La odisea de la clase media: de la fiebre del consumo al miedo por endeudarse
Los argentinos tienen la misma capacidad para adaptarse a las épocas de bonanza que a los momentos de crisis y una buena prueba de ello es lo que pasó en los últimos cuatro meses, cuando se pasó de un escenario de optimismo, lleno de proyectos, a otro de incertidumbre y desconfianza.
Los autores de la nueva película no fueron otros que el Gobierno y el campo. Sin embargo, la inflación acumulada (e irresuelta) durante el último año, sumado a un achicamiento en la capacidad de ahorro y, en consecuencia, de los gastos destinados al placer y la satisfacción personal, impactaron de lleno en una sociedad que quiere planificar, pero que raramente puede hacerlo.
Un informe de Latinpanel corrobora el cambio de contexto que empezó en marzo y que en junio terminó de manifestarse, con proyecciones poco alentadoras hacia fin de año.
"En el último bimestre se produjo una caída del volumen de consumo de ocho puntos, que se sumó a un 2% del segundo bimestre, donde se refleja el efecto negativo de los aumentos de precios", explicó Juan Manuel Primbas, director de Atención a Clientes de LatinPanel Argentina.

El efecto inflación
El aumento de precios es uno de las causantes de esta nueva realidad. Respecto del primer bimestre del año, el precio medio pagado por la adquisición de los productos que componen la canasta básica de alimentos, cosmética y limpieza fue 10% superior en el segundo bimestre y 14% mayor en el tercer bimestre del año.
El informe revela que los hogares de nivel socioeconómico alto conforman el único grupo de hogares cuyo volumen de consumo creció (5,5%) en el marco de una caída promedio de 8% para el total de la población. Estos hogares pueden permitirse gastar más ya que tienen capacidad de ahorro, tarjetas de crédito, acceso a la financiación y posibilidad de resignar otros gastos.
Los hogares de clase baja fueron los que mostraron la retracción más fuerte del consumo, con una caída del 12,7% en volumen en el tercer bimestre del año respecto del primero. Los hogares del segmento marginal retrajeron 8,9% las cantidades compradas y los de clase media lo hicieron en un 2 por ciento.

Al principio, la película era otra
Durante los primeros tres meses del año infobaeprofesional.com dio cuenta del momento de esplendor que vivían las tarjetas de crédito en el país. La fiebre por consumir y por ampliar los horizontes de financiación llevó a las familias, especialmente a las de clase media, a sacar más de un plástico por titular, para aprovechar el pago en cuotas y adelantar consumo.
El mercado de las tarjetas de crédito venía creciendo a pasos agigantados y se había duplicado en los últimos tres años. En 2004 existían 5,9 millones de titulares, mientras que en 2007 alcanzó a los 10,9 millones. Por otro lado, el número total de tarjetas pasó de 8,3 millones a 15,5 millones.

Llego el sobreendeudamiento
Este clima de fiesta, que se vivió hasta marzo, terminó con números de endeudamiento impensados. "A mayo de 2008 el stock de deuda de las familias con el sistema financiero (formal e informal) ascendió a $ 86.937 millones; 17,6% por encima de diciembre pasado", indicó el CERX, la consultora que dirige la economista Victoria Giarrizzo. Tomando en cuenta este dato y la cantidad de hogares en el país, se estima que "una familia necesitaría destinar casi 7 meses de ingresos para saldar sus deudas".
Fin de fiesta
Según Latinpanel hoy la mitad de los hogares paga cuotas, situación que llevó a que el efectivo vuelva a ser el medio de pago más utilizado, potenciado por un cambio de humor que puso paños fríos al endeudamiento.
"Sólo uno de cada tres encuestados cree que tomará créditos el próximo año; muchos no tienen posibilidad de hacerlo y el 85% lo utilizaría en compra o refacción de la vivienda", alertaron desde la consultora.
El billete volvió a ser el medio de pago por excelencia a pesar del intento de las entidades financieras por bancarizar a los argentinos y del gran avance que se produjo desde la crisis de 2001. Además, 3 de cada 4 personas usan el peso en mayor parte para gastos en alimentos, cosmética y limpieza, es decir, para consumo básico.
Según Camilo Tiscornia, economista de Tiscornia, Castiglione & Asociados, uno de los problemas del mercado actual es que en este marco de incertidumbre "los bancos ya no prestan mucho y tienen más condiciones para hacerlo".
Por otro lado, consideró que tampoco los consumidores están en la misma situación, sino que están más asustados y no quieren gastar tanto ni endeudarse. "Los préstamos siempre fueron caros, pero la gente con capacidad de ahorro, para adelantar consumo, lo acepta aunque la tasa sea alta. El problema llegó ahora con la incertidumbre, que hizo que la gente y las entidades estén más cautelosas", comentó el economista.
Impacto en el ahorro
El nuevo escenario tuvo su consecuencia inmediata en la capacidad de ahorro. De esta manera, la clase media, la más afectada, empezó a destinar casi el total de sus ingresos a gastos básicos sin poder pensar en lujos o gastos extras:
- Apenas 1 de cada 3 hogares puede ahorrar.
- Pueden llevar menos del 10% de sus ingresos "al chanchito".
- De aquellos que sí pueden guardar algo, el 40% lo destina al arreglo de su hogar.
Del grupo que sí logra ahorrar, aquellos con mayor poder de ahorro son los que todavía no vieron afectado su nivel de consumo. Este grupo de hogares mostró un incremento promedio del 18% en su volumen de compras. Para los hogares que no tienen esa suerte, la caída del volumen llegó al 13% en el tercer bimestre respecto del segundo.
Todo pasa por las expectativas
La estrecha relación que surge entre las expectativas acerca de la evolución de la situación económica y la conducta de consumo de los consumidores es una de las claves a tener cuenta cuando se proyectan las variables a futuro, según Cecilia Alva, directora General de LatinPanel Cono Sur.
En este sentido aquellos que son más pesimistas con respecto a la situación económica del país, contrajeron su consumo en mayor medida que aquellos que tienen una visión más optimista. De todos modos, el pesimismo respecto de la situación personal actual y futura es lo que los condiciona aún más. Por otro lado, los que pueden ahorrar y absorber la inflación, siguen consumiendo más.
¿Y en otros países?
De acuerdo a la investigación el optimismo sufrió una caída de 15 puntos entre 2007 y 2008, pasando del 27% al 12%, la baja más fuerte de los últimos años. En la región, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador acompañan con el mismo problema, mientras que Brasil y México moderan la caída.

