La crisis petrolera podría desatar inversiones en el maíz argentino
Después del boom de la soja, ¿llega el turno del maíz? Los elevados precios de la soja de los últimos años generaron un enorme flujo de inversiones para ampliar su capacidad de producción y le quitaron atractivo a otros cultivos tradicionales de la Argentina, a tal punto que hoy se habla de una "república sojera". Pero la revancha del maíz podría llegar de la mano del petróleo caro, ya que el crudo a u$s70 vuelve muy rentable el desarrollo y producción de biocombustibles como el etanol, elaborado a partir de este cultivo.
"Se puede plantear un boom de producción de maíz pensado para el mercado externo de etanol. Si se podría captar parte de este mercado externo enorme, la producción de maíz argentino se tendría que ir a las nubes. Sea exportando el grano o produciendo el etanol en el país", explica Martín Fraguío, director ejecutivo de Maizar (asociación que nuclea a los productores de maíz). En el Congreso está pendiente de aprobación un proyecto de ley que establece el régimen promocional para la investigación y desarrollo de biocombustibles en la Argentina. La iniciativa del senador Luis Falcó (UCR-Río Negro) ya tiene media sanción del Senado, pero todavía está trabado en la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, porque aún no hay acuerdo con el Ministerio de Economía respecto de los beneficios fiscales que se otorgarán.
Las fuentes del sector consultadas sostienen que la aprobación de la ley sería una bisagra para la producción de combustibles en la Argentina, y en el caso específico del etanol, impulsaría grandes inversiones en la producción de maíz y de plantas elaboradoras del biocombustible. Para el senador Falcó, "lo que este proyecto está preconizando es que haya una investigación y desarrollo, que se genere una nueva industria y un cultivo alternativo para darle valor agregado al vegetal y al aceite vegetal, para uso interno y para exportación". Por su parte, Fraguío considera que "a partir del momento en que se apruebe el proyecto, se anunciarían varias inversiones. El panorama podría cambiar radicalmente. Hay grupos de productores y empresas importantes que están analizando el negocio en la Argentina. Pero nadie va a invertir mientras no salga la ley que permita la amortización acelerada de las inversiones".
Inversiones
Todavía no se sabe bien hasta dónde podría crecer la producción de maíz y si parte de las inversiones se dirigirían para producir etanol aquí en lugar de exportar el commodity. Pero vale la pena tener en cuenta que en los EEUU la producción de etanol se duplicó en los últimos cuatro años y que un 11% del maíz cosechado ya se destina a fabricar el biocombustible. "En los EEUU hay 200.000 puestos de trabajo, con 80 plantas de etanol. Así que lo que nosotros suponemos es que se va a generar una nueva industria, con un programa y seguridad legal, y que va a haber un gran aumento de la producción de aceites para producir etanol", aclara. Otro aspecto interesante del mercado estadounidense es su baja concentración: el 45% de la producción de etanol es elaborado por asociaciones de productores, mientras que la mitad de las plantas donde se produce el combustible pertenece a cooperativas. Construir en los EEUU una planta que produzca 100.000 toneladas por año cuesta alrededor de u$s50 M.
"Si uno ve el costo del litro de etanol en los EEUU, donde el precio del maíz es mucho más alto que en la Argentina, hoy el litro está en 25 centavos de dólar. Y eso es muy competitivo frente al precio de la nafta, tanto en el mercado estadounidense, que es de los más baratos del mundo, como acá y en cualquier otro lado, por lo que el etanol de maíz sería hoy un buen negocio acá, en los EEUU, en Europa o donde sea", afirma Fraguío.
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Brasil
De hecho, el gobierno brasileño así lo entendió a partir de 1975, cuando lanzó el "Programa Proalcohol", de producción de etanol a partir de la caña de azúcar. Por medio de políticas activas y subsidios a los productores, la producción creció hasta convertir a Brasil en el primer productor mundial de etanol y un fuerte candidato a convertirse en la Arabia Saudita de los biocombustibles una vez que las reservas de crudo empiecen a agotarse. Si bien se puede producir etanol tanto a partir del maíz como de la caña de azúcar, la superficie cultivada de maíz en la Argentina y su competitividad internacional permiten suponer que en cuanto se apruebe la Ley de Biocombustibles, las inversiones se destinarán en gran medida para incrementar la producción de la oleaginosa. "Si se aprueba la ley, va a llevar años recuperar la ventaja que Brasil nos sacó en 30 años", dice Falcó, y agrega: "Mientras no haya decisiones políticas y estratégicas, la Argentina va a quedar en el lugar donde está".
