Nuevas subas de precios pegan en las góndolas por efecto guerra y se complica el plan Caputo
Víctor Fera, dueño de los supermercados Maxiconsumo y fabricante de los productos de la marca Marolio, asegura que ahora sí. Los proveedores están marcando nuevas listas de precios con incrementos de precios por encima del promedio de los últimos meses por efecto de la guerra y la suba de los combustibles.
Los ajustes llegarán a las góndolas de las cadenas de supermercados y de los comercios minoristas en los próximos días.
Los ajustes no son desproporcionados, en relación con la dinámica inflacionaria argentina, pero sin dudas provocarán una nueva caída en el poder de compra de los asalariados.
Alerta inflación: dónde se ven los principales aumentos
Entre los productos finales, al menos a la hora de hablar de los alimentos, los incrementos se observan en los aceites, con alzas promedio de entre 5% y 7%. En este rubro ya hubo ajustes tanto en febrero como en marzo últimos, cuando los efectos de la guerra todavía no estaban en la calle.
También hay aumentos en el rubro lácteos, también en torno del 5% al 7% dependiendo los distintos artículos.
Y en general en los productos de almacén, con harinas y subproductos (con galletitas, tapas de empanadas y para tartas a la cabeza), con subas de hasta 10 por ciento.
En general, las principales fábricas de alimentos persiguen la siguiente lógica: los mayores aumentos se aplican sobre los productos más premium, evitando hacerlo en los artículos más masivos. Y de menor margen de ganancia.
Así, por ejemplo, hay ajustes en los paquetes de fideos saborizados o con aditivos. O en variedades más costosas de realizar, como los moños. Y no en los más populares.
En su diálogo con iProfesional, el empresario Fera mencionó que los márgenes de utilidades de las empresas alimenticias se encuentran en mínimos históricos. Algo que revalidan fabricantes del sector, que hablan pidiendo el anonimato.
Los otros aumentos, más allá de los alimentos y la nafta
La suba del 22% en el precio de los combustibles en todo el país durante marzo es un costo imposible de eludir para los fabricantes.
"El problema es que no fue sólo el combustible", refuerza Fera.
En los últimos días hubo alzas en el polietileno -de hasta 17%-, en los envases de cartón, de hasta 15%, y en la urea de hasta 40%.
El director de una de las alimenticias líderes del país se sincera, en diálogo con iProfesional: "Los precios de los combustibles serán imposibles de disimular. Lo único que impide un traslado directo y rápido es que la demanda sigue muy floja, y nadie quiere perder mercado".
¿La inflación de abril bajará del 3%?
Hasta ahora, la mayoría de las consultoras económicas preveían un mes de abril más flojo en relación a la inflación proyectada.
Tanto Orlando Ferreres como Eco Go y EconView, por caso, observaban un índice por debajo del 3%. Básicamente por la tranquilidad cambiaria y la estabilidad en el mercado de las carnes.
La anunciada suspensión de los aumentos por 45 días en los surtidores iba en el mismo sentido de mayor calma en la dinámica inflacionaria.
Sin embargo, habrá que esperar a las próximas semanas para tener más certezas sobre la ola de aumentos en las góndolas, como efecto de las subas de los combustibles y en el impacto de segunda vuelta en los sectores dependientes.
Efecto cascada: cuáles son los sectores más castigados
Está claro que en una economía con alta sensibilidad al movimiento de los precios, el costo de la energía funciona como un nervio expuesto que recorre toda la estructura productiva.
Los recientes ajustes en los surtidores empiezan a generar una reacción en cadena en diversos sectores clave.
Según un reciente informe de la consultora Eco Go, la incidencia del combustible varía drásticamente según la actividad, pero en los rubros logísticos llega a representar una quinta parte del costo total.
Como era de esperarse, el servicio de transporte automotor lidera el ranking de exposición con un share de combustible del 20,6%.
Esto explica por qué cualquier movimiento en la pizarra de las estaciones de servicio se traslada de forma casi inmediata a las tarifas de fletes y, por carácter transitivo, al precio final de los bienes de consumo masivo que llegan a las góndolas.
Apenas un escalón por debajo se encuentra el transporte por vía aérea, con una incidencia del 20,15%.
En un contexto de revisión de subsidios y búsqueda de rentabilidad, las aerolíneas enfrentan el desafío de absorber estos costos o trasladarlos a pasajes, impactando directamente en el turismo y el transporte corporativo.
Sin embargo, el impacto no se limita al traslado de mercaderías.
El relevamiento de Eco Go destaca que rubros como las construcciones agropecuarias (13,26%) y a la fabricación de gases comprimidos y licuados (12,47%), que registran una dependencia estructural muy alta del valor de los combustibles.
Incluso la generación y distribución de energía eléctrica muestra un share del 11,15%, lo que evidencia que el aumento de los combustibles líquidos termina presionando la matriz energética nacional.
En el sector primario y la industria pesada, los números también son elocuentes. La pesca (5,68%), el transporte ferroviario (6,92%) y la eliminación de desperdicios (6,59%) sufren el impacto de forma directa.
En un nivel moderado, pero no despreciable, aparecen la fabricación de plásticos (4,0%) y la elaboración de productos de pescado (3,43%), demostrando que la energía es un insumo transversal que condiciona la competitividad de toda la cadena de valor argentina.