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Energía

Edesur logró un préstamo por $320.000 millones para obras y mejora del servicio

La distribuidora anunció un financiamiento sindicado a tres años con 5 bancos privados. El plan de inversiones rebustece la red en su área de concesión

15/09/2026
Actualizado 18:41hs

En el marco de su plan de fortalecimiento de infraestructura, Empresa Distribuidora Sur S.A. (Edesur) acordó la obtención de un millonario préstamo sindicado por un monto total de $320.000 millones de pesos. La operación fue notificada formalmente al mercado a través de una nota enviada a la Comisión Nacional de Valores (CNV).

La inyección de capital será clave para respaldar el plan operativo de la compañía, y según lo expuesto en el comunicado remitido al organismo regulador, este volumen de recursos se destinará principalmente a obras de mejora que servirán para robustecer la red en el área de concesión.

De esta manera se buscará consolidar la evolución favorable en los índices de calidad de suministro y la consecuente optimización en el servicio al cliente, además de atender necesidades operativas de capital de trabajo y la adquisición de bienes de capital de la distribuidora.

El financiamiento fue estructurado mediante un consorcio bancario integrado por cinco de las principales entidades privadas del sistema financiero local: Industrial and Commercial Bank of China (Argentina) S.A.U. (ICBC), Banco Santander Argentina S.A., Banco BBVA Argentina S.A., Banco de Galicia y Buenos Aires S.A. y Banco de Valores S.A.

La operación se fijó a un plazo total de 36 meses e incluye condiciones financieras adaptadas a la escala de la distribuidora. En cuanto al costo financiero, las partes establecieron una tasa de interés variable referenciada en el indicador TAMCORI (Tasa Mayorista Corregida) más un margen adicional del 6,75% nominal anual.

Asimismo, el contrato contempla un período inicial de gracia de 12 meses para el pago de capital. La devolución se instrumentará de manera trimestral y creciente: durante el segundo año de vigencia se amortizará un 30% de la deuda, mientras que el 70% restante del monto total se cancelará a lo largo del tercer año.

Clave regulatoria: inversiones y calidad de servicio

La estructuración de este crédito sindicado se da en un contexto clave para la distribuidora, marcado por las exigencias del Ente Nacional Regulador del gas y la Electricidad (ENRGE) respecto a los compromisos de inversión y el cumplimiento de las metas de calidad de servicio

Tras los esquemas de recomposición tarifaria y el marco de la Revisión Tarifaria Integral (RTI), la compañía requiere movilizar capital de manera intensiva para modernizar infraestructura crítica, elevar los estándares de atención y reducir la frecuencia y duración de los cortes en el suministro.

Los fondos podrán orientarse a mejoras identificadas en el sector de obras de alta y media tensión, la renovación de subestaciones transformadoras, la incorporación de tecnología para la telecontrol de la red y el recambio de líneas aéreas y subterráneas, aspectos prioritarios para sostener la demanda en los períodos de mayor consumo estacional.

La magnitud del financiamiento responde a la propia dimensión operativa que administra la compañía en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Edesur opera en un área de concesión de 3.300 kilómetros cuadrados que abarca la zona sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 12 partidos del conurbano bonaerense, prestando servicio a más de 2,7 millones de clientes.

Con un tendido de distribución que supera los 32.000 kilómetros de extensión y una demanda anual que supera los 20.000 GWh —cerca del 20% del consumo total de energía eléctrica de la Argentina—, la inyección de liquidez acordada con el sindicato bancario busca garantizar la continuidad del plan de capital (CapEx) sin presionar el flujo operativo de corto plazo, respaldada además por el esquema de cesión fiduciaria de facturación contratado con TMF Trust.

El sendero de recomposición tarifaria

Tras años de congelamientos y esquemas de subsidios cruzados, el Gobierno nacional impulsó un proceso gradual de recomposición tarifaria orientado a reflejar los costos reales de producción, transporte y distribución de la energía, restituyendo el equilibrio económico-financiero de los contratos de concesión.

Este proceso incluyó la aplicación de ajustes periódicos en el Valor Agregado de Distribución (VAD) y la realización de audiencias públicas para definir los parámetros de la Revisión Tarifaria Integral (RTI). El nuevo esquema no solo buscó sincerar las facturas finales para los usuarios residenciales, comerciales e industriales, sino también dotar a las distribuidoras de previsibilidad en sus flujos de caja y previsión de ingresos operativos a mediano y largo plazo.

La recomposición de los ingresos resultó un factor determinante para que el mercado financiero volviera a habilitar líneas de crédito de gran envergadura para las distribuidoras. La mejora en la certidumbre regulatoria y en los indicadores de cobrabilidad permitió a la compañía presentar ante el consorcio bancario un perfil crediticio sólido y respaldar el endeudamiento a través de la estructuración de la cesión fiduciaria de su facturación futura.

Aumentos por encima de la inflación y menor peso de los subsidios

De acuerdo con los datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET, la canasta de servicios públicos del AMBA -que integra luz, gas, agua y transporte- acumuló un incremento cercano al 900%, superando por casi cuatro veces la evolución general del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que se ubicó en torno al 230%.

En el caso específico de la energía eléctrica, el ajuste acumuló subas de más del 400%, impulsado por la actualización del margen propio de distribución (VAD) y el traslado de costos de generación a la demanda final.

El informe técnico del IIEP remarca que esta disparidad frente a la inflación respondió a la drástica reducción real de las transferencias del Tesoro Nacional para compensar costos del sistema. La cobertura tarifaria sobre el costo real del suministro escaló hasta promediar un 58%, dejando a cargo del Estado el 42% restante.

Como consecuencia, una factura promedio de electricidad para un hogar representativo del AMBA pasó a demandar un piso superior a los $36.000 a $60.000 mensuales según la categoría de consumo y estacionalidad, reconfigurando el peso de los servicios esenciales sobre la estructura de ingresos del hogar.