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ALERTA

Hay una nueva tendencia que busca recuperar el hábito de jugar y mejorar el aprendizaje

Jugar también es aprender. El Playful Learning propone aprovechar las vacaciones para estimular la creatividad y alejar a los chicos de las pantallas
Por L.A.
12/07/2026 - 07:50hs
Playful Learning: la tendencia que busca recuperar el juego para mejorar el aprendizaje

Durante las vacaciones de invierno, una escena suele repetirse en muchos hogares: chicos que pasan varias horas frente al celular, la tablet o los videojuegos mientras los adultos buscan alternativas para mantenerlos entretenidos. En ese contexto, un enfoque educativo que gana terreno en distintos países plantea una propuesta diferente. Se trata del Playful Learning, una forma de aprender que pone al juego, la curiosidad y la exploración en el centro de la experiencia, sin trasladar la escuela al hogar ni convertir cada actividad en una clase.

La idea tomó impulso en los últimos años de la mano de investigaciones internacionales y volvió a cobrar relevancia hace pocas semanas, cuando la LEGO Foundation anunció un proyecto conjunto con la Fondazione Reggio Children, institución vinculada a la reconocida pedagogía Reggio Emilia.

María Victoria Alfieri, referente de esa corriente pedagógica en la región y directora general del colegio Aletheia, explica que el concepto va mucho más allá de "dejar jugar" a los chicos.

"Cuando hablamos de playfulness no hablamos simplemente de jugar, sino de una actitud frente al conocimiento que surge cuando las personas siguen sus intereses, exploran su curiosidad, se hacen preguntas propias y se implican emocionalmente en lo que hacen", sostiene.

Desde esa mirada, el juego deja de ser un simple recreo para convertirse en una verdadera herramienta de aprendizaje. A través de él, los niños investigan, imaginan, crean, prueban estrategias, se equivocan y vuelven a intentarlo. En ese proceso desarrollan habilidades que hoy aparecen entre las más valoradas tanto en la educación como en el mundo laboral: creatividad, pensamiento crítico, comunicación, colaboración, empatía y capacidad para resolver problemas.

"En un mundo atravesado por la inteligencia artificial, estas capacidades serán cada vez más importantes. No alcanza con saber repetir información. Necesitamos personas capaces de formular preguntas, crear alternativas, trabajar con otros y adaptarse a situaciones nuevas", afirma Alfieri.

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Para María Victoria Alfieri, el juego es una verdadera matriz de aprendizaje para toda la vida

Para la especialista, además, esta manera de aprender no tiene fecha de vencimiento. "Desde la mirada de Reggio Emilia, el aprendizaje es de 0 a 99 años. El juego cambia de forma según la edad, pero nunca deja de ser una manera de conocer, elaborar experiencias y construir sentido", resume.

Menos pantallas, más experiencias compartidas

Uno de los desafíos más frecuentes para las familias es reducir el tiempo que los chicos pasan frente a las pantallas. Sin embargo, Alfieri considera que el problema no debe plantearse como una batalla entre el celular y el juego.

"No pensaría la relación como una competencia. El desafío es ofrecer experiencias suficientemente significativas para que los niños encuentren otros modos de disfrutar, crear y estar con otros", explica.

La especialista invita incluso a cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse cuánto tiempo pasan los chicos frente a una pantalla, propone pensar qué experiencias dejan de vivir cuando esa actividad ocupa gran parte del día.

"Si un niño deja de moverse, conversar, construir, inventar, explorar materiales, salir al aire libre o encontrarse con otros, pierde oportunidades muy valiosas para desarrollar imaginación, lenguaje, autonomía, creatividad y habilidades sociales. El problema no es la tecnología en sí, sino cuando se convierte en la experiencia dominante y empobrece la diversidad de vivencias que un niño necesita para crecer", señala.

La buena noticia es que, según la pedagoga, no hacen falta grandes inversiones ni actividades sofisticadas para despertar la curiosidad. Una caja de cartón, algunas mantas, una linterna o elementos de la naturaleza pueden transformarse en una cueva, una nave espacial o el escenario de infinitas historias.

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Una caja de objetos, unas telas o una linterna pueden convertirse en grandes propuestas de juego

Entre las propuestas que recomienda aparecen revisar fotografías familiares y construir un árbol genealógico, cocinar una receta entre todos, organizar un cine en casa con entradas y pochoclos, crear juegos con hojas, piedras o botones, o simplemente salir a un parque para inventar desafíos al aire libre.

En todos los casos, el eje no está puesto en la actividad en sí, sino en el modo en que los adultos acompañan el proceso. "A veces es necesario intervenir, otras acompañar, otras simplemente observar y estar disponibles. Lo importante es no convertir todo en una consigna. El juego necesita un espacio propio para que el niño pueda descubrir, explorar, decidir, probar y equivocarse", afirma.

Según Alfieri, las familias que incorporan este tipo de experiencias suelen notar cambios que van mucho más allá del entretenimiento. Los chicos se muestran más curiosos, autónomos y creativos, sostienen mejor una idea, conversan más, colaboran y encuentran nuevas maneras de resolver problemas.

Pero también aparece un beneficio menos visible: el bienestar. "Como decían las abuelas, un niño que juega es un niño sano. Jugar permite elaborar emociones, construir recuerdos, transformar experiencias y crear otras nuevas. No hablamos solo de entretenimiento; hablamos de una forma de conocimiento, bienestar y construcción de comunidad", concluye Alfieri, para quien el Playful Learning demuestra que el juego sigue siendo una de las maneras más poderosas de aprender y desarrollarse a cualquier edad.