Luján cerró el basural más grande de Argentina tras 50 años y ahora enfrenta una bomba ambiental sin resolver
El basural de Luján dejó de recibir residuos en julio de 2025. Después de más de 50 años de operación continua, el municipio bonaerense cerró el que es considerado el vertedero a cielo abierto más grande y antiguo de Argentina.
Según publicó el periodista Andrés Sanguinetti en el sitio EconomíaSustentable.com, la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes lo definió así por su extensión y tiempo de actividad. Ahora, toda la basura domiciliaria del distrito viaja hacia el sistema de CEAMSE.
El cambio marca un punto de inflexión. Pero el cierre impide que el problema siga creciendo, no que desaparezca. Debajo de esas 18 hectáreas quedan cinco décadas de residuos acumulados.
La materia orgánica sigue degradándose, generando biogás y lixiviados que pueden contaminar suelo y napas durante años si no se monitorean adecuadamente.
La dimensión de un gigante de basura que creció sin freno
La Quema, como se conoció durante décadas al predio, no era un microbasural clandestino. Era el destino oficial de los residuos urbanos de todo Luján.
Antecedentes técnicos y académicos describen un complejo de alrededor de 18 hectáreas. La basura se extendió sobre la mayor parte del terreno. En algunos sectores, la acumulación superó los 20 metros de altura.
En sus últimos años de actividad, el basural recibió entre 100 y 120 toneladas diarias. A ese ritmo, el flujo anual podía ubicarse entre 36.500 y casi 44.000 toneladas.
Cada año sumaba decenas de miles de toneladas a una montaña que, en ciertos puntos, alcanzó una altura comparable a la de un edificio de varios pisos. El volumen total histórico nunca fue consolidado en una medición pública única.
Pero la superficie ocupada, la profundidad de la acumulación y el flujo anual reciente alcanzan para dimensionar el problema. También para recordar que Argentina mantiene desde hace décadas una deuda estructural con la gestión de sus residuos.
Miles de basurales a cielo abierto siguen operando en distintos puntos del territorio nacional, según indicó EconomíaSustentable.
Por qué funcionó medio siglo sin que nadie lo cerrara antes
La Quema no era un depósito clandestino pequeño ni un foco aislado. Era el destino habitual de la basura de una ciudad entera. Funcionó de ese modo durante más de medio siglo.
Su cierre representa un avance indiscutible. Pero los expertos en medio ambiente se preguntan por qué este predio no fue clausurado antes. ¿Por qué distintas administraciones municipales permitieron que la basura urbana terminara a cielo abierto?
La población de Luján convivió con incendios, humo, olores, presencia de insectos y roedores, además del riesgo permanente de que la contaminación avanzara más allá de los límites del predio.
Los analistas advierten que no se trató de un fenómeno imprevisto. La Quema formó parte del sistema público de disposición de residuos de Luján.
Este escenario fue posible por la continuidad de una política pública que atravesó gobiernos, intendentes y cambios de signo político. Ninguno consiguió reemplazar un modelo ambientalmente insostenible.
Qué sigue ocurriendo debajo de la tierra aunque ya no entre basura nueva
El cese del ingreso de residuos elimina una fuente diaria de contaminación. Pero no detiene automáticamente los procesos que siguen activos dentro de la masa acumulada.
La materia orgánica continúa degradándose. Ese proceso genera biogás, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono.
El metano es uno de los gases de efecto invernadero más relevantes en la discusión climática. También es uno de los grandes problemas asociados con la gestión deficiente de residuos.
Los lixiviados representan otro riesgo. Surgen cuando el agua de lluvia atraviesa la basura y arrastra materia orgánica y sustancias presentes entre los residuos.
En un relleno sanitario, la ingeniería busca aislar la masa de basura, captar esos líquidos y tratarlos. En un basural a cielo abierto, esas barreras pueden no existir o ser insuficientes.
Los expertos aconsejan que la remediación incluya estudios de suelo, control de aguas subterráneas, manejo de gases, tratamiento de lixiviados y monitoreo ambiental de largo plazo.
Advierten que el riesgo más serio es que el cierre administrativo sea presentado como si fuera una limpieza completa. No lo es. Sanear el predio implica otra escala de trabajo, otra inversión y otro tiempo según indicó EconomíaSustentable.
CEAMSE ahora recibe toda la basura de Luján pero el problema no desaparece
El nuevo esquema llevado a cabo por el municipio ubica a CEAMSE en el centro de la política de residuos de Luján. Toda la basura domiciliaria del distrito comenzó a ser enviada al sistema de disposición final de la empresa pública interjurisdiccional.
Los residuos dejan de terminar en un basural abierto. Ahora van a instalaciones diseñadas para una disposición controlada. Pero el cambio también plantea una discusión incómoda.
La basura sigue existiendo. La diferencia es que ahora viaja más lejos. Si Luján continúa generando alrededor de 100 toneladas diarias y la mayor parte termina en disposición final, el problema deja de verse dentro del distrito.
Pero no desaparece. Por eso, el éxito del nuevo modelo no podrá medirse solamente por la cantidad de camiones que dejaron de entrar a La Quema.
Se medirá en cuántas toneladas logra reducir, separar y recuperar antes de enviarlas a enterramiento. Ahí se juega la diferencia entre gestionar residuos y desarrollar una verdadera política de economía circular.
