SIBO, el diagnóstico de moda que aparece en TikTok pero que no siempre es la respuesta
Se sospecha de SIBO ante cualquier hinchazón, malestar digestivo, cansancio y hasta por ansiedad. Pero, qué es realmente y cuándo consultar al médico
Hace unos años, la sigla SIBO era desconocida para casi cualquiera que no se dedicara a la gastroenterología. Hoy aparece en videos de TikTok y en la boca de profesionales de distintas disciplinas. A veces, parece la única respuesta a síntomas que cuesta explicar de otra manera.
La lista de malestares atribuidos al SIBO se estira bastante más allá del sistema digestivo. Se le endilgan fatiga crónica por déficit de vitamina B12, niebla mental o falta de concentración, problemas cutáneos como la rosácea y el acné, así como dolores articulares, ansiedad o alteraciones del estado de ánimo. El diagnóstico de SIBO es seductor porque tiene nombre, tiene test y promete tratamiento. Vale la pena diferenciar lo que se sabe, lo que se supone y lo que se inventa sobre el tema.
Qué es el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado
El intestino delgado es el tramo donde se absorben la mayor parte de los nutrientes. Allí residen muchas menos bacterias que el colon, donde viven por billones. El SIBO (por small intestinal bacterial overgrowth, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) describe una colonización anormal del intestino delgado por bacterias que deberían estar, sobre todo, en el colon.
La guía clínica del Colegio Americano de Gastroenterología (ACG, 2020) lo define como un exceso de bacterias en el intestino delgado asociado a síntomas digestivos. Como criterio de laboratorio, la guía propone un umbral de unas mil colonias por mililitro de líquido en el intestino. Los síntomas más comunes que describe esa guía son dolor o malestar abdominal, hinchazón o distensión abdominal, diarrea y gases.
La lista cambia cuando hay una causa estructural, como una cirugía previa que dejó un "asa ciega" o una esclerodermia. Ahí pueden aparecer problemas como grasa en la materia fecal, pérdida de peso y déficit de vitaminas liposolubles. Pero una revisión de expertos de la Asociación Americana de Gastroenterología (AGA, 2020) admite que la definición de SIBO como entidad clínica carece de precisión y consistencia. Describe un cuadro demasiado amplio. También reconoce que se sabe poco sobre cómo es una población bacteriana normal en el intestino delgado, lo que dificulta decir cuánto es "demasiado".
Cómo se diagnostica el SIBO
El método de referencia para constatar el diagnóstico sería aspirar líquido del intestino delgado con una endoscopia y cultivarlo. Es invasivo, caro y poco práctico, y tampoco es perfecto: la muestra puede contaminarse con facilidad. Por eso, en la vida real se utiliza muy poco. En su lugar, se recurre al mucho más común test de aliento.
El procedimiento es simple. Se toma una muestra basal de aire espirado, se bebe una solución azucarada (lactulosa o glucosa) y se sigue soplando cada tanto durante un par de horas. La lógica es que, si hay bacterias fermentando ese azúcar donde no deberían, producirán hidrógeno o metano, que pasa a la sangre y se exhala. El consenso norteamericano de 2017 considera positivo un aumento de hidrógeno de al menos 20 partes por millón sobre el basal dentro de los primeros 90 minutos, y metano con valores de 10 ppm o más. También fijó las dosis del azúcar (10 g de lactulosa, 75 g de glucosa) para estandarizar la práctica.
El problema es el rendimiento. Un metaanálisis de 2020 comparó los tests de aliento contra el cultivo de aspirado. Encontró una especificidad de 70,6% para lactulosa y de 83,2% para glucosa. El test deja pasar muchos casos: solo detecta alrededor de 42% y 54,5%. Hay abundantes falsos positivos y también falsos negativos.
Un detalle fisiológico suma confusión. La lactulosa no se absorbe, así que llega hasta el colon, donde las bacterias la fermentan con total normalidad. Si el tránsito es rápido, ese pico de hidrógeno puede aparecer temprano y leerse como "SIBO" sin que haya sobrecrecimiento en el delgado.
Una revisión de Suárez Terán y Guarner, publicada en 2024, se pregunta abiertamente si el SIBO es una entidad clínica sobrediagnosticada. Su argumento es que el término se popularizó por la alta prevalencia desde que se diagnostica de forma indirecta, con aire espirado.
Qué tipos de SIBO hay
El SIBO más común no es el único. Hay más de una forma de sobrecrecimiento de microorganismos en el intestino delgado, y en realidad no todas son bacterianas.
- El SIBO clásico, por hidrógeno: bacterias que fermentan carbohidratos y liberan hidrógeno. Se asocia más con diarrea o hábito mixto.
- El de metano: en vez de una bacteria, es producido por una arquea (Methanobrevibacter smithii), otro tipo de microorganismo. Se asocia sobre todo con constipación, y las guías más recientes lo reclasificaron como sobrecrecimiento de metanógenos intestinales, porque no se limita al intestino delgado: puede suceder también en el colon.