"Los indicadores de confianza miden, por un lado, la percepción presente en cuanto a la capacidad de compras y al ahorro y, por el otro, las expectativas a futuro, de tal forma que las consecuencias se ven directamente en los planes de consumo", explicó Dardo Ferrer, economista de la Fundación Mercado.
Por otro lado, el subcomponente de bienes durables presenta la mayor caída y esto se da porque la suba de los precios de los bienes de primera necesidad, como alimentos, que requiere de más ingresos y deja menos recursos para otros gastos, según Guido Sandleris, director del Centro de Investigación de Finanzas de la UTDT.
Productos favorecidos
Los efectos del conflicto campo-Gobierno modificaron, también, la canasta de los consumidores. De esta manera, el menor volumen de consumo llegó a productos de alimentación "básicos", como aceites, pastas, cereales, pan, leche en polvo, leche líquida y yogur. "Su performance negativa está vinculada con el desabastecimiento y el aumento de precios", explicaron en Latinpanel.
Por el contrario, otros rubos como caldos, sopas, vegetales congelados, manteca, hamburguesas, galletitas y tomatados fueron los más favorecidos por la elección de los hogares. Caracterizados en su mayoría por ser de alto valor agregado, además fueron beneficiados al funcionar como sustitutos disponibles de otros productos que escaseaban o con alto impacto en sus precios.
Primeras marcas vs segundas marcas
Contra todos los pronósticos que parecen indicar que las primeras marcas perderán participación en un escenario más adverso, lograron sostener su crecimiento y llegaron en el tercer bimestre del año a concentrar el 60% del consumo de los hogares argentinos.

El resultado se apoya en un aumento de precio de 5% en lo que va del año -en virtud del control de precios establecido por el Gobierno -, agresivas acciones de la industria consistentes en innovaciones, lanzamientos y oferta de valor y en las restricciones de oferta, principalmente para marcas de Bajo Precio.
En los sectores de limpieza, alimentos y congelados las primeras marcas tuvieron su desarrollo más destacado, mientras que las marcas de bajo precio son las únicas que pierden participación y las del distribuidor fueron las de mayor crecimiento de volumen durante el 2008. Estas marcas cuestan la mitad que una primera marca y sólo un 20% más que una de bajo precio.
"Con una penetración del 50% en los hogares, se compran cada vez más frecuentemente: hace un año se compraba una marca del distribuidor cada 35 días y hoy esto sucede cada 15 días. Los sectores de Limpieza y Congelados, son donde más crecen las marcas del Distribuidor", explican en la consultora.
En cuanto a los canales, súper e hipermercados llegaron en el tercer bimestre de este año a concentrar el 35% de las ventas de productos de alimentación, cosmética y limpieza. Esto representa 5 puntos más de participación en 2008 respecto del cierre del 2007 y ubica al canal a 2 puntos de igualar su posición de fines de 2002.
El formato moderno logró generar compras más frecuentes (una vez por semana) y aumentar el desembolso pagado por acto, es decir que sus consumidores no sólo acuden a él a comprar con más frecuencia, sino que en cada compra, dejan mayor cantidad de dinero. Descuentos especiales, promociones, ofertas 2x1, menor nivel de desabastecimiento y mayor control de precios, fueron factores determinantes en la mejora de la performance de estos formatos.
Guillermina Fossati
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