Paradoja: por qué ahora la confianza en el país es casi récord a pesar de ser el "subcampeón" en inflación
La Argentina suele presentar algunas paradojas, que hasta resultan difíciles de entender, si se compara con lo que ocurre en otros países.
El ostentar una altísima inflación es, en cualquier otro lugar, un motivo más que suficiente como para que la población caiga en un estado de incertidumbre colectiva y proyecte su futuro con marcado pesimismo.
Esto es lo que suele darse en diferentes naciones. Pero la Argentina, aun teniendo el segundo índice más alto del mundo, vuelve a ser la excepción a la regla.
En efecto, y a pesar de una suba de precios que ronda el 25% anual, los índices de confianza han seguido escalando. Y ya se ubican en registros similares a los de aquellas "épocas doradas".
¿Cuándo fue esto? A comienzos de 2007, cuando el país gozaba de un quinquenio de crecimiento a tasas chinas, el consumo se recuperaba a toda máquina y los precios no escalaban como sí lo hacen ahora.
Muchas veces el ritmo inflacionario suele ser presentado como "el tema" que les quita el sueño a los argentinos.
Claro está que, en teoría, debería ser así. Sin embargo, en la práctica, la realidad está indicando otra cosa.
Las diferentes investigaciones que tienen por objeto medir el humor social muestran que las expectativas favorables sobre el futuro de la Argentina siguen en franco crecimiento.
Y una marcada prueba de ello lo dan:
- El exacerbado nivel de consumo, que no cesa.
- El mayor interés de buena parte de la sociedad por vacacionar en el exterior.
- Y, un dato no menor: el fuerte freno registrado en la fuga de capitales (se guardan menos dólares en el colchón)
El indicador elaborado por la Universidad Di Tella es considerado como el principal referente a la hora de tener que medir si hay clima de "buena onda".
Para hacerlo, recurre a una pormenorizada encuesta, realizada en un vasto grupo de gente, representativa de la población. Mide tres "percepciones":
- Cómo se ve la economía del país hoy respecto de la de hace un año, y cómo se espera que sea su evolución en los próximos 12 meses.
- Cuál es la situación personal de los entrevistados respecto a la de un año antes y cómo vislumbra su futuro para los próximos meses.
- Cómo califican al escenario actual para la compra de bienes, que van desde un electrodoméstico, un auto hasta un inmueble.
En noviembre, ese termómetro que mide el humor social, mostró una suba acumulada del 37% respecto al grado de confianza que imperaba hace un año (y un 10% más respecto a octubre 2010).
Pero eso no es todo. El dato que más llama la atención es que esa mejor percepción no se limita a la euforia causada por el boom de consumo. Además, los argentinos creen en el buen desempeño que tendrá el país y apuestan a que a ellos, en el plano personal, también les irá bien.
¿Por qué este dato cobra relevancia? Porque está marcando que la compra de bienes va más allá de un comportamiento defensivo ante la inflación.
"Ahora las preguntas que lideran los índices son las referidas a la percepción sobre la evolución de la economía. Sobre todo en la expectativa a corto plazo", indica Javier Rouillet, investigador de la Di Tella a cargo de la elaboración del índice.
"Además, esta respuesta resultó ser un patrón bastante uniforme, tanto en distintos puntos del país como en la segmentación realizada según nivel de ingresos. Es algo que llama la atención, porque habitualmente se observaban diferencias en este sentido", agrega.

Otras tres investigaciones, la de Fundación Mercado, la de la Universidad Católica y la de la Universidad Tres de Febrero, también muestran altos índices de confianza y en ascenso, aunque todavía algo alejados de sus máximos históricos.
La encuesta de expectativas de la UCA, da cuenta de que se recuperó el registro del primer trimestre de 2008 y que, de continuar esta tendencia, alcanzará el pico tocado en julio de 2006.
Hay dos cuestiones que resultan fundamentales para explicar este comportamiento:
1. El crecimiento pesa más que la inflación en el humor social
¿Cómo debe interpretarse este crecimiento a tasas chinas en el nivel de confianza, pese a una inflación que no sería socialmente aceptada en otras partes de mundo?
Ernesto Kritz, director de SEL consultores y un referente en esta materia, da precisiones al respecto.
Su conclusión, luego de cruzar la evolución de los distintos indicadores es que, si bien la inflación influye, la clave que define el humor social parece estar más directamente vinculada con el empleo.
Cabe destacar que, tal como diera cuenta iProfesional.com, buena parte de la sociedad argentina adhiere a la teoría de que si hay inflación es porque la economía se mueve y esto hace que no peligren los puestos de trabajo.
Como contrapartida, en situaciones de estabilidad, teme que los ajustes se produzcan no en el nivel de los salarios, sino en la cantidad de gente empleada.
