineses del este corrieron hacia los puestos de control para cruzar al sector occidental. 

Pero la cauta Merkel, de 35 años, optó por acudir a su sesión de sauna. Solo después se unió a la alegre multitud y, según contó ella misma años más tarde, acabó la velada bebiendo cerveza con otras personas en casa de una emocionada familia del oeste. Pero se marchó pronto, porque al día siguiente tenía que madrugar para ir a trabajar.

El camino hacia el poder 

Un mes después de la caída del Muro y sin haber mostrado antes inclinación pública por la política, Angela Merkel ingresó en el movimiento Demokratischer Aufbruch (Despertar Democrático), que en agosto de 1990 confluyó en el partido que ella acabaría liderando, la Unión Cristiana Demócrata (CDU). Lo que siguió fue un imparable ascenso contra todo pronóstico y una fulgurante trayectoria que llevaron a Angela Dorothea Kasner (ese es su nombre de nacimiento) a convertirse en la primera mujer canciller de la historia de Alemania, y en la líder europea más relevante en Europa y en el mundo del siglo XXI.

Gobernando durante casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias, la alemana ha marcado la agenda europea e internacional hasta encarnar en el extranjero la imagen misma de su país y ser etiquetada como "la mujer más poderosa del mundo". Por decisión propia tomada en el 2018, la dirigente democristiana dice adiós a sus 67 años y no se presenta a las elecciones de este 26 de septiembre.

La mujer más poderosa del mundo

Merkel ha gobernado casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias

Angela Merkel es una figura insólita, y lo era ya en sus comienzos: mujer, científica y procedente del este. Pero lo es también por cómo consiguió abrirse camino hacia el poder, y por cómo lo ha ejercido en estos años, que hacen de ella una rareza dentro de su propio partido, en la política alemana y entre los demás líderes mundiales.

Nacida en Hamburgo el 17 de julio de 1954, Angela Kasner se crió y maduró en la República Democrática Alemana (RDA). Siendo ella un bebé, su padre, pastor luterano, se mudó con la familia al este comunista por vocación evangelizadora. La madre, que era profesora de inglés y latín, no lo deseaba, y una vez allí nunca pudo ejercer. Entonces el muro de Berlín no existía aún, pero la apuesta de Horst Kasner de instalarse en la RDA cuando ese mismo año 200.000 alemanes del este huyeron a occidente resulta cuando menos inusual, según indicó el diario La Vanguardia.

Fin de una era: Angela Merkel, la última gran líder de Europa, deja el poder tras 16 años
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"A pesar de la tutela del Estado y de la ausencia de libertad en que vivíamos, tengo muchos buenos recuerdos de mi infancia y juventud aquí en Templin", dijo Merkel el 10 de septiembre en una visita oficial a la localidad donde nacieron sus dos hermanos, Marcus e Irene, y donde ella fue a la escuela y al instituto. Era muy buena en matemáticas y ruso.

"De aquí procedo, es aquí donde tengo mis raíces, y siempre estarán aquí", proclamó la ilustre visitante en Templin entre aplausos de los vecinos. Este lugar del land de Brandemburgo en verdad le agrada. Hace años que la canciller y su segundo marido, el químico Joachim Sauer, se construyeron una casita en los alrededores de Templin, adonde se escapan muchos fines de semana. 

Sauer, de 72 años, apenas se ha dejado ver en público con su poderosa esposa, salvo en algunas cumbres internacionales y en festivales de música clásica –ambos son amantes de la música- como el de Bayreuth; por eso le apodan el fantasma de la ópera. Al matrimonio, que reside en Berlín en un piso de alquiler frente al museo de Pérgamo, le gustan las caminatas por el bosque. Ella devora libros de historia y le gusta la gran novela rusa, Tolstoi y Dostoievski.

Angela Merkel se apellida Merkel por su primer marido. En 1973, la joven se fue a estudiar Física a la Universidad de Leipzig, y a los cuatro años se casó con un compañero de estudios, Ulrich Merkel. Se divorciaron en 1982, pero ella utilizaba profesionalmente el apellido de casada y decidió conservarlo. Para entonces la futura canciller vivía ya en Berlín Este y trabajaba en la Academia de Ciencias, donde se doctoró en química cuántica. En la práctica, se acomodó al sistema de la RDA. Pero en 1989 cayó el Muro, y la científica se metió en política, una decisión radical cuyos porqués ella nunca ha explicado.

