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Elypsis: "Argentina no puede competir en el mundo con un modelo de salarios bajos"

Elypsis: "Argentina no puede competir en el mundo con un modelo de salarios bajos"
El nuevo economista jefe de la consultora Elypsis, Martín Kalos, dialogó con iProfesional sobre los desafíos que se le presentan a Alberto Fernández
Por Mariano Jaimovich
30.10.2019 06.51hs Economía

En una entrevista a iProfesional, Martín Kalos, el nuevo economista jefe de Elypsis, consultora fundada por Eduardo Levy Yeyati, responde cómo ve la situación económica actual y analiza los desafíos inmediatos que tendrá que resolver Alberto Fernández.

Entre los temas centrales, considera que la crisis económica argentina tiene "mucho por recorrer todavía" y que es clave que el nuevo Presidente de la Nación llame "cuanto antes" al FMI para renegociar una extensión del plazo de pago a la deuda.

-¿Con qué economía se encontrará Alberto Fernández?

-Es una crisis, sin ninguna duda, que se prolonga desde hace un año y medio y que todavía tiene mucho por recorrer para decir que estamos saliendo de la misma. Básicamente porque, además, estamos en una transición política complicada que impide tomar medidas para salir. En definitiva, el Gobierno actual está postergando la resolución de los problemas, se ve en el reperfilamiento de deuda, que fue simplemente patear los vencimientos a los primeros meses del próximo gobierno, y abrir una instancia de renegociación de mediano plazo que tendrá que hacer la próxima gestión. También se pospusieron los aumentos de tarifas para enero.

-¿Y el control cambiario?

-El control cambiario tiene el problema que deberá ser definido por el próximo gobierno, que deberá ver cómo entra en una política integral y darle razonabilidad y sustentabilidad a esa medida porque tal como está necesita ajustes. Hay que definir qué sucede con las ganancias de las empresas extranjeras, cómo se giran utilidades al exterior, dónde se ponen los límites y las posibilidades de usar el tipo de cambio oficial. Mientras tanto se está en una situación crítica en la cual hay paliativos muy débiles y de muy corto plazo, donde la solución se patea para adelante.

-¿Qué puede ocurrir desde lo económico en estas seis semanas que quedan para que Alberto Fernández asuma la Presidencia?

-Es una transición para amoldar las políticas de Macri a las que pretende aplicar luego Fernández, es una negociación. En términos de la dinámica, como toda crisis prolongada, pueden quedar episodios de volatilidad muy altos, porque el contexto de incertidumbre puede generar un nuevo salto en el dólar. Por ende, se debe hacer un equilibrio muy delicado entre las reservas y usarlas de forma responsable, por eso las medidas.

La salida de depósitos en dólares es un drenaje por goteo que se puede aguantar de acá a fin de año sin problemas, ya que el sistema bancario tiene liquidez. También hay un drenaje por pago de deuda y hasta que no se logre la refinanciación no se va a conseguir suficiente financiamiento. En resumen, es clave que Fernández llame cuanto antes al FMI para negociar una extensión del plazo del pago de la deuda, para que ingresen las divisas pendientes y porque esta entidad sirve como puente para los acreedores privados.

-¿Qué alternativa posible tiene la nueva gestión para resolver estos problemas?

-La primera es una renegociación de la deuda ordenada y prolija de forma rápida, y no ir con planteos imposibles. Es decir, buscar una salida factible, como puede ser una extensión de los pagos, sin quita de capital, ni de intereses, porque no sería lo más relevante en base a cómo está la situación argentina. Lo principal es tener tiempo para crecer y pagarlo. El interrogante es que se trabe por algún aspecto, que lleve demorar más tiempo en buscar el refinanciamiento que se necesita. Mientras eso no esté, es muy difícil plantear un horizonte de salida de la crisis.

-¿Cuál es el panorama económico que están proyectando?

-Estamos estimando una caída de la economía del 3,2% para 2019 y deja un arrastre para el año que viene. Recién pensamos que para fines del 2020 puede haber una recuperación si se hace una renegociación de deuda rápida y ordenada. Es decir, el año que viene sería el tercero consecutivo de caída en PBI, algo que no ocurría en Argentina desde 1998 a 2002. Y estamos redondeando una década perdida de crecimiento. No es solamente que nosotros no logramos crecer, sino que el mundo avanza en términos de innovación y productividad y el país se ha estancado y perdido terreno.

-¿Y cómo ven al dólar y a la inflación para diciembre?

-Con esta batería de medidas y controles cambiarios lo vemos subir lentamente al dólar, sin grandes saltos, para alcanzar los $67 en diciembre. En cuanto a su influencia en los precios, al estar controlado el tipo de cambio, habría que ir monitoreando la influencia de las referencias cambiarias alternativas, que son las que están subiendo, ya que marcan que la demanda de dólares se está yendo por otros canales, que era el objetivo buscado por este control cambiario. Es decir, que se vayan las divisas por acuerdos entre privados, y no de las reservas del Banco Central. En resumen, esto no se vería trasladado a la inflación en el corto plazo porque la mayor parte de los costos de importación y financieros de las empresas están atados al tipo de cambio oficial. Mientras no ocurra que los tipos de cambios alternativos empiecen a entrar en la expectativa de devaluación, entonces no deberían tener una influencia en precios. En este sentido, en todo el 2019 habría una inflación del 57%, dependiendo que no haya un agravamiento de la crisis.

