Es el país más endeudado del mundo, pero le siguen prestando dinero. ¿Por qué?

Lleva décadas impulsando el gasto interno para mantener su economía en marcha, pero consiguió mantener la rentabilidad de los bonos del gobierno
18/01/2023 - 08:25hs
Es el país más endeudado del mundo, pero le siguen prestando dinero. ¿Por qué?

A finales de septiembre, Japón se asomaba a una cifra que provocaría escalofríos en cualquier otro país del mundo y que lejos de quedarse ahí, seguirá en alza. Su deuda pública alcanzó los 9,2 billones de dólares, es decir el 266% de su PBI, la más alta entre las principales economías.

En comparación, la de los Estados Unidos se situó en el mismo periodo en 31 billones de dólares, pero dado el tamaño de la primera potencia del mundo, esta cantidad solo equivale al 98% de su PBI.

La razón de tan abultada cifra es que el país asiático lleva décadas impulsando el gasto interno para mantener su economía en marcha. Sus ciudadanos y empresas, que juegan un papel clave en el crecimiento económico, son extremadamente reacios a consumir y el Estado a menudo se ve obligado a gastar por ellos.

"Los ahorros privados son enormes y la inversión es débil, lo que implica una debilidad crónica de la demanda", dijo Takeshi Tashiro, investigador principal no residente en el Instituto Peterson de Economía Internacional. "Esto a su vez requiere de estímulos del gobierno", apuntó.

"Una de las causas de este problema es la demografía de Japón. Su población es muy longeva", lo que aumenta los costos de la seguridad social y la atención médica del Estado, explicó.

Esto hace que los jubilados tengan mucha incertidumbre sobre su futuro y prefieran ahorrar. "Se espera que el envejecimiento de la población que sustenta esta situación continúe durante mucho tiempo", añadió.

La clave de la deuda pública

Pero pese a esta gran deuda pública, los inversores internacionales siguen confiando en el país y cada año le prestan dinero a través de compras de su deuda. ¿Cómo se explica esto? La deuda pública de Japón comenzó a dispararse a principios de la década de 1990, cuando su burbuja financiera e inmobiliaria estalló con efectos desastrosos.

En 1991, esa ratio era solo del 39%. Pero a partir de ese tiempo, la tasa de crecimiento de la economía empezó a caer en forma drástica, lo que redujo los ingresos del Estado, mientras las circunstancias obligaban a aumentar el gasto.

Al llegar la década de los 2000, su deuda ya superaba el 100% y en 2010 ya se había duplicado otra vez. La tercera economía del mundo mantuvo una senda de estímulos que solo en las últimas décadas se vio amplificada con eventos como la gran recesión de 2008, el terremoto y posterior tsunami en 2011, y más recientemente la pandemia del coronavirus.

Para amortiguar el impacto de estos eventos y mantener el presupuesto anual en capítulos como educación, sanidad o defensa, Japón, como casi todos los países del mundo, vende bonos que financian su gasto. Es decir, coloca su deuda en los mercados internacionales con la promesa de devolverla al inversor en su totalidad más un pequeño beneficio.

Los inversores prestan entonces su dinero al país, sobre todo los más conservadores que ven en esos títulos un lugar seguro para colocar su dinero. "Además de la rentabilidad que se obtiene, los bonos de los países desarrollados tienen una alta liquidez y pueden usarse fácilmente como garantía para préstamos", añadió Tashiro.

Exceso de ahorro

Sin embargo, con niveles de deuda que equivalen a alrededor de dos veces y media el tamaño de su economía, es fácil pensar que el gobierno tendría dificultades para pagar esa gigantesca cifra.

La razón de que la deuda de Japón haya sido sostenible en el tiempo y que el país no haya caído en "default" es que conseguió mantener la rentabilidad de los bonos del gobierno muy baja -pagar poco a los inversores- y muy alta la confianza de los mercados.

"Hay inversores que prefieren la estabilidad a la rentabilidad y por eso optan por Japón para colocar sus excesos de ahorro", explicó el economista Shigeto Nagai a la agencia AFP.

"Japón ha mantenido los tipos de interés extremadamente bajos. Aunque el nivel de deuda es muy alto, el gobierno paga relativamente poco interés a sus acreedores. Puede sostener una deuda alta indefinidamente", dijo Ken Kuttner, profesor de Economía de la Universidad Williams College de Massachusetts.

La clave también reside en que la mayor parte de la deuda de Japón no está denominada en moneda extranjera sino en yenes. Esto hace que su banco central esté menos expuesto a las turbulencias de los mercados internacionales. De hecho, el 90% de la deuda está en manos de inversores japoneses.

"No hay tanta deuda japonesa en manos de extranjeros. Se situaba alrededor del 8% la última vez que lo comprobé. La mayor parte está en manos de instituciones financieras japonesas y el Banco de Japón", afirmó Kuttner. Lo que se consigue con esto es "esencialmente monetizar el déficit del gobierno", dijo. Así que el gobierno japonés vende bonos, que compra su banco central.

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