El colmo del campo argentino: aunque baje el petróleo, el costo de los fertilizantes siguen subiendo
Para el campo argentino, últimamente, todas las noticias que llegan desde el exterior son malas. Ya ni queda espacio para celebrar la suba en el precio internacional de los productos de exportación argentinos, porque los insumos derivados del petróleo aumentan a una velocidad más rápida.
Y, si bien es cierto que produce alivio la perspectiva de un freno en la suba de los combustibles -que encarecen los fletes y la operativa logística en los puertos-, esa noticia quedó opacada por el encarecimiento relativo de los fertilizantes.
Cuando se produjo una distensión mundial por el diálogo entre Irán y Estados Unidos, con la probable reapertura del estrecho de Ormuz, se produjo una combinación de movimientos que confirma el mal clima. Mientras el petróleo mostró una sensible caída del 13% respecto de sus niveles máximos de hace una semana, la urea casi no se ha movido, y registra una mínima baja del 1,8%.
Hablando en plata, la tonelada de urea, un insumo básico para la fertilización de la nueva campaña agrícola, sigue ubicándose un 51% por encima del precio anterior al conflicto en Medio Oriente. En tanto, la cotización de la soja en el mercado de Chicago, si bien ha tenido un breve rebote con las noticias de los últimos días, sigue u$s4 por debajo del pico alcanzado a fines de marzo.
En síntesis, lo que verdaderamente le importa al productor agrícola argentino, que es el margen de ganancia, sigue mostrando un panorama desalentador: se necesita vender 1,65 toneladas de soja para poder comprar una tonelada de urea. Antes del conflicto, esa relación era de 1,12.
Claro que estas cifras son las que surgen de la comparación de precios internacionales. Cuando son corregidas por el efecto de la retención del 24% en la exportación de soja, entonces el costo del insumo se hace mayor aún: cada tonelada de urea equivale a 2,17 toneladas de soja puestas en el puerto de Rosario.
Caputo celebra pero los productores ven márgenes que se achican
Esto hace que, en contraste con el optimismo que deja ver el gobierno sobre el potencial exportador del agro argentino para este año -Toto Caputo estima ventas por u$s42.000 millones, lo que implica una suba del 26% respecto del año pasado- en el campo se está muy lejos de un ánimo eufórico.
Más bien al contrario, abundan las quejas sobre el adelgazamiento de los márgenes de rentabilidad, lo cual pone en situación de riesgo a aquellos productores con mayor peso de obligaciones financieras.
Esa diferencia de visiones queda en evidencia con el bajo nivel de la cosecha de soja que ya fijó precio de venta. Para los analistas del negocio agrícola, es un síntoma de que vuelve a haber una presión del sector por una medida de alivio impositivo.
En los casos extremos de merma de la rentabilidad, queda la "solución" de resignar parte de la inversión en fertilizantes, algo que los expertos desaconsejan porque se trata, en realidad, de un costo diferido a futuro. Ocurre que aplicar poco fertilizante al suelo implica que la próxima campaña tendrá un rinde más bajo. En definitiva, el ahorro en costo financiero de hoy se pagaría con un menor volumen cosechado el año próximo.
La mala noticia es que la situación tiene todavía margen para empeorar, porque mientras la perspectiva del precio internacional de la soja indica una baja, el costo de los fertilizantes es mucho más rígido.
Ya desde antes de que se desatara el conflicto de Medio Oriente, los expertos reportaban un bajo nivel mundial de producción de fertilizantes. Argentina es un país productor, pero le falta mucho para el autoabastecimiento: apenas cubre el 20% de las necesidades del mercado interno, lo que implica que es imposible desacoplarse de los precios internacionales.
Medio Oriente agrava la crisis de fertilizantes
La situación bélica ha empeorado la situación, sobre todo si se considera que Irán es el cuarto mayor productor de urea, y además acaba de bombardear una planta productora en Qatar.
Un informe de la firma IF Ingeniería en Fertilizantes es elocuente respecto de las expectativas del mercado: "La crisis en Medio Oriente continúa impactando en los costos y la logística, elevando insumos clave como azufre y amoníaco, lo que sostiene precios altos pese a menor actividad comercial. Las restricciones de exportación en China y las limitaciones logísticas en Arabia Saudita refuerzan la escasez global".
En tanto, un informe de Marianela de Emilio, experta del Inta, muestra cómo la soja argentina se encuentra en uno de sus peores momentos de la última década en relación insumo/producto. La situación es particularmente grave para costear el gasoil, la urea y el fosfato diamónico.
"Para realizar inversiones en bienes de capital, como un tractor o un silo, hoy se necesita el doble de granos que hace dos años", grafica De Emilio, que advierte sobre márgenes cada vez más delgados en el negocio agrícola.
Y plantea un escenario en declive para los próximos meses, con la probabilidad de una baja del 15% en el precio de los granos que Argentina exporta, y una suba del 30% en el costo de los fertilizantes.
Con esa perspectiva sobre la mesa, el consejo que dan los consultores a los productores necesitados de comprar fertilizantes es asegurarse ahora los precios de venta de la próxima cosecha en el mercado de futuros, de manera de no sufrir sorpresas desagradables.
La soja pierde impulso ante mayor oferta global
Del otro lado del mostrador, el precio de la soja no parece tener fuerza para sostener su actual nivel de u$s427, un precio excelente en relación al año pasado, cuando la oferta global era menor.
No sólo Argentina -con su previsión de 49 millones de toneladas de soja- se benefició del buen clima y obtuvo una buena cosecha. Brasil, el principal jugador mundial, levantará una "super zafra" de 180 millones de toneladas mientras que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura- cosechará 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.
En contraste con esa mayor oferta, la demanda viene más débil por las tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos.
En ese marco, se produjo en los últimos días un anuncio esperado: la administración Trump confirmó el uso de biocombustibles, como forma de atenuar la suba del precio de la nafta en el mercado estadounidense. Es un tema de alta sensibilidad política, y más en este año, cuando se celebran las elecciones legislativas de medio término.
El maíz se transforma en el cultivo estrella del año
¿Qué significa esto para Argentina? En principio, puede ayudar a sostener los precios agrícolas, aunque los analistas ven un impacto mucho mayor en el maíz que en la soja.
El etanol es un subproducto del almidón de maíz, lo que implica que, con esta medida, habrá mayor demanda de este cultivo. Desde el inicio del conflicto en Irán, el precio del maíz se disparó u$s15 y el precio sigue sostenido, sobre todo tras la apuesta masiva de los fondos de inversión en commodities.
Pero, en el mercado argentino, lo que más está influyendo para que el maíz sea el cultivo estrella del año es el cambio en el esquema del negocio cárnico, donde se tornó más conveniente faenar animales pesados que livianos.
Con una faena que bajó 10% en un año, los precios en el mercado de hacienda se mantienen altos, mientras la demanda por carne está en alza. En consecuencia, si antes la norma era enviar a faena el ganado de 300 kilos, ahora se los envíe al matadero con más de 480 kilos.
Y el dato clave es que el ganado vacuno se engorda con maíz, que aunque haya subido en el mercado mundial, está más barato que nunca en comparación con la carne. Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo. Esto lleva a que una proporción alta de la campaña de maíz, en vez de ser exportada, sea vendida a los productores ganaderos locales.