Los inversores ya iniciaron la "cuenta regresiva" para una España que no logra salir de su laberinto
El pulso de los inversores sobre la situación española es elocuente. Ni el rescate de 100.000 millones que se le otorgó a la banca ni el resultado favorable de las elecciones griegas, ayudaron a disipar las dudas sobre la situación actual de una economía que se muestra tambaleante.
Es por ello que, en estos días, España se convirtió en la principal preocupación de los mercados financieros del mundo.
La cuestión no es menor, ya que se trata de la cuarta economía del Viejo Continente, y encarna a la perfección el lema 'too big to fail' (demasiado grande para fallar), que se empezó a acuñar a raíz del colapso del sistema financiero en 2008 y que puso de manifiesto que las turbulencias vividas hasta la fecha, en lo que a deuda soberana se refiere, esto es, Grecia, Irlanda y Portugal, han sido un juego de niños.
La situación es tan preocupante que desde el propio Gabinete se contraponen las posiciones. Por un lado, el ministro de Economía, Luis de Guindos, insiste una y otra vez en la solvencia de su país y defiende que el tiempo lo demostrará. Pero su par de Hacienda, Cristóbal Montoro exige la entrada del Banco Central Europeo (BCE).
Desde la vereda de enfrente, es decir de parte de los analistas, se asegura que el mercado no cederá hasta que el gobierno lleve a cabo las medidas que le exige la Unión Europea. Pero, en el fondo, ya consideran como casi inevitable la intervención de la economía ibérica.
No es casual entonces, que lo que sucede actualmente en ese país se haya convertido en el principal tema del G-20, pese a que el país no es miembro del Grupo.
El origen de los problemas
La comunidad financiera internacional coincide en que los principales problemas están en sus bancos y bonos. Pese a la ayuda recibida para rescatar a su sector bancario, hundido bajo la carga de préstamos hipotecarios de dudosa calidad, todavía no se sabe con certeza cuánto dinero será necesario aportar para que salga a flote.
El país parece estar atascado en un círculo vicioso en el que la deteriorada economía pesa sobre los bancos, cuyos problemas arrastran al gobierno, que reacciona recortando el gasto, lo que a su vez vuelve a perjudicar a la economía.
Pero no solo las grandes entidades financieras e inversores internacionales buscan salir del atolladero, cortando créditos o vendiendo títulos públicos.
Un dato publicado por el Banco Central español indicó que los depósitos vienen en pronunciada caída, una clara evidencia que las dudas y el pesimismo también está presente en los ahorristas pequeños y medianos.
Además, el porcentaje de préstamos morosos, que fue subiendo desde el inicio de la crisis, saltó a 8,7% en abril, frente al 8,3% de marzo, por lo que se convirtió en el más alto en 18 años.
El punto límite
En su última emisión de letras, el gobierno debió pagar un 70% más de interés para volver a endeudarse. Un vocero de la Unión Europea reconoció que "esta presión de los mercados no es soportable a largo plazo".
El Tesoro español colocó 3.040 millones de euros y se vio obligado a pagar un interés por encima del 5% para cerrar con éxito la emisión.
La prima de riesgo de España se mantiene en máxima tensión. El pasado lunes tocó los 590 puntos básicos, con la rentabilidad del bono en el 7,1 por ciento.
Para tener una idea de la gravedad del problema, dicha tasa es prácticamente igual que en el caso irlandés. Hay que recordar que ese país fue rescatado en noviembre del año pasado.
En ese momento, su prima de riesgo se encontraba en los 512 puntos básicos. Es decir, por debajo de donde se encuentra ahora la española.
A buen entendedor, pocas palabras. Ya no abundan los analistas e inversores que niegan la posibilidad de que España se vea obligada a recibir un rescate financiero.
Dicho de otra manera, con el rendimiento de los bonos por las nubes, parece que el país se está quedando sin alternativas.
Es por ello que su Gobierno volvió a hacer un llamado que pareció llegar a oídos sordos, al pedirle al Banco Central Europeo que intervenga.
"El BCE debe responder con toda firmeza, con toda fiabilidad a esas presiones de mercados que todavía intentan obstaculizar el desarrollo del proyecto común del euro", dijo el ministro de Hacienda.
"Persisten las dudas sobre el presente, futuro y sobre la capacidad de crecimiento de España", agregó el funcionario.
Desde ING consideran que el punto límite a partir del cual ingresará en un camino sin retorno es aquel en el que el rendimiento de los bonos a 10 años supere el 7,5 por ciento.
Ante esta situación, los analistas no descartan que España se vea obligada a pedir un segundo rescate, esta vez para el país entero.
En tal sentido, afirmaron que si se llega a ese nivel "podemos esperar una intervención del BCE con su programa de compra de deuda soberana".
Asimismo, prevén "un programa de ayuda de tres años para el país, de alrededor de 250.000 millones, que se sumarán a los 100.000 millones ya comprometidos para el sistema bancario".
Pero como si las dificultades no fueran pocas, calculan que un rescate total será demasiado grande para el fondo de rescate temporal que administra la zona euro, que cuenta con una capacidad real de préstamo de 251.000 millones. Ante esta situación, sería necesario activar el fondo de rescate permanente.
Pero los expertos de ING no son los únicos que piensan que España va a tener que pedir ayuda internacional para sanear su sistema financiero.
Desde el departamento de Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Amadeu Altafaj, reconoció que el rendimiento de los bonos de la deuda del país ibérico es "prohibitivo" para cualquier país. Cabe recordar que se encuentran por encima del 7% y ya se califican como "basura".
"Si bien creo que no sería necesario un rescate para España, es evidente que esta presión de los mercados no es soportable a largo plazo", admitió Altafaj.
En igual sentido, Willem Buiter, economista jefe de Citigroup dejó muy claro que la suba de los intereses, con los costos que acarrea para su deuda, solo significan una cosa: el Gobierno tendrá que pedir ayuda a la Unión Europea para que los ayude a financiarse.
Buiter también insistió en que "el BCE podría presionar a los bancos para que compre deuda, un comportamiento que calificó de muy sucio".
Además, opina que si este andamiaje no da resultado, la entidad financiera podría volver a utilizar la compra de bonos de soberanos en el mercado secundario, algo que no hace desde hace ya casi tres meses.
El economista afirmó, además, que espera que "haya un programa que lo financie parcialmente", ya que considera que los actuales mecanismos de ayuda europeos no son suficientes y que tampoco dispondrán de dólares suficientes.