Biodiésel, biogás, etanol y GNC
La ley que está pendiente de aprobación en Diputados abarca la producción de tres tipos de biocombustibles: biogás, biodiésel y etanol, que se producen a partir de los aceites vegetales. "El problema que tiene el biodiésel es que el precio del aceite es muy alto. Es decir que el aceite, que es su materia prima básica, tiene un valor de mercado alto. Entonces, todavía los números de tomar el aceite de soja y hacer biodiésel no son atractivos", argumenta Martín Fraguío. El especialista considera que el etanol, en cambio, es muy rentable. "El maíz transformado en etanol es económicamente viable", agrega Fraguío. "El problema de las naftas en la Argentina es que el mercado viene cayendo desde hace mucho tiempo y está siendo reemplazado por el GNC. Entonces, para los que están en el negocio de la nafta, el etanol no es atractivo. Porque tienen un competidor que es el GNC". De todas formas, vale la pena tener en cuenta que, al igual que el petróleo, el gas natural comprimido también es energía no renovable.
La futura Arabia Saudita
"La Arabia Saudí de los biocombustibles" es un calificativo que bien puede convertirse en realidad en Brasil para la segunda mitad del siglo XXI. Porque desde que el país puso en marcha su programa de impulso a la industria del etanol, su participación en las exportaciones mundiales le permitió alcanzar el primer lugar, con 50% del total producido en todo el mundo. El desarrollo que alcanzó Brasil no se limita a la producción de caña de azúcar y del combustible. Por ejemplo, Embraer es líder en la fabricación de aviones impulsados por etanol. La compañía ofrece en el mercado el Ipanema, un modelo de monomotor empleado para el agro o para taxis aéreos. Su éxito es tan grande que la lista de espera es de dos años.
Hoy, hay en el país unas 320 plantas que producen el biocombustible, y 50 proyectadas para los próximos cinco años, que implican inversiones por u$s6.000 millones. De a poco va creciendo el parque automotor con motores exclusivamente a etanol (hoy se "corta" la nafta con 25% de etanol), y las exportaciones del biocombustible aportan cada vez más a la balanza comercial brasileña, con Corea del Sur y Japón como sus principales clientes, y con China estudiando su importación. Japón firmó en mayo un acuerdo con Brasil por u$s1.700 M para abastecer 3% de su consumo energético anual. El gran mérito de Brasil es haber visto antes que todos el fabuloso potencial de los biocombustibles, y de convertirlo en una política nacional estratégica. Cuando se lanzó en 1975 el Programa Proalcohol, el interés del Gobierno era reducir la dependencia de las importaciones de crudo, que en ese momento eran un tema muy conflictivo por el primer shock petrolero que se había vivido en 1973. Hoy, con el barril de crudo cerca de los u$s70, el plan está dando sus frutos.
Ya no sólo se plantean criterios medioambientales para impulsar los biocombustibles (reducen las emisiones de dióxido de carbono) ni tampoco el horizonte de extinción de las reservas de combustibles fósiles no renovables. Con un precio de venta de u$s25 el barril de etanol –menos de la mitad del de petróleo– Brasil se vuelve un competidor muy serio a mediano y largo plazo en el mercado energético mundial. Nuestro país también se había embarcado en los ’80 en un programa de desarrollo similar al de Brasil, conocido como Plan Alconafta, dentro del cual se produjo combustible sobre la base de la caña de azúcar. Pero luego no pudo competir contra el GNC y quedó desactivado. "Se tendría que haber tomado la decisión estratégica de producir biocombustibles porque son una alternativa a los problemas de energía", indica el senador Luis Falcó.
EEUU: el corte llega a 30% de las naftas
Casi un tercio de los combustibles que se venden en los Estados Unidos son "cortados" con etanol. Y la producción se duplicó en los últimos cuatro años (ver infografía). La aceleración en el ritmo de producción de etanol fue tal que la industria tardó una década en alcanzar los primeros 1.000 M de galones (3.780 M de litros), dos décadas para duplicar esta cifra, y sólo dos años para triplicarla. El gran cambio se generó a partir de la sanción de la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act), que impulsó la producción de biocombustibles hasta alcanzar los 13.000 M de litros (31% de la producción mundial).
Subas
En la carrera por los biocombustibles, los Estados Unidos corren detrás de Brasil, pero el impulso que se le está dando al desarrollo del sector da la pauta de que su crecimiento va a ser muy significativo en los próximos quince años. "Lo que es interesante es que ésta es la primera vez en el mundo que el petróleo sube, no por una alianza de la OPEP o por una guerra, sino por la demanda. Es un cambio estructural", explica Martín Fraguío, de Maizar. De hecho, en marzo de este año se lanzó el primer contrato de futuros de etanol en el Mercado de Chicago, lo que da la pauta de que los inversores norteamericanos también quieren sacarle provecho al mercado. Incluso sería muy fácil adaptar los autos actuales para que puedan funcionar con naftas con cortes de hasta 85% de etanol.
Para el gobierno de los Estados Unidos, aparte de reducir el costo de las importaciones petroleras, minimizar la dependencia en el abastecimiento del crudo es crucial, teniendo en cuenta que la mayor parte proviene de Oriente Medio, una región por demás inestable. Sin embargo, el éxito de los biocombustibles también lleva implícito un gran interrogante para el futuro: ¿alcanzará la superficie cultivada para abastecer de combustibles a todo el mundo, sin afectar la provisión de alimentos?
Martín Burbridge
mburbridge@infobae.com
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