Qué pasa cuando estar ocupados se convierte en nuestra manera de vivir
La incapacidad para deternerse y poner límites a las tareas es lo que muchas veces lleva a vivir mal. Cómo hacer para para a tiempo
Hay una escena que se repite cada vez con más frecuencia. Una persona llega a su casa después de un día interminable, pero en lugar de descansar mira el teléfono, responde un mensaje, revisa algo del trabajo, recuerda que tiene que hacer una compra y organiza mentalmente el día siguiente.
Mira la hora y descubre que pasó mucho tiempo desde que terminó su jornada laboral, pero está más agotada que antes. Así, llega la hora de irse a dormir con el mismo ruido mental con el que terminó la jornada laboral, y al día siguiente vuelve a empezar con la misma rutina.
No necesariamente quiere decir que esta persona tenga más cosas que hacer que los demás, sino que, muchas veces, no sabe cómo dejar de hacerlas. El problema es que "Nos hemos convertido en expertos en postergarnos", explica Lilian Parsi, Health Coach especializada en Bienestar integral y acompañamiento en construcción de hábitos.
"Hay una frase que escucho con frecuencia: ahora no puedo, cuando tenga tiempo me voy a ocupar de mí". El problema es que la vida no suele regalar ese momento. Cuando termina una obligación, aparece otra. Cuando los hijos crecen, surgen nuevas responsabilidades. Cuando baja el trabajo, aparecen asuntos pendientes. Y cuando llega un fin de semana libre, muchas veces intentamos aprovecharlo para hacer todo aquello que no pudimos hacer durante la semana. Así, podemos pasar muchísimo tiempo esperando empezar a vivir con más calma".
El "después" como forma de vida
Esta situación donde se vive ocupado sin tiempo para uno mismo se convierte en una forma de vida. Un grupo de investigadores de CPS Research, en Glasgow, lo identificó como "El síndrome de la vida ocupada".
Este fenómeno no se considera una enfermedad, es un estilo de vida que refleja las crecientes demandas de la sociedad moderna. La sobrecarga de tareas y la necesidad constante de estar ocupados deterioran nuestra capacidad de concentración y memoria, provocando olvidos frecuentes y dificultades para mantener la atención. Desde una perspectiva psicológica, muchas personas utilizan la ocupación constante como un mecanismo de defensa para evitar problemas personales o sentimientos incómodos, lo que puede llevar a un agotamiento físico y mental a largo plazo.
"Después descanso; después hago ejercicio, después como mejor; después me ocupo de lo que siento; después retomo aquello que me gusta; después me doy tiempo. Y mientras tanto, seguimos. Pero el bienestar postergado también es una decisión", explica Parsi.
Estos mecanismos llevan a estar ocupados como una manera de vivir, y así, las personas se van acostumbrando, de manera silenciosa, a domir poco, comer rápido, estar siempre conectados y pensar en lo próximo antes de terminar lo que se está haciendo hoy. "Nos acostumbramos incluso a estar irritables, a no tener ganas de nada al final del día o a sentir que necesitamos estímulos constantemente", agrega.
El paso que sigue a esto es dejar de preguntarse si esa forma de vivir le está haciendo bien. "Quizás no somos así, sino que estamos funcionando así, y no es lo mismo. Una cosa es nuestra personalidad y otra son los hábitos que fuimos construyendo para poder sostener nuestra vida. El cuerpo puede acostumbrarse a casi todo. Eso no significa que esté bien. El bienestar no debería convertirse en otra exigencia", asegura la Coach.
Cuidarse para sentirse mejor
Hay algo paradójico en todo esto. Hoy existe más información que nunca sobre cómo cuidarse, qué se necesita para dormir; cómo moverse; cómo alimentarse adecuadamente; cómo cuidar los vínculos y encontrar espacios para desconectarse. Y, sin embargo, muchas personas se sienten cada vez más lejos del bienestar. ¿Por qué? Quizás porque se transforma el cuidado personal en otra lista de obligaciones.
Ahora también hay que hacer ejercicio, comer perfecto, meditar, leer, tomar suficiente agua, dormir ocho horas, tener una rutina, ser productivos, ser buenos padres, ser buenos profesionales, tener tiempo para nuestros amigos y, además, estar emocionalmente equilibrados.
¿En qué momento cuidarnos se convirtió en otra cosa que tenemos que hacer bien?
"Tal vez necesitamos dejar de pensar el bienestar como un proyecto perfecto. Un pequeño cambio puede ser más poderoso que una gran promesa Cuando acompaño procesos de cambio de hábitos, hay algo que considero fundamental: un hábito tiene que poder entrar en la vida real de una persona. No en una vida ideal. No en la vida que aparece en Instagram", aclaró Parsi.
¿Cómo comenzar la transformación?
El cambio no comienza con una transformación enorme. Comienza con algo mucho más sencillo. Comer sin hacerlo frente a una pantalla, caminar 10 minutos, acostarse un poco antes, aprender a decir que no a algo que realmente no podemos asumir, dejar el teléfono un rato, volver a hacer algo que generaba disfrute, y hacer una pausa antes de responder automáticamente que sí.
"Son pequeñas decisiones. Y las pequeñas decisiones repetidas terminan construyendo una manera de vivir. Quizás no se necesita organizar mejor la vida, sino revisarla", explica Parsi.
Uno de los problemas de la sociedad es que hay una necesidad constante de organizar todo y tener mil métodos para ser más productivos, aunque sea haciendo más cosas dentro del mismo día. Pero hay una pregunta que pocas veces se hace: ¿Todas esas cosas tienen que estar ahí?.
Algunas cosas para pensar:
Esta situación que enfrenta gran parte de la sociedad lleva a varios cuestionamientos para aprender a vivir mejor. Quizás no se necesita aprender a hacer más, sino aprender a elegir mejor qué merece nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra atención.
"Una pregunta que vale la pena hacerse: Si mañana tuvieras exactamente las mismas 24 horas, pero dejaras de hacer algunas cosas que hoy hacés por obligación, culpa o costumbre… ¿qué cambiaría? No hace falta responderla inmediatamente. Pero quizás valga la pena pensarlo", comenta Parsi.
Porque el bienestar no empieza necesariamente cuando agregamos una nueva rutina a nuestra agenda. A veces empieza cuando tenemos el coraje de mirar nuestra vida y reconocer que hay cosas que ya no queremos seguir sosteniendo de la misma manera.
No se trata de abandonar responsabilidades. No se trata de vivir sin obligaciones. No se trata de convertirnos en otra persona. Se trata de algo bastante más simple y, al mismo tiempo, más profundo: dejar de ser siempre la última persona de nuestra propia lista.
Porque quizás no estés cansado de hacer. Quizás estés cansado de no poder parar. Y tal vez haya llegado el momento de preguntarte qué pasaría si, en lugar de esperar a tener tiempo para ocuparte de vos, empezaras a considerar que vos también sos parte de las cosas importantes que tu vida necesita atender.
Lilian Parsi. Health Coach | Bienestar integral y acompañamiento en construcción de hábitos. El 9 de octubre dictará el curso "La fuerza que no se ve. Cómo