"Es un argumento que tiene algún atractivo a nivel de intuición. Se percibe que aumentan los precios porque la economía crece y esto se ve como algo bueno. Pero cuando uno lo analiza en profundidad, y mirando el largo plazo, esta creencia no tiene asidero", afirma Maximiliano Carrillo, director de la consultora ACM.
En la misma línea Kritz señala: "La mejora en el humor social es una combinación de varias causas. Y sentir que hay estabilidad en el empleo es una de las principales, porque es lo que hace posible tomar decisiones de gasto. En cambio, la inflación es un problema contra el cual hay protección, al menos para los asalariados del sector formal", señala el economista.
Para sustentar sus dichos acerca de cuánto influye la suba de precios en el nivel de confianza, Kritz aporta un dato elocuente: en 2009, el índice inflacionario cayó notoriamente respecto del año anterior. Aun así, la confianza de los consumidores continuó desplomándose (producto de las dificultades que afectaron al mercado laboral).
"Más que la inflación, a los argentinos le importa el empleo y el nivel del salario. Y lo que se observa es que hay una correlación bastante directa entre las expectativas de los consumidores y los indicadores del nivel de actividad", apunta Eric Ritondale, analista de la consultora Econviews.
En esta línea, el investigador de la Di Tella aporta que el crecimiento económico y la estabilidad laboral resultan ser elementos más valorados por los argentinos que la propia estabilidad de precios.
2. Si el dólar no se mueve crece el optimismo
Además del empleo y del salario hay otro elemento que juega un rol fundamental en las expectativas de los argentinos y que está explicando el buen humor de la sociedad: el precio del dólar.
En efecto, la contracara de la tolerancia social hacia la inflación es una fuerte intolerancia a la volatilidad cambiaria. Y de esto parece haberse dado cuenta el Gobierno hace rato.
"Ustedes van a Brasil y ahí nadie les habla de dólares. Hablan de reales, piensan en reales, gastan en reales, sueñan en reales y quieren ganar reales (...) Y a nadie se le mueve un pelo ni pierde una ojota por ir a comprar dólares, siguen yendo a la playa. Acá en la Argentina, una oscilación de cuatro o cinco centavos de un día para el otro en el dólar produce un efecto estampida, la gente se agolpa frente a las casas de cambio", había resaltado la presidenta, Cristina Kirchner, en uno de sus discursos.
Y en este momento no sólo el tipo de cambio está estable, sino que por el efecto de la inflación los ingresos suben en términos de billete verde.
"La gente, por lo menos en algunos sectores sociales, percibe que se beneficia con el abaratamiento de los artículos importados y con la posibilidad de viajar al exterior. Sin dudas esto influye también en el humor social", señala Kritz.
Y Ritondale destaca que, a diferencia de otros momentos históricos de alta inflación, ahora se percibe una ralentización en la fuga de capitales, que está debajo de la mitad del monto que caracterizó a los momentos de mayor desconfianza: "Eso es todo una señal, evidentemente hay una percepción de que el año que viene no va a ser traumático", agrega.
¿Euforia o autodefensa?
Los números del consumo coinciden con estas mediciones sobre el buen humor social.
En los shopping centers y supermercados, si bien las tasas de crecimiento ya no son tan altas como a comienzos de año (porque la base de comparación ya no es contra un momento recesivo) los números siguen siendo positivos en términos reales.
En Econviews trabajan con una hipótesis de que el consumo privado tenga un crecimiento promedio real de 5,5% durante el año próximo, con algunos renglones como electrodomésticos que seguirán en un ritmo más alto, en torno de 8%. Y se espera un nuevo récord de venta de autos cero kilómetro.
"A pesar de la inflación, el consumo seguirá impulsado por el mantenimiento de políticas de ingreso fuertemente expansivas, apoyadas en aumentos salariales que promueven mayores ingresos en vastos sectores de la población, especialmente valuados en dólares", analiza la consultora que dirige Miguel Kiguel.
La encuesta de la Universidad Católica es bien elocuente sobre el contexto actual. Ante la pregunta de qué es lo que conviene hacer con el dinero, el salir de compras sigue mostrando un alto porcentaje en la elección de los argentinos.

"Esta situación me recuerda a otros momentos históricos del país, como aquellos finales de los años 60 y comienzos de los 70, en los que había inflación, pero controlada, y la economía funcionaba bien. El pesimismo social llega cuando la economía no crece", analiza Kritz, quien no oculta que la mayoría de sus colegas se preguntan sobre en qué momento el escenario actual se revertirá.
Entre los más "desconfiados" del actual contexto figura el economista Carlos Melconian, quien advierte que este tipo de políticas sólo resultan efectivas en el corto plazo. En su visión, cada vez se necesitará de una mayor dosis de inflación para lograr el mismo nivel de actividad.