Los dos riesgos que afectan a Milei, según la consultora preferida de los banqueros
Los mercados dieron en las últimas semanas una señal de alerta que en el Gobierno miran con atención. Los bonos argentinos acumularon dos semanas de debilidad relativa, con un rendimiento por debajo del resto de los países emergentes, y eso volvió a empujar al riesgo país hacia la zona de los 600 puntos básicos.
Aunque hubo un rebote en las últimas horas, en Wall Street empezó a instalarse una pregunta incómoda: ¿qué cambió?
Un informe de la consultora 1816 —una de las más escuchadas por bancos e inversores— plantea dos hipótesis que estarían afectando en simultáneo, a la hora de hablar del "riesgo país".
La estrategia de financiamiento que genera dudas en Wall Street
La primera tiene que ver con la estrategia financiera del Gobierno. Según el análisis, la debilidad de los bonos comenzó tras el anuncio de garantías del Banco Mundial y el BID sobre la deuda argentina.
Lejos de ser leído como una señal de fortaleza, parte del mercado interpretó que la Argentina vuelve a apoyarse en financiamiento "senior", en lugar de avanzar hacia emisiones tradicionales como las de otros países con acceso pleno al mercado.
Eso significa que, en los hechos reales, esa deuda garantizada tendría prioridad de cobro ante un evento de estrés financiero. Algo que los inversores internacionales no están dispuestos a avalar.
Detrás de esa lectura hay un dato que no pasa desapercibido: en la era Milei siguió creciendo el peso de la deuda con organismos internacionales, mientras que la deuda "junior" —la que surge de bonos como Globales o Bonares— se mantuvo relativamente estable.
En números, el salto es significativo: desde 2018, la deuda con organismos pasó de unos u$s30.000 M a la zona de los u$s100.000 M, sin contar nuevas emisiones garantizadas que podrían sumarse en las próximas semanas.
Para los inversores, el punto es sensible. El aumento del financiamiento senior implica, en los hechos, una mayor subordinación para los tenedores de bonos, que ven cómo su lugar en la estructura de pagos pierde prioridad relativa.
Esa percepción alcanza para explicar, al menos en parte, la reciente underperformance de la deuda argentina.
El factor político que suma presión sobre los activos
Pero hay un segundo factor que empieza a ganar peso: la política. Siempre según 1816, la caída en la imagen del presidente Milei está impactando en los precios de los activos bursátiles.
Las últimas encuestas aportan señales en esa dirección:
- El índice de confianza en el Gobierno que mide la Universidad Di Tella retrocedió en abril hasta niveles cercanos a los mínimos de la actual gestión
- La aprobación presidencial relevada por AtlasIntel para Bloomberg marcó un nuevo piso, con una caída sostenida en lo que va de 2026
- Dirigentes opositores como Axel Kicillof y Cristina Kirchner mostraron mejoras en su imagen, llegando incluso a ubicarse por encima del Presidente en algunos indicadores
Para el mercado, ese cambio en el humor social introduce un ruido adicional en un momento clave del programa económico.
El dato llamativo es que este deterioro en las expectativas financieras convive con una visión relativamente constructiva sobre la macro de corto plazo. El consenso de economistas espera que la inflación continúe desacelerándose —con abril en torno al 2,5% frente al 3,4% de marzo— y que la actividad muestre una recuperación en los próximos meses, tras un arranque de año débil.
Sin embargo, ahí aparece el verdadero riesgo que subraya el informe: el descalce de tiempos. Mientras los indicadores prometen mejoras hacia adelante, los datos actuales todavía no reflejan una recuperación clara en los ingresos de los hogares. Y en ese intervalo, advierten, el mercado puede perder la paciencia.
En otras palabras, el peligro no es tanto el rumbo del programa, sino la velocidad. Si los inversores perciben que la mejora en la economía real tarda más de lo esperado, la volatilidad financiera podría adelantarse y tensionar nuevamente a los activos argentinos.
Así, entre dudas sobre la estrategia de financiamiento y señales de desgaste político, el informe de 1816 pone el foco en dos riesgos que empiezan a pesar sobre la narrativa oficial. Y que, en un contexto de alta sensibilidad, el mercado ya empezó a "pricear".