Todo ocurría a gran velocidad. En marzo de 1990 Merkel se convirtió en viceportavoz del único y breve Gobierno de la RDA elegido democráticamente, presidido por el democristiano Lothar de Maizière; el 3 de octubre Alemania se reunificó; y en las elecciones de diciembre ella logró escaño en el Bundestag (cámara baja del Parlamento). En enero del año siguiente, el canciller democristiano Helmut Kohl la nombró ministra de Mujer y Juventud, cartera que en 1994 cambió por la de Medio Ambiente.

Mientras, se abría paso en el partido con discreción hasta ser elegida secretaria general en noviembre de 1998, dos meses después de que los conservadores perdieran las elecciones que hicieron canciller al socialdemócrata Gerhard Schröder. Y a las pocas semanas de su elección, Angela Merkel se casó con Joachim Sauer, divorciado y padre de dos hijos, con quien vivía desde hacía años. El partido presionó: que la secretaria general de una formación democristiana viviera en pareja sin estar casada era en aquella época inaceptable. El matrimonio Merkel-Sauer no ha tenido hijos.

Un elemento relevante del ascenso de Angela Merkel en la política fue la sistemática infravaloración de que fue objeto por parte de los dirigentes –hombres, católicos, la mayoría renanos- que controlaban la CDU en los años noventa. Su mentor Kohl la llamaba das Mädchen (la chica). "Aquellos hombres del oeste de un partido que había estado en el poder tanto tiempo ni imaginaban que una mujer podía triunfar, y menos aún una mujer del este; la miraban con condescendencia, pero ella era capaz de aguantar y seguir adelante", dice el historiador Ralph Bollmann, autor de la biografía Angela Merkel. Die Kanzlerin und ihre Zeit (Angela Merkel. La canciller y su tiempo).

A esta capacidad de Merkel de sobreponerse al menosprecio se unió un talento adquirido en la dictadura germanooriental: pensar antes de hablar, ir con cuidado, esperar el momento propicio. En esos primeros años se rodeó del equipo femenino de máxima proximidad que aún hoy la acompaña: su jefa de gabinete, Beate Baumann, y su asesora de prensa, Eva Christiansen. 

Pero huyó del feminismo, que solo ha abrazado en público hace pocos días. "Como mujer crecida en la RDA, donde todas las mujeres trabajaban y había guarderías del Estado en todas partes, a Merkel le chocó descubrir que la mayoría de las alemanas occidentales eran amas de casa, y los discursos de las feministas del oeste la enervaban", aclara Bollmann.

El récord de Merkel como gobernante

La presencia de la alemana Angela Merkel en las cumbres del G-7 y del G-20, y en todo tipo de encuentros internacionales, ha sido fija mientras otros líderes mundiales iban circulando. Ha sido además casi siempre la única presencia femenina en el lugar. Su longevidad como gobernante es todo un récord tanto en Europa –en su país sólo la supera actualmente por poco su fallecido correligionario Kohl, canciller durante 16 años y 26 días- como en el mundo occidental. Desde el 2005, Angela Merkel tiene o ha tenido trato con cuatro presidentes estadounidenses (George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden) y cuatro franceses (Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Emmanuel Macron); con cinco primeros ministros británicos (Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron, Theresa May y Boris Johnson) y ocho italianos (Romano Prodi, Silvio Berlusconi, Mario Monti, Enrico Letta, Matteo Renzi, Paolo Gentiloni, Giuseppe Conte y Mario Draghi); y con tres presidentes de gobierno españoles (José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez).

En 1999, cuando el partido se vio zarandeado por un escándalo de financiación ilegal que salpicaba al mismísimo Kohl, entonces ya excanciller, Angela Merkel ejecutó a sus 45 años un movimiento audaz. Publicó en el Frankfurter Allgemeine Zeitung un artículo en el que llamaba a la CDU a deshacerse de Kohl, que era presidente honorario. "Ahora el partido debe aprender a caminar y atreverse a participar en futuras batallas con sus oponentes políticos sin su viejo caballo de guerra, como al propio Helmut Kohl le gusta llamarse a sí mismo", escribió Merkel para pasmo de todos.

Poco después, en abril del 2000, fue elegida presidenta del partido en sustitución de Wolfgang Schäuble, también tocado por el escándalo. Y cinco años más tarde, en las elecciones del 2005, derrotó a Schröder y se convirtió en la primera mujer, y también en la persona más joven -tenía 51 años-, en alcanzar el cargo de canciller.

"Merkel logró transmitir a la población la sensación de que con ella estaban en buenas manos, de que les protegería de las turbulencias que arreciaban fuera de Alemania".

