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Con dólar alto, ¿se pudo vender más al mundo?: esto pasó con las exportaciones argentinas

Con dólar alto, ¿se pudo vender más al mundo?: esto pasó con las exportaciones argentinas
Pese a los beneficios que suele generar una mejora en la competitividad cambiaria, no paran de surgir luces de alerta en la economía doméstica
Por Juan Diego Wasilevsky
25.11.2018 07.00hs Comex

Los datos revelados por el INDEC correspondientes al intercambio comercial de la Argentina con el mundo, a primera vista, parecen arrojar excelentes noticias para el Gobierno.

En octubre, el saldo entre exportaciones e importaciones marcó el segundo superávit del año, con un resultado positivo de u$s277 millones.

Así, se espera que el año concluya con una leve caída del rojo de la balanza, que en 2017 había alcanzado un récord de u$s8.300 millones, producto de la mayor expansión de la actividad económica y del atraso cambiario.

Ahora, tras el salto del dólar y también producto de la caída del ritmo de actividad, el saldo tenderá a equilibrarse.

Así, desde la consultora Abeceb proyectan un déficit comercial de u$s6.000 millones, es decir, una cifra que se ubicará casi 28% por debajo de los niveles del año pasado. Esto, a primera vista, resulta positivo.

Sin embargo, por detrás de esta mejora de las perspectivas, hay otros datos que reducen drásticamente los niveles de optimismo.

Es que está quedando en claro que el avance de la divisa estadounidense no es una variable que, por sí sola, esté ayudando a producir un boom exportador y que, a su vez, esto permita compensar la fuerte caída del mercado interno. 

El dato revelador es que las exportaciones están reaccionando muy tímidamente: de hecho, en agosto y septiembre experimentaron una preocupante caída interanual de 1,6% y 4,8%, respectivamente.

Ya en octubre, cuando el dólar se amesetó tras el pico alcanzado, la suba fue muy tibia, del orden del 1,4% interanual.

Y si bien buena parte de esa dinámica se explicó por la fuerte caída que sufrieron los productos primarios producto de la sequía, la realidad es que las manufacturas industriales tampoco tuvieron una gran performance: considerando el período que fue de septiembre-octubre, las ventas al mundo de este gran rubro generaron u$s133 millones menos que en igual lapso de 2017, equivalente a una caída cercana al 4%.

El problema que ven desde la consultora Ecolatina es que el tipo de cambio no está ayudando a traccionar a la economía. Y recalcan que la culpa de este menor dinamismo no puede ser achacado únicamente a la sequía.

En este contexto economistas como Martín Kalos, de EPyCA Consultores, plantean que el salto del dólar generó un respiro, que evita la importación barata ahogue a la industria.

Sin embargo, para el experto, la mejora no alcanza para que aquellas empresas que no exportaban ahora se lancen a ganar mercados internacionales. 

A esto se suma el problema que surgió en el frente interno: la caída de la demanda doméstica por el menor poder adquisitivo está resultando ser un efecto colateral por demás indeseable.

Es que el daño que provocó el salto del dólar y la posterior aceleración de la inflación en el consumo es mayor que el beneficio que está generando para traccionar exportaciones y limitar importaciones que compitan con la industria nacional. 

"La consecuente reducción del poder adquisitivo en dólares y en pesos, retrajo la demanda de bienes durables y de consumo, lo que llevó a las empresas a reducir al mínimo la producción, dado el creciente costo financiero de mantener stocks elevados en un contexto de ventas deprimidas", plantearon desde Ecolatina. 

Incluso, desde el propio Gobierno reconocen que el cóctel de variables que se generó entre devaluación, poder adquisitivo en baja y suba de precios está funcionando como un lastre para la economía.

En este contexto, en el informe del Monitor de la Economía Real, que comenzó a elaborar el Ministerio de Producción y Trabajo, reconocieron que "la pérdida de dinamismo del mercado interno y el pico de inflación, impactó en las decisiones de consumo y postergó las de inversión".

Esto pega de lleno en la actividad industrial, que viene de desplomarse un 11,5% en septiembre, acumulando una contracción del 2,1% en lo que va del año.

