Qué efecto tendrá sobre los bonos la "lluvia" de dólares del blanqueo: el escenario que prevé la City
A partir de este 1° de enero, más de u$s20.000 millones alojados en Cuentas Especiales de Regularización de Activos (CERA) quedaron plenamente liberados. El dato, conocido desde el diseño mismo del blanqueo, volvió a ganar centralidad en la City en el cierre del 2025 y abrió un debate que atraviesa mesas de dinero, sociedades de bolsa e inversores y es, qué efecto real puede tener ese flujo potencial sobre los precios de los bonos, el mercado financiero en general y la economía real.
No se trata de dólares nuevos ni de un ingreso fresco de capitales del exterior, son fondos ya declarados, que permanecieron inmovilizados por exigencia normativa y que, desde enero, pasan a tener libre disponibilidad.
El interrogante no es cuánta plata hay, sino qué harán sus dueños. Las estimaciones privadas ubican el monto entre u$s20.000 y u$s23.000 millones, concentrados mayormente en personas físicas, con un perfil de ahorro conservador y una baja sofisticación financiera previa. Esa composición explica por qué el debate no gira en torno a un shock abrupto, sino a movimientos graduales y arbitrados, donde el contexto macro será determinante.
El escenario optimista: sostén de precios y búsqueda de rendimiento
La lectura positiva sostiene que la liberación puede convertirse en un factor de sostén para los bonos, más que en una amenaza. El argumento central es que no abundan alternativas de inversión que rindan más, incluso después de la fuerte compresión de TIR que mostraron los soberanos argentinos en los últimos meses.
Desde esta mirada, una porción relevante de esos dólares podría quedar dentro del propio mercado financiero, reforzando la demanda en determinados tramos de la curva. No se trata de un rally explosivo, sino de una dinámica de sostén, donde los bonos encuentran un piso porque el dinero de los grandes jugadores busca rendimiento y no tiene demasiadas opciones superadoras en términos de riesgo-retorno.
En la City subrayan que, aun con rendimientos más bajos, los soberanos siguen ofreciendo un atractivo relativo frente a otras alternativas locales e incluso frente a instrumentos comparables de la región. En ese marco, la liberación no sería un disparador alcista, pero sí un ancla que limita correcciones profundas, siempre y cuando el clima macro se mantenga estable.
La mirada negativa: una noticia más riesgosa que favorable
El enfoque más crítico pone el acento en otro aspecto. Hoy, esos u$s20.000 millones se encuentran prácticamente 100% dentro del sistema financiero, ya sea invertidos o estacionados en instrumentos transitorios. A partir del 1° de enero, ese carácter cautivo desaparece.
Desde esta visión, la liberación introduce un riesgo asimétrico. La noticia no suma nueva demanda, pero sí habilita una potencial reducción. Parte de esos fondos podría salir del mercado financiero y dirigirse a inversiones inmobiliarias, compra de campos, consumo durable o incluso a activos fuera del mercado financiero.
En comunicación con este medio, Diego Fraga remarcó que el destino final dependerá de cada contribuyente. "Algunos lo usarán para comprar departamentos, otros campos, otros vehículos. Lo que no veo es que lo vuelvan a poner debajo del colchón, porque no es lo más recomendable: con la inflación en los Estados Unidos, el dólar pierde valor todo el tiempo", detalló.
El impacto, aclaran, no sería inmediato ni masivo, pero sí suficiente para generar presión sobre los precios de los bonos, especialmente si aparece algún factor de ruido, ya sea cambiario, político o fiscal. En ese escenario, la liberación sería más negativa que positiva, porque el mercado ya descuenta el mejor de los mundos y cualquier desvío puede traducirse en ventas.
La visión neutra: arbitraje, escasez de opciones y un evento descontado
Entre ambos extremos se consolida una lectura intermedia, que gana peso en las mesas de operaciones. Es la visión que interpreta la liberación como un evento en gran parte descontado.
Para el asesor financiero, Rocco Abalsamo, el foco no está en una ola vendedora, sino en cómo reaccionan los precios cuando las TIRes de los bonos alcanzan ciertos niveles. "hay mesas de operaciones que, a determinada TIR, pagan lo que sea en cantidad de valores nominales", explica.
Desde su mirada, no hay razones para esperar un flujo vendedor significativo, principalmente por la escasez de alternativas de inversión. "Yo no creo que haya tanto flujo vendedor, sobre todo porque no hay muchas opciones que rindan más. Si uno mira bonos soberanos de otros países, la diferencia no es tan clara", señala.
Abalsamo describe una dinámica de ida y vuelta entre activos. Si algunos inversores deciden reducir riesgo y migran hacia obligaciones negociables -ONs-, lo más probable es que, cuando esas ON compriman demasiado su rendimiento, aparezca la contraparte que venda. "Cuando la TIR es muy baja, esos inversores van a buscar mayor riesgo en base a mayor retorno y vuelven a los soberanos, que se tornan más atractivos", resume.
El resultado, según su análisis, es un mercado que se autoarbitra, sin desarmes abruptos. "Yo lo siento más como que todo se va a ir acomodando y que esto, en cierto punto, ya está bastante descontado", concluye.
A dónde podrían ir los dólares liberados
Desde una mirada impositiva, Sebastián Domínguez, CEO de SDC Asesores Tributarios, coincide en que lo más probable es que los fondos no salgan del circuito inversor, sino que roten entre distintos destinos habilitados. La clave, plantea, no es la fuga del sistema, sino la reasignación del ahorro.
En el mercado inmobiliario, Domínguez advierte que el interés podría crecer si prospera una reforma tributaria que exima del impuesto cedular a la venta con ganancia y a los alquileres destinados a vivienda. Bajo ese esquema, parte de los fondos podría volcarse a inmuebles en busca de renta y resguardo de valor, aunque sin un impacto inmediato en precios.
También aparece el mercado de campos como alternativa, especialmente para quienes apuestan a una revalorización de la tierra ante una eventual baja de retenciones. A eso se suma la posibilidad de canalizar dólares hacia inversiones en empresas, a través del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI).
En la misma línea, César Litvin, CEO de Lisicki, Litvin & Abelovich, sostiene que una reforma impositiva que exonere Ganancias sobre rentas financieras e inmobiliarias de fuente argentina podría amortiguar cualquier impacto negativo sobre los bonos, al mantener los fondos dentro del sistema.
Incluso entre inversores, el timing es leído como favorable. Un operador que pidió reserva de identidad subraya que la liberación llega en un momento de alta confianza en el plan económico, baja compra de dólares y con el levantamiento del cepo remanente para empresas también en el horizonte. "Si el escenario fuera caótico, todos retirarían los dólares de inmediato. Pero con el nivel de confianza actual, es posible que ni siquiera se muevan demasiado", afirma.
Un test clave para 2026
Con más de u$s20.000 millones que recuperan plena disponibilidad, el inicio de 2026 aparece como un período clave para observar cómo se comporta el ahorro ahora formalizado. El mercado mirará con lupa los flujos hacia bonos, el comportamiento del dólar financiero y las señales del sector inmobiliario.
La liberación de las cuentas CERA no es una bomba ni nada sorpresivo, puede transformarse en un viento a favor si la estabilidad se sostiene, en una fuente de presión si el contexto se deteriora o, como plantea Abalsamo, en un evento mayormente neutral, absorbido por un mercado que arbitra ante la falta de alternativas.
De esta forma, la liberación pone a prueba algo más profundo como lo es si la confianza alcanzada es suficiente para que esos dólares sigan jugando dentro del sistema. Ese será el verdadero impacto sobre los bonos y sobre la macro en el arranque de 2026.