Tras el desastre de Fukushima, Japón reactiva la central nuclear más grande del mundo
La compañía Tokyo Electric Power Company (TEPCO) retomó las operaciones en la planta de Kashiwazaki-Kariwa. El complejo, reconocido como el de mayor capacidad a nivel global, permaneció inactivo desde la crisis de Fukushima en 2011, convirtiéndose en el símbolo del apagón atómico que marcó a la nación durante casi tres lustros.
El proceso de encendido del reactor número 6 comenzó formalmente tras una postergación el mes pasado debido a errores detectados en los sistemas de monitoreo de las barras de control. Según informaron fuentes de la empresa, el objetivo consiste en alcanzar la fase de operación comercial plena para el 18 de marzo, integrando de manera gradual más de 8.000 megavatios a la red nacional.
La reactivación no es un hecho aislado, sino parte de la estrategia de la administración liderada por la primera ministra Sanae Takaichi. La mandataria busca garantizar la autosuficiencia energética ante el auge de la demanda por centros de datos y la industria de semiconductores, distanciándose de la dependencia de combustibles importados que afectó la balanza comercial nipona en la última década.
A pesar de los estrictos controles de la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA), la desconfianza persiste en un sector de la población. TEPCO, la misma operadora cuestionada por su gestión durante el tsunami de 2011, enfrenta el desafío de recomponer su imagen pública tras recientes incidentes menores de seguridad y errores en el manejo de documentación confidencial que reavivaron las críticas locales.
Japón retoma su potencial nuclear
Para la comunidad internacional, este paso confirma la tendencia global hacia la energía nuclear como alternativa necesaria para cumplir las metas de descarbonización hacia el 2050. No obstante, el camino de los países interesados en esta transición sigue con atención el modelo japonés, donde los costos operativos se dispararon debido a los nuevos estándares de blindaje contra sismos y potenciales amenazas terroristas.
El aspecto económico representa uno de los mayores obstáculos para este resurgimiento. Investigadores académicos advierten que la energía nuclear se volvió significativamente más costosa de lo previsto originalmente, lo que obliga al Estado a evaluar subsidios o trasladar los incrementos a las facturas de consumo hogareño, una medida políticamente sensible en un contexto de inflación global.
Históricamente, antes del desastre de 2011, la energía nuclear cubría casi el 30% de la demanda eléctrica de Japón. Sin embargo, tras la suspensión total de sus 54 reactores, la matriz energética quedó desbalanceada; actualmente, solo 15 unidades han logrado volver al servicio, dejando a la industria en una carrera contra el tiempo para recuperar su antigua relevancia.
Por el momento, solo dos de los siete reactores de Kashiwazaki-Kariwa cuentan con el visto bueno para operar en el corto plazo, mientras que el resto del complejo enfrenta un destino incierto que podría incluir el desmantelamiento. Este escenario sugiere que el renacimiento nuclear de la isla será un proceso de largo aliento, condicionado tanto por la solvencia técnica como por una vigilancia social constante.