¿Por qué ya no se mudan? El alarmante dato sobre los jóvenes que viven con sus padres
La postal de la independencia de jóvenes en Argentina sufrió una transformación drástica en la última década. Lo que históricamente se percibía como un rito de iniciación hacia la adultez -el mudarse solo al cumplir los 20 o 25 años- hoy es un privilegio inalcanzable para una gran porción de la población. Según una reciente investigación, cuatro de cada diez adultos jóvenes que transitan la franja de los 25 a los 35 años aún residen en el hogar donde crecieron, postergando planes personales y proyectos de autonomía frente a una coyuntura económica que no da tregua.
Este fenómeno, lejos de ser una elección de comodidad, responde a una red compleja de factores financieros. Los salarios actuales, en muchos casos por debajo de la canasta básica, chocan de frente con un mercado inmobiliario dolarizado o con aumentos que superan cualquier paritaria. Así, la convivencia con los padres se convierte en una estrategia de supervivencia para casi cuatro millones de argentinos que, a pesar de estar en plena edad productiva, no logran reunir los requisitos económicos para sostener un techo propio.
El alquiler: un obstáculo insalvable para el bolsillo joven
El análisis realizado por la Fundación Tejido Urbano, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec), pone blanco sobre negro respecto al principal impedimento: el costo de la vivienda. De acuerdo con el informe, un joven promedio debería destinar aproximadamente el 65% de sus ingresos mensuales solo para cubrir el canon locativo. Si a esto se le suman las expensas, los servicios con tarifas en ascenso y el costo de vida básico, la ecuación se vuelve sencillamente imposible.
La realidad indica que aquellos que logran dar el salto hacia la independencia rara vez lo hacen en soledad. El estudio destaca que el 90% de quienes consiguieron mudarse lo hicieron bajo la modalidad de convivencia, ya sea con una pareja o con compañeros de piso para prorratear los gastos. En el otro extremo, entre quienes permanecen en la casa familiar, existe una tendencia creciente de retorno: jóvenes que habían logrado independizarse pero que, tras una separación o la pérdida de ingresos, se vieron obligados a desarmar su hogar y regresar al cuarto de su adolescencia.
Cambios culturales y el impacto del aporte familiar
No todos los datos del relevamiento son consecuencia de la crisis; también hay factores educativos y culturales que influyen en esta permanencia extendida. La expansión de la oferta universitaria en diversas provincias permitió que muchos estudiantes elijan carreras en sus localidades de origen, evitando el tradicional traslado a grandes centros urbanos como Buenos Aires o Córdoba. Al quedarse cerca de sus universidades, muchos optan por continuar en la dinámica familiar mientras completan sus estudios y dan sus primeros pasos profesionales.
Por otro lado, la investigación resalta que vivir con los padres no significa necesariamente una carga para los progenitores. En una gran mayoría de los casos, los jóvenes adultos realizan aportes económicos significativos a la economía del hogar, compartiendo facturas de servicios y gastos de alimentación. Esta "cooperativa familiar" es hoy el motor que permite a muchas familias de clase media sostener un nivel de consumo que, de forma individual, sería inviable para cualquiera de sus integrantes.