• 20/1/2026
ALERTA

Un gigantesco buque a vela pasó por primera vez por Argentina: cargó trigo para exportarlo a Asia

La innovadora embarcación completó su operación en Puerto General San Martín. Con tecnología de velas rígidas busca reducir emisiones en el comercio global
Por L.I.
20/01/2026 - 14:38hs
Pyxis Ocean

La hidrovía Paraná-Paraguay registró un hito en la historia de la navegación comercial con la reciente operación del Pyxis Ocean, el primer buque granelero del mundo equipado con tecnología de velas rígidas. Esta embarcación de bandera de Singapur, que combina la propulsión tradicional con energía eólica, cumplió una agenda logística en la provincia de Santa Fe que capturó la atención de especialistas del sector.

El buque, operado por la compañía Cargill en conjunto con Mitsubishi Corporation, amarró en la terminal de Puerto General San Martín. Allí completó la carga de 36.500 toneladas de trigo con destino a Vietnam.

 Lo que distingue a esta mole de 229 metros de eslora son sus "WindWings": dos estructuras metálicas de 37,5 metros de altura que funcionan como alas de avión verticales y permiten aprovechar la fuerza del viento para reducir el consumo de combustible y las emisiones de carbono.

Durante su estadía en la zona del Gran Rosario, el navío operó en las instalaciones de Punta Quebracho. El proceso de carga concluyó con normalidad y el Pyxis Ocean inició su navegación aguas abajo marcando un contraste absoluto con los cargueros convencionales que transitan habitualmente por el sistema fluviomarítimo.

Este paso por la Argentina representa un ejemplo de lo que esta ocurriendo con el proeceso de descarbonización en el transporte marítimo internacional. Según estimaciones técnicas, el uso de estas velas rígidas logra un ahorro de energía de hasta un 30% en rutas oceánicas.

Tras dejar las aguas santafesinas, la embarcación continuó su trayecto hacia el Océano Atlántico, dejando un antecedente para el futuro de las exportaciones agrícolas con sello sustentable.

Reconversión de la industria marítima

Desde el punto de vista técnico, el Pyxis Ocean es un buque de tipo Kamsarmax de 229 metros de largo y una capacidad de carga cercana a las 81.000 toneladas. Su principal innovación radica en las dos alas sólidas construidas con acero y fibra de vidrio, materiales similares a los que se utilizan en las turbinas eólicas por su alta resistencia y ligereza.

Cada una de estas estructuras cuenta con una altura de 37,5 metros y se compone de tres elementos rotatorios que permiten ajustar el ángulo de ataque según la dirección del viento para maximizar el empuje.

El sistema es operado de forma automatizada mediante una pantalla táctil desde el puente de mando, lo que permite a la tripulación plegar las velas al ingresar a puertos o pasar bajo puentes, y desplegarlas en solo 17 minutos al alcanzar aguas abiertas.

La eficiencia de este mecanismo de propulsión asistida permite reducir el uso del motor principal sin sacrificar la velocidad de crucero, que se sitúa en torno a los 14,5 nudos. Durante la navegación en condiciones óptimas, el buque logra ahorrar hasta 11 toneladas de combustible por día, lo que evita la emisión de aproximadamente 41 toneladas de dióxido de carbono en cada jornada de travesía.

Este desempeño convierte al navío en una plataforma de ensayo fundamental para la industria naval, demostrando que la integración de energías limpias en embarcaciones preexistentes es una solución viable para mitigar el impacto ambiental del comercio global mientras transitan por rutas estratégicas como la de la Argentina.

La descarbonización sigue pendiente

La industria acaba de postergar una decisión clave en el proceso de descarbonización del comercio internacional marítimo, y una reciente cumbre global concluyó sin el avance esperado para el IMO Net-Zero Framework -una propuesta técnica y legal impulsada por la Organización Marítima Internacional para descarbonizar el transporte marítimo global- luego de que la administración de Donald Trump lograra desactivar el consenso necesario para su adopción formal.

El Comité de Protección del Medio Marino (MEPC) se convirtió en el escenario de una disputa geopolítica donde la amenaza de sanciones económicas por parte de la Casa Blanca paralizó la votación de un instrumento que buscaba regular a más de 90.000 buques mercantes.

Lo que comenzó como una hoja de ruta técnica para alcanzar emisiones netas cero hacia 2050 terminó naufragando ante la ofensiva estadounidense contra lo que calificaron como un "impuesto global al carbono" que atentaba contra sus intereses nacionales. El bloqueo de este marco jurídico no solo postergó la implementación de estándares globales sobre combustibles y mecanismos de fijación de precios, sino que también dilató una oportunidad estratégica para países con potencial en energías limpias. 

En este contexto de repliegue ambiental, la Argentina mantuvo una postura alineada con la cautela que ya mostró el gobierno de Javier Milei en instancias previas, cuando optó por la abstención. El fracaso de esta sesión extraordinaria en la OMI dejó en suspenso la transformación de un sector responsable del 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, evidenciando que la presión política de las grandes potencias primó sobre los compromisos climáticos asumidos en años anteriores.