Merkel ha gobernado casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias
Merkel ha gobernado casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias

Desde entonces ha acumulado cuatro mandatos, una extraordinaria longevidad política. "Merkel ha logrado transmitir a la población la sensación de que con ella están en buenas manos, de que ella les protegería de las turbulencias políticas que arreciaban fuera de las fronteras de Alemania; al margen de sus errores y aciertos, ha sido capaz de convertirse en un símbolo de estabilidad –afirma la periodista Ana Carbajosa, autora del libro Angela Merkel. Crónica de una era (ed. Península)-. Lo ha hecho con un estilo prudente, pausado y muy racional, tratando de tejer compromisos desde el pragmatismo y dando respuesta al sentir de la mayoría social; ese estilo le ha reportado una enorme credibilidad y hace que muchos le hayan perdonado a lo largo de estos años sus errores".

Como trasunto de ese liderazgo reflexivo, el gesto que suele hacer con las manos juntas -el llamado Merkel-Raute, el rombo o diamante de Merkel- es ya un elemento icónico de la comunicación política. A efectos de imagen, tras un muy publicitado escote en sus inicios en el poder, la canciller centró su vestuario en el pantalón y en las chaquetas sastre; las tiene de todos los colores, del azul al amarillo, del fucsia al verde, del gris al malva, prácticamente idénticas en corte y confección.

Pero, en efecto, el balance de su gestión tiene luces y también algunas sombras. Durante los casi 16 años de merkelato, la líder ha practicado un pragmatismo guiado más por las circunstancias del momento que por convicciones ideológicas o estrategia de programa. La paciente Merkel espera, acumula información y usa frases alambicadas para no comprometerse, un proceder para el que los alemanes han inventado el verbo irónico merkeln (merkelear). Se le ha reprochado, en suma, oportunismo.

Así, cuando en el 2011 la población alemana se horrorizó por la catástrofe de Fukushima, Merkel dio un bandazo y decretó el abandono paulatino de la energía nuclear. Solo aceptó introducir el salario mínimo –una exigencia de los socios socialdemócratas- en el 2014 porque no tuvo más remedio. Y, tras haberse opuesto siempre al matrimonio homosexual, en julio del 2017 por motivos electorales -había comicios en septiembre- propició su equiparación legal con una votación en el Parlamento.

Quizá el único momento en que la canciller no actuó según su esquema calculador fue en el 2015 cuando, aduciendo "motivos humanitarios", abrió las fronteras a los refugiados que huían de Siria, Irak y Afganistán. Su controvertida apuesta, que condujo a la entrada en Alemania de más de un millón de solicitantes de asilo, y su famosa frase Wir schaffen das (traducible por "podemos hacerlo" o "podemos lograrlo"), figurarán a buen seguro en los libros de historia como hitos de su legado.

En ese momento, Merkel fue santificada por la opinión pública europea, y casi borró el mal recuerdo que de ella tenían los países del sur por la política de austeridad que impuso en la UE en la crisis financiera del 2009, en la crisis de la eurozona 

Más recientemente, cuando Donald Trump era presidente de Estados Unidos, la canciller alemana fue saludada por prensa y analistas como la nueva líder del orden liberal internacional del multilateralismo. Pero ella rechazó en público que un canciller de Alemania deba asumir ese papel. Similar encumbramiento de su figura se produjo en la primera ola del coronavirus, por su sensata visión científica de la pandemia. Su vocación europeísta ha sido siempre sólida.

En su país, se marchará con índices de popularidad inauditos de hasta el 70%. Incluso políticos alemanes que están en las antípodas ideológicas de la canciller saliente aprecian su labor. "Como persona de izquierdas, desde luego tengo opiniones políticas muy diferentes a las de la señora Merkel, pero respeto cómo ejerce su responsabilidad y cómo comunica las decisiones", nos dijo el izquierdista Bodo Ramelow, presidente de Turingia, durante una sobremesa con periodistas en Erfurt, capital de este land alemán del este. 

"Desde mi perspectiva de alemán procedente del oeste que se instaló en el este, Merkel ha barrido asuntos que en la Alemania occidental eran tabú, como el abandono de la energía nuclear, que en la CDU occidental no habría sido posible –prosigue Ramelow-. Ella es una alemana del este, pero siempre aparcó ese aspecto; se concentró en fomentar la relación con Europa, pero no ha ido a fondo a la cuestión de la unidad interalemana".

La era Merkel toca a su fin. Y aunque la aludida probablemente seguirá de canciller en funciones durante semanas o incluso meses porque los previsibles ajustados resultados electorales auguran largas negociaciones para formar el nuevo gobierno, en el ambiente en Alemania -y también en otros países- se masca ya la nostalgia. Se marcha una líder excepcional pese a algunos claroscuros, con un gran instinto por el poder y una actitud modesta inusual en las altas esferas.