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ALERTA

Cada 13 tapitas de gaseosa fabrican un marco de anteojos: el plan para ayudar a miles de personas vulnerables

La Fundación Boreal recicla tapitas plásticas para fabricar marcos de anteojos y entregarlos sin costo a personas que no pueden acceder a ellos
06/04/2026 - 15:55hs
Aunque no lo creas, 13 tapitas de gaseosas pueden devolverle la vista a cientos de personas y tu ayuda es clave

El reciclaje puede ser mucho más que una práctica ambiental, puede convertirse en una acción solidaria con impacto directo en comunidades vulnerables. Ese es el caso de Fundación Boreal, que transforma tapitas plásticas en marcos de anteojos para entregar gratuitamente a quienes no pueden acceder a ellos, combinando economía circular, inclusión y acceso a la salud en un mismo circuito.

Hay objetos que pasan inadvertidos en la vida cotidiana. La tapita de una botella, de un jugo o de una gaseosa suele terminar en la basura —cuando no en la calle— sin mayor reflexión. Pero con apenas doce o trece de esas tapitas, esta organización logra fabricar un marco de anteojos. Y ese anteojo, en muchos casos, cambia la vida de quien lo recibe: mejora su capacidad de estudiar, trabajar o simplemente desenvolverse con autonomía.

"La campaña surge a partir de la necesidad de ampliar el acceso a anteojos y, al mismo tiempo, generar un impacto ambiental positivo. Transformar tapitas en marcos es convertir un residuo en una herramienta que mejora la calidad de vida de una persona", explica Cristian Mur, director ejecutivo de la Fundación.

La iniciativa forma parte de Promover Salud, el programa central de la organización, que desde hace una década busca "mejorar la calidad de vida de las personas a través de la salud, entendida de manera integral, inclusiva y sostenible". En ese marco, la Fundación no solo aborda la salud visual, sino también la odontológica, pediátrica y clínica, con campañas de prevención y promoción de hábitos saludables.

En 2025, el proyecto dio un salto clave con la puesta en marcha de su propia fábrica de marcos en Monte Grande, Famaillá, provincia de Tucumán. Allí, en un predio de 3.000 metros cuadrados, cedido por Citrícola San Miguel, cuatro personas producen actualmente unos 300 marcos por mes a partir de plástico reciclado. La inversión total rondó los $67 millones: cerca de $50 millones aportados por Grupo Boreal para infraestructura y maquinaria, y $17 millones provenientes de la Embajada de Alemania para equipar el laboratorio óptico.

El proceso productivo es completo. Las tapitas se recolectan, se clasifican por color, se lavan, se trituran y se transforman en materia prima que luego se funde e inyecta en matrices para dar forma a los marcos. Después del acabado final, pasan al laboratorio, donde se colocan los cristales según la receta de cada paciente. El resultado es un anteojo terminado, listo para ser entregado sin costo.

Desde el inicio del programa, ya se han reciclado unos 250 kilos de plástico y entregado más de 9.500 anteojos, en un circuito que integra economía circular, inclusión social y acceso a la salud.

Un colectivo que llega donde el sistema no llega

La fábrica es solo una pieza de un sistema más amplio. El verdadero diferencial del modelo está en su despliegue territorial. A través de un colectivo sanitario, la Fundación realiza operativos en provincias como Tucumán, Salta, Mendoza, Santiago del Estero y Córdoba, y este año sumará presencia en San Juan.

Ese colectivo funciona como una unidad móvil de atención médica que llega a zonas donde el sistema sanitario no alcanza. Localidades como San Antonio de los Cobres, Tolar Grande, Olacapato o Pichanal forman parte de su recorrido habitual. "En realidad son personas con dificultad en el acceso al sistema sanitario en general por vivir en zonas aisladas o en situación de vulnerabilidad", señala Mur.

Durante cada jornada, se realizan controles médicos integrales, especialmente en niños y niñas. Quienes necesitan anteojos pueden gestionarlos en el momento, sin costo. La Fundación releva las recetas, las envía a la fábrica y, una vez producidos los marcos y montados los cristales, los anteojos se entregan a cada beneficiario.

"El proceso es integral: combina detección, gestión y acceso a una solución concreta", resume el director. Para garantizar calidad, no hay listas de espera: cada operativo tiene un máximo de 50 turnos y se organiza a partir de un relevamiento previo.

En total, la organización alcanza a unas 2.000 personas por año a través de sus distintas iniciativas. Pero el objetivo es crecer. Actualmente se realizan 22 operativos sociosanitarios anuales, financiados por Grupo Boreal, y se trabaja en la incorporación de una tercera unidad móvil enfocada exclusivamente en salud visual.

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Ya se entregaron más de 9.500 anteojos reciclados y reciclado unos 250 kilogramos de plástico

El desafío, sin embargo, es escalar. Con una inversión adicional cercana a $15 millones, podrían duplicar la capacidad productiva mediante la incorporación de una segunda inyectora. Eso permitiría fabricar más marcos, pero también ampliar el alcance de los operativos y llegar a más personas.

El programa tiene, además, un fuerte componente educativo y participativo. Cualquier persona del país puede donar tapitas. Existen puntos de recolección fijos en seis provincias y campañas itinerantes que buscan ampliar la red. Familias, escuelas, empresas e instituciones forman parte de esta cadena que convierte residuos en oportunidades. 

"No se trata solo de reciclar, sino de crear valor social. Cada marco representa una oportunidad concreta para alguien que necesita ver mejor para estudiar, trabajar o desarrollarse", destacan desde la Fundación.

Así, el reciclaje deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una acción solidaria que transforma realidades. En un contexto donde el acceso a la salud sigue siendo desigual, iniciativas como la de Fundación Boreal muestran que es posible construir soluciones concretas para comunidades vulnerables a partir de algo tan simple como tapitas plásticas convertidas en marcos de anteojos.