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El Gobierno está comprando tiempo con dólares, pero eso todavía no alcanza para reactivar el consumo. Luis Caputo ya empezó a juntar divisas para afrontar el vencimiento de deuda de julio y el Banco Central acumula compras por más de u$s8.700 millones en lo que va del año, empujado por la cosecha, Vaca Muerta y el ingreso de fondos financieros. Esa es hoy la base de la calma cambiaria.
Caputo arma caja para la deuda y el BCRA acelera compras
La señal oficial apunta a despejar una duda clave del mercado: que el próximo pago en dólares se hará sin sobresaltos. Según los registros contables, el Tesoro compró u$s1.683 millones y elevó sus depósitos en moneda extranjera en el BCRA a u$s2.411 millones, algo más de la mitad de los cerca de u$s4.400 millones que vencen el 9 de julio.
Ese movimiento se apoya en un flujo de divisas que, por ahora, sigue siendo sólido. El Central lleva u$s8.702 millones comprados en 2026 y solo en mayo sumó u$s1.551 millones. En el mercado creen que esa dinámica podría extenderse al menos hasta mitad de año, con el agro entrando más fuerte, exportaciones energéticas sostenidas y expectativas de más oferta futura por proyectos ligados al RIGI.
El FMI pone un límite al optimismo con la inflación
La apuesta oficial es clara: llegar al segundo semestre sin sacudones en el frente cambiario. Pero el propio FMI le puso un freno a ese optimismo. En los documentos de la segunda revisión del acuerdo, el organismo sostuvo que bajar la inflación argentina a un dígito podría demorar entre tres y cuatro años adicionales.
El mensaje de fondo es que la estabilización puede seguir avanzando, pero no se transforma rápido en alivio cotidiano. El Fondo, además, volvió a recomendar un esquema con mayor flexibilidad cambiaria y advirtió sobre el riesgo de una apreciación excesiva del peso si el ingreso de dólares de energía y minería termina dañando la competitividad de otros sectores.
Pardo achica su red y expone el freno del consumo
Esa distancia entre la mejora financiera y la vida diaria ya se ve en una señal muy concreta. Pardo, una de las cadenas fuertes de electrodomésticos del interior, redujo su red de un pico de 74 sucursales a 62 puntos de venta activos y siguió cerrando locales en distintas provincias. La empresa atribuye el ajuste a la caída de ventas, el alza de costos operativos y las dificultades del contexto económico.
Lo más llamativo es que el freno no aparece en un rubro encarecido frente al resto. Los electrodomésticos mostraron una baja promedio de 6,6% mientras la inflación general superó el 30%. El problema, entonces, ya no pasa solo por el precio: pasa por el ingreso disponible. Aunque los productos sean relativamente más baratos, muchas familias igual postergan la compra.
En síntesis, el Gobierno puede mostrar más dólares y más calma financiera. Pero el consumo sigue frenado y el alivio todavía no llega al bolsillo.