Los bancos ya no saben dónde meter tantos billetes
Una de las consecuencias imprevistas de la alta inflación Argentina es la sobreabundancia de billetes, que está provocando dificultades en las operaciones de las entidades bancarias locales.
La cantidad de pesos en circulación es tal que los bancos han tenido que acudir a las compañías de transporte de caudales para que los guarden y también ellas se han quedado sin espacio para almacenarlos.
Con billetes pequeños, el dinero ocupa un espacio que es un problema enorme para los bancos y las compañías de seguridad que lo trasladan. Además, el dinero acumulado pierde valor debido a la inflación.
Gran parte de los billetes son de $100. El kirchnerismo lo mantuvo como la moneda de mayor denominación durante sus casi 13 años de gestión pese al rápido aumento del costo de vida.
A fines de 2015, los billetes de $100 representaban cerca del 90% de los más de 6.000 millones de papeles en circulación en Argentina y los cajeros automáticos se vaciaban con rapidez.
Si bien el Gobierno de Mauricio Macri puso billetes de $200 y $500 en circulación, todavía son pocos: los de $100 representan el 70% del total. Según la media histórica, el billete de mayor denominación del país debería ser ahora de $1.000, calcula hoy El País.
Fuentes bancarias opinan que este es un problema grave. “Se originó durante el Gobierno pasado, cuando Argentina tenía una inflación elevada, por encima del 20%, y la denominación de los billetes no acompañó el ritmo de inflación y el exceso de emisión monetaria. La gran cantidad de billetes físicos generó una bola de nieve enorme para el sistema financiero", explican.
La problemática terminó de madurar a principios de 2017, semanas después de que el Banco Central (BCRA) dejase de aceptar dinero de los bancos como forma de presión para su campaña de fomento de los medios electrónicos de pago. Hasta entonces, si a los bancos les sobraba dinero, lo enviaban al BCRA y este los convertía en un depósito electrónico en su cuenta bancaria, sin otro cargo que el del transporte.
"Cuando el Banco Central dejó de guardar los billetes de los bancos todo se complicó. Hemos tenido que multiplicar los viajes de los camiones de caudales y aumentar la mano de obra para el recuento de billetes en nuestras bóvedas. Es una locura. Todas las instalaciones, las de los bancos y las nuestras, están desbordadas”, señaló un miembro de la Cámara de Transportadores de Caudales.
Desde el BCRA afirman que el objetivo es hacer más eficiente todo el sistema. En vez de aceptar pesos han puesto en marcha una plataforma para que los bancos interactúen entre ellos: los que tienen excedente de billetes se los pasen directamente a aquellos que tienen una gran demanda de efectivo, como los bancos públicos desde los que se pagan los sueldos de los funcionarios.
Por otro lado, se imprimen cada vez más billetes de $500 y antes de que termine el año también estará en circulación un billete de $1.000. Paralelamente, se ha acelerado la destrucción de billetes deteriorados gracias a la adquisición de una máquina alemana que tritura unos cinco millones de papeles por día y llegará a los diez millones cuando funcione a pleno rendimiento.
"La decisión del Gobierno anterior de no hacer un billete de mayor denominación hacía que los billetes de $100 se usaran por un tiempo superior a su vida útil, que es de entre 18 y 24 meses”, explican desde el organismo presidido por Federico Sturzenegger.
El pico del problema ha quedado atrás, pero incluso con el actual ritmo de destrucción de papeles deteriorados, y sumando la llegada de los billetes de $1.000, se necesitarán muchos meses para normalizar la situación.