Cartón, papel, vidrio, metales y plásticos pueden reincorporarse al circuito productivo. Pero eso requiere separación en origen, recolección diferenciada, plantas de clasificación, logística y mercados.
Un sistema capaz de sostener todo el recorrido. De lo contrario, el cierre del predio corre el riesgo de transformarse en una mudanza de la basura según indicó EconomíaSustentable.
La obra millonaria que quedó inconclusa y dejó todo a mitad de camino
El aspecto más polémico del caso aparece cuando se revisa la historia del Centro Ambiental Luján. La solución integral había sido proyectada años antes.
En 2021, el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación lanzó una licitación para diseñar, construir y operar un nuevo Centro Ambiental. También para sanear el basural existente.
La iniciativa formó parte del Programa de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos. Contó con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo.
El presupuesto oficial superó los $1.000 M a valores de aquel momento. No consistía simplemente en levantar una planta de clasificación. Buscaba modificar de raíz el sistema de residuos del distrito.
La obra contemplaba tratamiento, recuperación de materiales, infraestructura ambiental y saneamiento del predio histórico.
Por su dimensión, la licitación atrajo a varios de los grandes jugadores del negocio ambiental y de la obra pública. Se presentaron:
- Urbaser Argentina junto con Urbaser
- Tecsan Ingeniería Ambiental y Benito Roggio e Hijos
- Transportes Malvinas
- Milicic
- EVA S.A. y Estrans
La adjudicación quedó finalmente en manos de EVA. La empresa pasó a ser la contratista de la infraestructura destinada a reemplazar el viejo modelo.
El Centro Ambiental comenzó a ejecutarse. Pero no fue completado en los plazos previstos. La obra quedó atravesada por disputas judiciales, modificaciones contractuales y cambios en la política nacional de obra pública.
Distintos antecedentes ubicaron el grado de avance cerca del 70% cuando el proyecto empezó a quedar paralizado. Demandas judiciales y trámites derivaron en la parálisis de la licitación.
En 2025, la intervención de la Corte Suprema modificó el escenario y despejó el camino para la continuidad del proyecto. Pero para entonces el basural había sumado nuevas toneladas. El Centro Ambiental seguía sin cumplir su objetivo original.
La brutal contradicción: mientras se discutía en tribunales, el basural seguía creciendo
Mientras el futuro de la obra se discutía en despachos, expedientes y tribunales, el basural seguía recibiendo residuos. Los ingresos en los últimos años podían acercarse a las 40.000 toneladas anuales.
Ese nivel de basura acumulada profundizaba la contaminación del predio, comprometía más superficie y generaba mayor daño potencial, además de incrementar los fondos necesarios para reparar el desastre futuro.
Ahora, el municipio tomó una decisión práctica. Cerró La Quema y envió toda la basura a CEAMSE, aun cuando la infraestructura diseñada para reemplazarla no estuviera terminada.
La medida cortó la continuidad del problema. Pero dejó a mitad de camino el nuevo modelo. Resumió una de las mayores paradojas de la política ambiental argentina.
Y dejó en modo incógnito la próxima etapa, que requiere un cierre técnico. Eso supone estabilizar la masa de residuos, manejar el escurrimiento del agua, controlar gases, captar lixiviados y proteger el suelo.
También vigilar las napas y sostener mediciones durante años. La pregunta más importante es quién pagará por esa remediación. También cuánto costará, cuánto demorará y qué organismo tendrá a su cargo el control según indicó EconomíaSustentable.
Qué cambia para los vecinos y qué pasa con los recuperadores informales
Para los vecinos de Luján, el cierre implica un alivio concreto. No ingresan nuevas toneladas. Con el tiempo deberían disminuir los incendios, el humo, los olores y la presencia de vectores.
La calidad ambiental de los barrios cercanos puede mejorar. Pero el impacto social también modifica la economía de los residuos. Transportar basura a CEAMSE tiene costos logísticos y operativos.
Cuantas más toneladas se generen, mayor será el gasto. Por eso, la separación en origen deja de ser solamente una consigna ambiental. Se convierte en una cuestión económica.
Cada tonelada recuperada reduce transporte, disposición final y presión sobre los rellenos sanitarios. Además, cada material que vuelve al circuito productivo evita parte de la extracción de nuevas materias primas.
Pero la responsabilidad no puede recaer exclusivamente sobre los hogares. Separar residuos sirve si después existe un sistema público capaz de recogerlos de manera diferenciada y procesarlos.
La Quema también fue durante años el lugar de trabajo de decenas de familias. Un estudio académico basado en antecedentes del proyecto señaló que el municipio había censado a 163 recuperadores informales. De ese total, 89 habían sido integrados a una cooperativa recicladora.
Otros relevamientos hablaron de entre 150 y 200 familias vinculadas económicamente con el predio. Durante años buscaron cartón, plástico, metal y otros materiales entre la basura.
Lo hicieron expuestos a humo, residuos peligrosos, elementos cortantes y condiciones sanitarias inadmisibles. El nuevo esquema municipal contempla la incorporación de recuperadores a sistemas cooperativos.
También capacitación y trabajo en mejores condiciones. Ese será otro de los desafíos pendientes del cierre de La Quema.