-¿Cuál es el problema de fondo de esta crisis?

-Los problemas habría que dividirlos entre los de corto plazo y urgentes y los síntomas de crisis, como también en los de fondo de la economía argentina en los que se cae recurrentemente. En el corto plazo, obviamente hay un problema de escasez de divisas, un desequilibrio externo que hace que hoy no se tenga posibilidades de refinanciarse o tener los dólares necesarios para un normal funcionamiento de la economía. Algo que también lleva a un aumento del desempleo, de la pobreza, aumento de desigualdad y caída de salario real de los últimos años, y que se monta sobre una crisis más estructural, a lo largo de la historia, donde cíclicamente se tiende a caer en estas restricciones externas y en esta falta de divisas o desequilibrios externos, porque no se tiene capacidad de generar suficientes nichos exportadores.

-¿Cómo es eso?

-Argentina compite con los mismos nichos históricamente, que son competitivos y que hay que desarrollar y potenciar, pero le hace falta generar nuevos desde hace décadas, salvo escasas excepciones como el de software y algún sector de servicios e industrial hay en el que compite honrosamente. Hacen falta muchos más porque ni el sector agroalimentario, ni el hidrocarburífero, ni el minero por sí sólos alcanzan para el nivel de desarrollo que Argentina puede tener.

-Entonces, ¿cuáles son los nuevos sectores que podrían aportar dólares?

-Hay varios que pueden ser competitivos, incluso, muchos de ellos sólo se desarrollan en Argentina, como por ejemplo el farmacéutico y cosmético. Se tiene gran capacidad en infraestructura instalada y recursos humanos allí, y además posee casi de forma única a nivel internacional un complejo de laboratorios para producir en el país. En otros lados se recurre a importaciones. Por eso acá se puede potenciar eso en base al aprendizaje, innovación y experiencia en producción.

-¿Para eso se precisan las reformas solicitadas por muchos expertos?

-Sí, hay que tener cuidado de qué reforma se está hablando, porque puede ir para un lado o para el otro su aplicación. En el caso de la laboral, Argentina no puede competir en el mundo con un modelo de salarios bajos, no tendría ningún sentido porque no se podría enfrentar a los países del sudeste asiático, con lo cual se debe hacer al revés: aprovechar la capacidad que tiene la fuerza laboral local para producir e innovar y aprovechar para producir más valor agregado, que es algo que no se podría hacer con bajos salarios. Entonces, el modelo debe estar armado en base a las fortalezas argentinas y no intentar debilitar a países que tienen distintas configuraciones social y productiva.

Es decir, tiene más sentido hablar en Argentina de reformas de infraestructura y simplificar el laberinto tributario, porque no sólo está el peso de lo que se paga de impuestos, sino el tiempo que se pierde en eso. También se debe repensar el esquema de infraestructura: un abaratamiento de costos de logística sería importantísimo, entre otras cuestiones. Se trata de simplificar y abaratar el funcionamiento de las empresas productivas articulando lo público y lo privado.

-¿Es complejo este mix donde el Estado necesita recaudar imperiosamente y por otro lado la presión impositiva es alta?

-Claro, por eso no se debe pensar sólo en el corto plazo, sino como un esquema al cual hay que consensuar a través de leyes en el Congreso y que marquen un camino para simplificar lo tributario, por ejemplo. No pensarlo como hoy bajar un impuesto y mañana subir otro, porque esos son los cambios que las empresas sufren a diario y que son una pérdida de eficiencia.

-¿Qué contexto económico espera para el año que viene?

-La expectativa está puesta en el primer semestre del año que viene y de la renegociación de la deuda que realice Alberto Fernández y del acuerdo de precios y salarios, algo que es crucial, porque se verán las negociaciones paritarias del sector privado. Y depende de cómo se maneje el dólar oficial, el déficit financiero primario, qué pasa con las tarifas y, obviamente, ahí entra en la discusión implícita las ganancias de las empresas, que es una variable que hay que mirar pero que no suele mencionarse en voz alta. Todos estos precios relevantes de la economía, más la renegociación de la deuda, brindará conocer si la primera parte del año que viene se podrá salir de la crisis o no. Porque si se complica alguno de estos factores, el escenario será mucho más complicado en devaluación, caída de PBI y deterioro sociolaboral. En el mejor de los casos se espera para 2020 una inflación que puede estar cerca de 45%. Hoy no está un escenario de hiperinflación.

-En base a ello, ¿en dónde puede llegar a recortar Alberto Fernández?

-Está claro que, en un primer momento, con el contexto de crisis y la herencia que va a recibir del gobierno de Mauricio Macri, él no puede salir a hacer una política fácil de expansión del gasto público como se pudo hacer en otro escenario. Hay una serie de recaudos que se deben tomar, como repensar si se va a cumplir con la rebaja en la contribución a la seguridad social y a los grandes gastos del Estado que también incluye a un montón de instituciones.

Creo que no hay un lugar donde ajustar, sino que se va a necesitar un cóctel de pequeños ajustes y una eficiencia en el gasto público para no degradar la calidad de los servicios que el Estado provee, sino mejorarlos. La política pública lo que tiene es que a veces permite hacer mucho con pocos recursos. Por ejemplo, con políticas de ciencia, tecnología e innovación, que pueden tener efectos importantes en el desarrollo.

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