- El de sulfuro de hidrógeno: la categoría más nueva y la menos establecida. La hipótesis es que microorganismos reductores de sulfato (como Desulfovibrio) consumen hidrógeno y lo convierten en sulfuro de hidrógeno, un gas que los tests tradicionales no miden. Existen pruebas, pero no hay puntos de corte consensuados y la evidencia es escasa. Un registro de casos mostró que buena parte de los diagnósticos se hacía por curva plana o por síntomas, no por medición directa del gas. Por ahora, un terreno en construcción.
El sobrediagnóstico, un riesgo auténtico
Un metaanálisis de 25 estudios comparó la prevalencia de SIBO en personas con síndrome de intestino irritable (SII) y en controles. Encontró más SIBO en los pacientes con SII (OR 3,7), pero con test de aliento los positivos fueron 35,5% en SII frente a 29,7% en controles, o sea que casi un tercio de las muestras de control también daba positivo. La lactulosa generaba muchísimos más positivos que la glucosa, tanto en pacientes como en controles. Otro metaanálisis anterior, de 2009, ya mostraba la grieta. En personas con SII, el test positivo rondaba el 54% con lactulosa y el 31 % con glucosa, pero con cultivo de aspirado la positividad era de apenas el 4%.
Un test con baja especificidad, aplicado a una población grande con síntomas vagos y comunes, puede dar lugar a diagnósticos positivos incorrectos. Eso se traduce en rondas de antibióticos, dietas restrictivas largas o suplementación con probióticos que no siempre harían falta.
La facilidad para acceder al test de aliento hizo que el SIBO se diagnostique hoy ante una enorme variedad de molestias digestivas y no digestivas, y que se lo vincule con causas de lo más diversas. En pacientes sin factores de riesgo claros, según la AGA, los síntomas digestivos son predictores débiles, y la malabsorción es poco común cuando no hay una anomalía estructural detrás.
Otro enredo común es el de SIBO vs. intestino irritable, dos cuadros distintos que se pisan con facilidad. El intestino irritable es un trastorno funcional que se diagnostica según los síntomas (dolor abdominal recurrente ligado a cambios en las deposiciones) una vez descartadas otras causas. No tiene un marcador biológico específico. Las dos condiciones dan hinchazón, dolor y cambios de ritmo intestinal, y es delicado distinguirlas solo por la sintomatología referida por cada persona. Los datos de los metaanálisis muestran que el SIBO aparece más en pacientes con intestino irritable, pero el test que lo detecta es poco fiable. Cuánto de ese vínculo es real sigue en discusión.
La dieta baja en FODMAP para aliviar síntomas
Con o sin diagnóstico concreto de SIBO, una opción muy popular es la dieta baja en FODMAP. La sigla agrupa en inglés a los carbohidratos fermentables: oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles. Son azúcares que el intestino delgado absorbe mal o no absorbe, y que arrastran agua o terminan fermentados por bacterias, produciendo gas.
La dieta baja en FODMAP se utiliza para aliviar síntomas como la distensión, los gases y el dolor abdominal, especialmente en personas con síndrome de intestino irritable. Aunque también se indica en muchos pacientes con SIBO, no está demostrado que por sí sola elimine el sobrecrecimiento bacteriano.
La estrategia consiste en restringir temporalmente ciertos carbohidratos fermentables y reintroducirlos después de manera gradual, con guía profesional. La dieta restrictiva debería ser breve y bien guiada: los FODMAP también alimentan a bacterias consideradas beneficiosas, y quedarse en la restricción puede empobrecer la microbiota y la alimentación.
Lo que se sabe a ciencia cierta sobre el SIBO
La distensión abdominal, los gases, el dolor y los cambios en el ritmo intestinal son los síntomas que describen las guías. En personas con factores de riesgo (cirugía abdominal previa, trastornos de la motilidad, enfermedades como la esclerodermia), la diarrea sin otra explicación podría ser la señal más confiable. En esos casos, el SIBO puede ser una causa real y tratable de malabsorción.
También importa en cuadros donde ya hay otra enfermedad de base. Una revisión de 2020 plantea que sus síntomas pueden confundirse con una recaída de enfermedad inflamatoria intestinal, o explicar por qué un celíaco sigue con molestias a pesar de la dieta sin gluten.
En cambio, el cansancio, la "niebla mental", la ansiedad y el dolor crónico aparecen mencionados como síntomas extradigestivos en varias revisiones, pero como asociaciones. Probar que el SIBO los provoque es otra cosa, y la misma AGA deja en claro que el rol del sobrecrecimiento, incluso en cuadros funcionales como el intestino irritable, sigue en controversia.
Cuándo alcanza con ordenar hábitos
Para la hinchazón cotidiana y los gases, sin otras señales de alarma, antes de salir a buscar un test conviene revisar lo básico: cómo es la dieta de rutina, cada cuánto se come y a qué velocidad, cuánta fibra incluye; si hay exceso de azúcar, edulcorante, ultraprocesados, y otros factores de la vida diaria como el nivel de estrés y la calidad del sueño.
Justifican una consulta médica: la pérdida de peso sin explicación, diarrea persistente o con materia fecal grasosa, anemia o déficits de vitaminas, sangre en la materia fecal, dolor que despierta de noche, o antecedentes como cirugía abdominal previa o enfermedades que alteran la motilidad intestinal.
El SIBO es solo una de las posibilidades, pero la visita a un médico se impone.