Groenlandia, en la mira de Trump: por qué el presidente de EE.UU. quiere quedarse con la isla
La ambición de Donald Trump sobre Groenlandia no es nueva, pero volvió a escalar en los últimos días y encendió alarmas en Europa. El presidente de Estados Unidos reiteró su interés en avanzar sobre la isla ártica, un territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, al que considera clave para la seguridad nacional estadounidense.
La advertencia más reciente llegó el domingo pasado, cuando Trump insistió públicamente en la posibilidad de anexionar Groenlandia, en un contexto internacional ya tensionado tras la operación militar ordenada por Washington en Venezuela y la captura del líder chavista, Nicolás Maduro.
"Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional", afirmó el mandatario a bordo del Air Force One, mientras regresaba a Washington. Sus declaraciones ya no son tomadas como una provocación aislada: tanto las autoridades groenlandesas como el gobierno danés y varios países europeos comenzaron a tratar el tema como una amenaza concreta.
Desde Nuuk y Copenhague, la respuesta fue tajante. El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y la jefa del gobierno danés, Mette Frederiksen, dejaron en claro que no avalarán ningún intento de anexión por parte de Estados Unidos. Ambos esperan respaldo firme de la Unión Europea, aunque la reacción moderada del bloque frente a otros movimientos recientes de Trump genera incertidumbre sobre el nivel de apoyo real.
Groenlandia y su estatus político
Groenlandia fue colonia danesa desde el siglo XVIII hasta 1953, cuando pasó a integrar formalmente el Reino de Dinamarca tras una reforma constitucional. Más tarde, en 1979, obtuvo un régimen de autonomía que se amplió en 2009 mediante un referéndum. Sin embargo, áreas clave como defensa, política exterior y política monetaria siguen bajo control de Dinamarca, y sus habitantes poseen ciudadanía danesa.
Aunque Dinamarca es miembro fundador de la OTAN, Groenlandia no forma parte de la Unión Europea, una particularidad que complejiza aún más el debate geopolítico en torno a la isla.
En una declaración conjunta difundida esta semana, varios líderes europeos remarcaron que "Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia". El documento fue respaldado por países como Francia, Alemania, España, Italia, el Reino Unido y los Países Bajos, entre otros, que también sugirieron reforzar la seguridad en el Ártico para reducir tensiones con Washington.
El valor estratégico y económico de la isla
Más allá del discurso político, Groenlandia concentra un enorme valor estratégico. Su ubicación resulta clave en un escenario marcado por el deshielo progresivo del Ártico, que abre nuevas rutas marítimas y redefine el comercio global.
Además, el territorio alberga importantes reservas de litio, níquel, cobalto y cobre, minerales esenciales para la transición energética y la producción de baterías. A eso se suman vastos yacimientos de tierras raras, un recurso que hoy domina China en alrededor del 90% del mercado mundial.
Trump justificó reiteradamente su interés en la isla por razones de "seguridad nacional", aludiendo a la creciente presencia de China y Rusia en la región polar. Sin embargo, analistas advierten que el tono de sus declaraciones sugiere un objetivo más amplio.
Señales de un giro expansionista
El discurso del presidente estadounidense fue acompañado por figuras centrales de su entorno. En una entrevista reciente con CNN, Stephen Miller, asesor histórico de Trump, respaldó abiertamente la posibilidad de avanzar sobre Groenlandia incluso mediante el uso de la fuerza.
"Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal", sostuvo Miller. Y agregó: "Vivimos en un mundo donde se puede hablar todo lo que se quiera sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real... que se rige por la fuerza, que se rige por el poder". Según el funcionario, "estas son las leyes de hierro del mundo".
Estados Unidos ya mantiene presencia militar en Groenlandia a través de la base espacial Pituffik, considerada clave para la defensa antimisiles y el control del espacio aéreo en el Ártico. Allí estuvo el vicepresidente J.D. Vance en marzo del año pasado, acompañado por altos funcionarios del gabinete, en una visita que hoy adquiere una nueva dimensión política.