Cuánto pierden los jubilados de la mínima con 25 meses de bono congelado
El sistema previsional argentino enfrenta un escenario de contrastes profundos. Mientras que la fórmula de movilidad actual permite que los haberes se ajusten mensualmente siguiendo la inflación, una parte sustancial de los ingresos de quienes menos ganan ha quedado fuera de esta actualización. Esta situación genera una paradoja: aunque el porcentaje de aumento nominal parece acompañar los precios, el bolsillo real del jubilado percibe una mejora mucho menor.
La clave de este fenómeno reside en el bono de refuerzo, una suma fija que nació para compensar la pérdida del poder adquisitivo pero que, al no indexarse, va teniendo cada vez menos peso. Con el inicio del calendario de pagos de marzo, se consolida un proceso de licuación que afecta directamente a los sectores más vulnerables de la pirámide previsional, aquellos principales beneficiarios de bono.
Jubilados y pensionados: el impacto real del bono de $70.000 en marzo
En marzo de 2026, los jubilados que perciben el haber mínimo recibirán un total de $439.600,88. Este monto se compone de la jubilación mínima, que tras el ajuste del 2,9% por IPC se ubica en $369.600,88, más el bono de $70.000 que el Gobierno decidió mantener inalterado. Lo que parece un incremento del 2,9% en el haber previsional, se traduce en realidad en una suba efectiva de apenas el 2,41% para quien cobra la mínima, una cifra que queda por debajo de las proyecciones inflacionarias actuales.
La pérdida de terreno es evidente cuando se analiza el peso del bono en el ingreso total. En marzo de 2024, ese refuerzo representaba el 34,24% de lo que un jubilado se llevaba al bolsillo. Para el próximo mes, esa incidencia habrá caído estrepitosamente al 15,92%. Si el Poder Ejecutivo hubiera decidido actualizar este adicional para empatar la inflación acumulada, el bono debería situarse hoy en torno a los $192.437, elevando el ingreso total por encima de los $560.000.
Un ajuste que castiga a la base de la pirámide de las jubilaciones
Este congelamiento prolongado, que ya suma 25 meses sin modificaciones, funciona en la práctica como un ajuste selectivo. Los jubilados que perciben haberes por encima de la mínima -y que no cobran bono- ven sus ingresos subir exactamente lo que indica el IPC. En cambio, para los 2 millones de beneficiarios que están en la base, el aumento real es menor cada mes.
La diferencia es notable: mientras que las jubilaciones sin bono se encuentran en niveles reales superiores a los de finales de 2023, la jubilación mínima con bono incluido acumula una caída cercana al 7% real en el mismo período. Esta brecha profundiza la crisis de consumo en los adultos mayores, quienes destinan la mayor parte de sus haberes a rubros que subieron por encima del promedio, como los medicamentos y los servicios públicos, dejando al bono de $70.000 como una suma cada vez más simbólica frente al costo de la canasta básica previsional.