En teoría, un salto del billete verde debería tener un doble efecto positivo: potenciar exportaciones de alimentos y manufacturas y reducir el ritmo de importaciones, permitiendo un incremento del share de los productos nacionales.

Sin embargo, la caída de la demanda interna es tal que el "efecto dólar" no solo no ayudó a traccionar a la industria sino que, por el impacto de la inflación, terminó jugando en contra.

Una muestra de ello es la utilización de la capacidad instalada que muestra la industria: el último dato muestra un nivel del 61%, casi 8 puntos por debajo de 2017.

Y lo más preocupante es que sectores clave como metalmecánica, automotriz y otros llamados "sensibles, como el textil, están operando incluso por debajo del 50%.

Las terminales, de hecho, son un reflejo de cómo la coyuntura económica y cambiaria terminó complicando a la industria.

Los precios de los autos se dispararon entre 60% y 70% por el elevado contenido importado y esto, sumado a la fuerte suba de las tasas de interés, provocó en octubre un derrumbe en el ingreso de vehículos y de autopartes del orden del 48%.

Pero no es algo para festejar: si bien las exportaciones acumulan un crecimiento del 28% en volúmenes, la producción viene de registrar en los dos últimos meses preocupantes desplomes de casi 21% y 12%.

Desde ADEFA reconocieron que "la situación de alarma del sector es importante" y que, frente a este cuadro, están negociando implementar un día de suspensión general entre fines de 2018 y principios de 2019.

Otro ejemplo de cómo la tracción externa no ayuda a compensar la caída interna se encuentra en algunas industrias "sensibles".

Los despachos de indumentaria y productos textiles, por ejemplo, en octubre se desplomaron más del 23%, acumulando una baja del 7% en lo que va del año.

Lo paradójico es que esta caída es mayor que la sufrida en el frente importador, con una contracción del 17% en octubre y un alza del 3% para lo que va de 2018.

En el caso de la industria del calzado, se produjo un llamativo derrumbe del 75% de las ventas al mundo entre enero y octubre de este año versus el período anterior, frente a la contracción del 5% que experimentaron las importaciones.

Y esto se está traduciendo en el cierre de plantas y en la pérdida de miles puestos de trabajo.

Más superávit, menos PBI

Claro que hay sectores que sí están disfrutando a pleno de la mejora de la competitividad cambiaria: KPMG viene de estimar que las exportaciones de carne vacuna crecerán un 50% en 2018, con envíos por u$s2.000 millones, posicionando a la Argentina como el sexto mayor jugador a nivel mundial. 

En el caso de la industria vitivinícola, tras meses muy complicados, octubre está mostrando mejoras sustanciales en el frente exportador. 

Sin embargo, economistas como Kalos plantean que el salto del dólar generó un respiro, pero no será un impulso suficiente para producir un boom de ventas al mundo. 

De hecho, desde Ecolatina advierten que las exportaciones de bienes, que son las que más empleo traccionan, vienen mostrando un deterioro sostenido en los últimos años: según las estimaciones de la consultora, entre 2011 y 2019 caerán más del 20% en dólares corrientes.

Por último señalan que en 2019, la Argentina volverá a disfrutar de superávit comercial, con una cifra que podría ubicarse en los u$s4.500 millones, en tanto que para Abeceb podría llegar a los u$s6.000 millones.

Sin embargo, los analistas de Ecolatina advierten que este dato es relativo: "Lo importante no es sólo el superávit sino también aumentar el intercambio comercial". Es decir, que es importante que crezcan más las exportaciones, pero también las importaciones, por la necesidad de contar con más insumos, componentes y bienes de capital para completar procesos industriales.

Sin embargo, los expertos no prevén que el empuje de las ventas al mundo tras la devaluación alcancen para potenciar la economía: para este último trimestre esperan que las estadísticas muestren una profundización de la recesión, lo que dejará al 2018 con un nivel de actividad 2,4% menor al alcanzado en 2017.

Y si bien habrá un repunte mayor de las exportaciones en los próximos meses –ayudadas también por el crecimiento de Brasil-, advierten que "esto no sería suficiente para que la actividad se recupere rápidamente y cierre el 2019 en terreno positivo".

Por el contrario: estiman una caída del PBI de 1,4% para el año próximo.

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