Qué pasó en la planta de Atanor: químicos en el aire, vecinos afectados y un escándalo ambiental que crece
Una explosión en la madrugada del 20 de marzo de 2024 esparció una nube tóxica sobre los barrios de San Nicolás. La tapa de un reactor de la planta Atanor estalló mientras se producía atrazina, uno de los herbicidas más usados en la agricultura argentina.
El estallido liberó cianurilo y otros químicos contaminantes al aire. Los vecinos del Barrio Química, el más cercano a la fábrica, sintieron picazón en los ojos y ardor en la garganta, según publicó la periodista Mariela Castro en el sitio EconomíaSustentable.com.
Un operador de la compañía resultó herido de gravedad. Los bomberos de San Nicolás y Ramallo controlaron el foco, según informó la empresa.
Atanor, que pertenece al grupo estadounidense Albaugh, es la principal productora de herbicidas del país. Sus plaguicidas estrella son el glifosato, la atrazina y el 2,4-D, muy requeridos por la agricultura industrial para controlar malezas en cultivos de soja, maíz y trigo.
Estos mismos productos tienen su uso limitado en varios países de Europa, Latinoamérica y Asia. Los gobiernos restringen su aplicación por sus impactos ambientales y sus potenciales riesgos para la salud humana.
La firma sostiene en su Reporte de Sustentabilidad 2024 que busca un crecimiento sustentable. Asegura que entiende que la salud de las personas y las comunidades depende de las elecciones que hace como compañía.
Sin embargo, cuando se revisan los incidentes que involucran a su planta ubicada a orillas del río Paraná, los antecedentes judiciales y las denuncias por contaminación se acumulan, según indicó EconomíaSustentable.com.
Qué pasó tras la explosión que esparció agroquímicos sobre el barrio
El comunicado oficial de Atanor, publicado por el diario La Nación, dio cuenta de un incidente controlado rápidamente. La empresa se abocó a tareas de limpieza junto con el Comité Organizado ante Emergencias de San Nicolás y la firma RESTEC, especialista en atención de emergencias tecnológicas.
Esa versión no incluyó el miedo que sintieron quienes habitan el Barrio Química. Tampoco mencionó los ojos y gargantas que empezaron a escocer por estar inhalando aire contaminado con cianurilo, un ácido que se utiliza en los productos que la compañía comercializa.
Los vecinos se alarmaron, pero no se sorprendieron. Ya en 2016 había ocurrido un incendio similar, pocos meses después de que la fábrica reabriera sin ningún tipo de control tras haber sido clausurada, según indicó EconomíaSustentable.com.
Greenpeace fue de los primeros en hacerse eco del caso. Diego Salas, director de programas de la ONG en Argentina, recuerda: "Desde las primeras horas tras la explosión estuvimos ahí, acompañando a los vecinos, para documentar y exigir solución".
La organización realizó análisis en los barrios cercanos. Los resultados arrojaron la existencia de atrazina y otros químicos contaminantes en el aire y superficies.
A pesar de estas pruebas concretas y de los reclamos judiciales de los damnificados, siguen sin conocerse las causas detrás del incidente. Tampoco hubo dictamen sobre quiénes fueron responsables del estallido que afectó la salud de cientos de familias.
Por qué Atanor dejó de producir atrazina en San Nicolás
Tras la explosión de marzo de 2024, Atanor no tuvo mayores problemas en conseguir el Certificado de Aptitud Ambiental. La empresa continuó entregando al Ministerio de Medio Ambiente de la Provincia de Buenos Aires (OPDS) los avances del Plan de Gestión Ambiental para seguir operando.
Pero lo que la contaminación sobre el Barrio Química no logró cuestionar, sí lo hizo una inspección realizada en julio de 2025 por la Autoridad del Agua de la Provincia de Buenos Aires (ADA).
Los inspectores detectaron una bomba sumergida que evacuaba líquidos contaminantes al suelo natural dentro del predio de la empresa. Este sector se encuentra a metros de la barranca del río Paraná, por lo que la descarga representaba un nuevo riesgo inminente de contaminación hídrica, según indicó EconomíaSustentable.com.
La irregularidad llevó al cierre de operaciones en la ciudad. Atanor dijo públicamente que las razones de este cambio fueron la búsqueda de "optimizar la competitividad y la eficiencia".
La firma divide su producción entre dos plantas ubicadas en las localidades bonaerenses de Pilar y San Nicolás, y una tercera en Río Tercero, provincia de Córdoba. Tras el cierre de San Nicolás, la producción se concentró en los otros dos sitios.
Los tóxicos que siguen apareciendo en el río Paraná
Las pruebas del presunto mal accionar de Atanor siguen apareciendo. En octubre de 2024, otro estudio reveló la presencia de plaguicidas altamente tóxicos y prohibidos en el Arroyo Yaguarón, uno de los brazos del río Paraná.
Ese mismo arroyo recibió durante años los efluentes de la producción de la planta química. Los análisis detectaron sustancias que deberían haber desaparecido del ambiente hace décadas.
Fabián Maggi, representante legal de FOMEA y de vecinos de San Nicolás, señala: "Aunque la planta industrial ya fue clausurada, los residuos tóxicos que generó Atanor siguen presentes en el ambiente".
Tanto el río Paraná como el Acuífero Puelche se utilizan para abastecer de agua potable a la población. La comunidad de San Nicolás continúa pagando las consecuencias de una contaminación que no se borra con el cierre de la producción de la empresa química.
Entre las evidencias que acumulan los expedientes judiciales están la clausura de 2016 por el riesgo que significaba para los habitantes la producción de sustancias tóxicas, la ampliación en 2019 sin los supuestos permisos correspondientes y la sentencia judicial de 2023 por contaminar y causar daños severos a la salud.
Todo indicaría que el accionar de la firma se aleja de ser "responsable con su actividad" y de "generar resultados positivos para las comunidades" en las que opera, como pregona en sus reportes de sustentabilidad.